Extractos - Ken Wilber

Introducción al despertar
(Primera parte)
Por Ken WilberEl despertar es una referencia básica para quienes aspiran a tener una experiencia profunda, amplia y absoluta de la totalidad (en breve veremos qué entendemos, en este sentido, por absoluta), probablemente la experiencia que más impacto ha tenido en la historia de la humanidad. Mientras la gente normal y corriente se ha conformado con «vivir una vida de tranquila desesperación», dolor y sufrimiento, el despertar ha sido la alternativa de cualquiera que anhelase, tanto en Oriente como en Occidente, una vida más auténtica, viva, plena y «despierta», una vida que estuviese conectada con el Fundamento del Ser y tuviese, en consecuencia, un significado «absoluto» o «último» (y debo destacar en que en modo alguno estoy refiriéndome aquí a un mito, sino a una experiencia directa e inmediata a la que todo el mundo puede acceder).
Hace miles de años que el ser humano conoce la experiencia del despertar (la totalidad no-dual), cuyas formas más tempranas probablemente se remonten a los antiguos chamanes de hace veinte mil años, auténticos pioneros de los viajes espirituales al supramundo y al inframundo. Y, en la medida en que la humanidad evolucionaba, también iba perfeccionándose su comprensión y, en consecuencia, la sutileza y profundidad de su espiritualidad.
Como lo que voy a decir sobre las distintas experiencias espirituales (o, por utilizar la vieja terminología, las «experiencias religiosas» o las experiencias de una totalidad o de una plenitud extraordinaria) puede parecerte absurdo, disparatado o hasta una locura, voy a pedirte que interrumpas provisionalmente cualquier reacción de rechazo que, al respecto, puedas experimentar. La humanidad ha descubierto formas muy sofisticadas de corroborar la validez de las experiencias del despertar. Estas experiencias «espirituales pero no religiosas» pueden sentar las bases de un tipo de ciencia interior que no basa sus afirmaciones en dogmas, sino en la evidencia y la experiencia directa y no te pide que creas en cosas que no hayas experimentado. Recuerda esto cuando más adelante te presente prácticas que posibilitan el acceso a este tipo de experiencias y no creas nada que no hayas experimentado personalmente.
Digamos, a modo de introducción al tema del despertar, que, a lo largo de los siglos ―y hasta de los milenios―, los diferentes sistemas espirituales de todo el mundo fueron abriéndose a experiencias espirituales cada vez más amplias, más profundas y más elevadas. La historia de la humanidad refleja el descubrimiento progresivo de estados espirituales de conciencia cada vez más elevados e inclusivos a los que cualquiera puede acceder, siempre y cuando satisfaga el requisito de llevar a cabo los ejercicios y experimentos científicos internos para ello necesarios.
Hablando en términos generales, el camino del despertar tiene un solo gran objetivo. Todo comienza en el estado promedio de conciencia en que se encuentra el ser humano, un estado estrecho, limitado, fragmentado y marcado por el sufrimiento, la ansiedad y el tormento y caracterizado, según se dice, por la «contracción en uno mismo», la «sensación de identidad separada», el «yo ilusorio», el «yo caído», el «yo soñador» o, simplemente, el «ego» (términos, todos ellos, como puedes ver, muy poco atractivos). El objetivo del despertar consiste en emplear la meditación, la contemplación o el yoga para ir expandiendo la conciencia desde ese estado limitado y contraído a lo largo de una secuencia de estados cada vez más libres, abiertos e inclusivos hasta llegar a una auténtica Totalidad, una No-dualidad pura, una Conciencia de Unidad última con todo el universo o una Conciencia Kósmica (1). Y no estoy hablando aquí de una creencia religiosa, de un dogma teológico o de algo en lo que debas creer, sino de un dato, de una evidencia a la que puede acceder de manera directa e inmediata todo aquel que haya llevado a cabo el experimento de contemplación o meditación interior. (Y, como la meditación no es un sistema de creencias mítico, sino una práctica de conciencia directa, la tomaré como ejemplo de algo que es «espiritual pero no religioso», es decir, de algo que no tiene tanto que ver con la explicación ―a la que, dicho sea de paso, la mayoría de los sistemas de meditación no consideran parte de la solución, sino parte del problema― como con la experiencia).
Los grandes sistemas de meditación o de contemplación nos han legado mapas muy detallados de las dimensiones espirituales superiores y prácticas muy concretas para que cualquier buscador interesado pueda visitar esos territorios y experimentarlos directamente. Este proceso de crecimiento, desarrollo y realización espiritual ―habitualmente conocido como iluminación o despertar― nos revela una Totalidad de la que hablan casi todos los grandes sistemas de meditación, contemplación, yoga u oración contemplativa de las grandes tradiciones de sabiduría.
Es innecesario decir que no estamos hablando aquí de divinidades míticas como la de un anciano que, sentado en su trono celestial, vigila nuestros pensamientos y nuestras acciones. En modo alguno estamos hablando de cuentos mágicos o míticos, de creencias religiosas ni de milagros, nada de eso. Tampoco estamos hablando de explicaciones, sino de un estado de conciencia, es decir, de una experiencia directa e inmediata que nos permite sentirnos profundamente unidos con el universo, unidos con todo, unidos con lo finito y lo infinito, con lo manifestado y con lo no manifestado. Esta es la experiencia directa conocida con nombres muy distintos como «Despertar», «Conciencia de Unidad Última», «Conciencia No-dual», «Unidad divina» o «Un Solo Sabor» (algo a lo que el zen llama «satori», un término que quizás hayas oído y emplearé bastante a menudo). Y, por más extraño que esto pueda parecer al occidental medio, la mayoría de los cuales ni siquiera habrán oído hablar de este tipo de cosas, debo decir que las pruebas de la existencia de este tipo de experiencia (que más adelante veremos con cierto detenimiento) son abrumadoras y prácticamente incuestionables. Este es, dicho sea de paso, el único territorio cuya evidencia es indiscutible y en el que puedes asentar tus creencias espirituales... o de cualquier otro tipo.
El camino del despertar es la única disciplina importante en toda la historia de la humanidad que afirma estar tratando con la Verdad última. Hay muchas verdades relativas y los caminos de la liberación (es decir, las tradiciones de sabiduría que se han ocupado directa y explícitamente del despertar) no negaban ninguna de las verdades que luego fueron descubiertas por la ciencia (en los campos de la física, la química, la biología y la astronomía). Pero sus creyentes siempre afirmaron que todas esas cosas eran verdades relativas que se mueven en los ámbitos del espacio y el tiempo y cambian y evolucionan según el momento y el lugar. El despertar, por su parte, no tiene que ver con la verdad relativa, sino con la Verdad Última, una verdad que no se refiere a un ser o a un grupo de seres concreto, sino al Ser mismo (con mayúscula); al Fundamento de Todo Ser; sin espacio (y, por tanto, infinito) y atemporal (y, en consecuencia, eterno); un Fundamento sin fundamento que, si bien subyace a toda verdad relativa no es, en sí mismo, ninguna verdad relativa (una verdad a la que no puede accederse mediante la ciencia ordinaria y externa, sino tan solo a través de una ciencia meditativa interior). Las diferentes tradiciones han afirmado de manera universal y unánime que la experiencia radical del despertar no nos revela verdades relativas, sino la Verdad Última.
Digamos, a modo de breve digresión, que el 90% de las personas que he conocido que han experimentado un auténtico satori, un despertar a la verdad última (desde médicos, abogados y eruditos hasta camareras, jardineros y lavaplatos), afirman que el satori les reveló algo que, en su opinión, era lo más parecido que habían experimentado a una realidad «absoluta» o «última». En este sentido se refieren a la experiencia del satori o del despertar como «la más verdadera», «la más real», «la más innegable», «la más significativa», «la más atemporal» o «la más inmutable» de todas las experiencias que habían tenido. Veremos qué opinas de ello a medida que avancemos, pero ten en cuenta que más adelante presentaremos algunos ejercicios que pueden ayudarte a experimentar directamente este despertar y puedas decidir por ti mismo sobre su realidad («última» o no). Y no olvides que, en la medida en que nuestra caja de herramientas de la Gran Totalidad contenga un verdadero despertar, estaremos tratando con la única práctica importante en la historia del mundo de la que unánimemente se ha dicho que revela una Verdad realmente última.
Siempre se ha dicho que esta experiencia se siente o experimenta como una unidad con todo el universo. La totalidad proporcionada por el despertar, dicho en otras palabras, es la mayor de todas las totalidades en las que se pueda pensar y a la que solo le faltan, para llegar a ser una Gran Totalidad, las cuatro totalidades proporcionadas por los procesos de crecer, abrir, limpiar y mostrar. El despertar, después de todo, afirma ser una unidad entre lo infinito y lo finito... lo que es algo realmente grande.
La evidencia del despertar
Son muchas las cosas que podríamos decir sobre la realidad de estos estados del despertar, empezando con lo que, al respecto, dice William James en su libro Las variedades de la experiencia religiosa (expresión con la que James se refiere a lo que nosotros llamamos «experiencia espiritual») o con el extraordinario libro del reputado erudito del MIT Huston Smith titulado La verdad olvidada (un título que alude al hecho de que casi todos los caminos de liberación coinciden en la existencia de una verdad última que el mundo moderno, en gran medida, ha olvidado). Pero, como no quiero meterme tan pronto en honduras, me limitaré, por el momento, a dar una simple referencia apelando, para ello, al psicólogo clínico Jordan Peterson, profesor emérito de la Universidad de Toronto y personaje muy conocido en Internet. En tanto reputado psicólogo clínico, Peterson ha pasado decenas de miles de horas tratando a personas con trastornos mentales y conoce bien la diferencia existente entre delirio y realidad, de modo que podemos estar seguros de que no está loco y no apoyará extrañas creencias religiosas. Aunque haya una división muy polarizada de opiniones entre quienes le aman y quienes le odian, la mayoría coincide en que suele sustentar sus conclusiones en investigaciones experimentales y científicas muy sólidas, de modo que cabe suponer que sus ideas se basan en evidencias contrastadas.
Y lo que dice Peterson al respecto es la pura verdad: «Es abrumadora la cantidad de pruebas de que existen dos grandes tipos de conciencia, una es la conciencia que tienes de ti como ser concreto ubicado en un determinado lugar [tu ego individual], y la otra es la capacidad de experimentar la disolución oceánica y la correspondiente sensación de que el cosmos [o la Totalidad última] es uno» (2). Luego insiste en este punto diciendo que «no cabe la menor duda de la existencia de esos dos estados de conciencia [a lo que agrega] de modo que el argumento según el cual la experiencia trascendente es irreal está equivocado... [y concluye, casi en voz baja] y llega incluso a poner en cuestión nuestra idea de la realidad» (3).
Así es. Esta es una experiencia que siempre se ha considerado despertar a la Verdad última, al Fundamento del Ser o a la Realidad Absoluta, que comparada con ella, lo que habitualmente llamamos «realidad» no es más que un sueño. Es en concreto por comparación con el estado semionírico en el que a menudo nos hallamos por lo que la experiencia a la que estamos refiriéndonos se conoce con el nombre de «despertar». Del mismo modo que, cuando uno despierta de una pesadilla, suele decir «¡Vaya! ¡Menos mal que no era real!», la experiencia del satori nos permite advertir que el mundo ordinario no es más que un sueño... o que así, al menos, es como se experimenta. Por ello, a esta experiencia se la conoce como «despertar» o «iluminación». De modo que simplemente aceptaré, como Peterson, que la evidencia de la realidad de ese despertar o «iluminación» a la que él llama «conciencia absoluta» es tan abrumadora que, de hecho, «resulta incuestionable».
Los cinco grandes estados del despertar completo
Las diferentes tradiciones meditativas o contemplativas del mundo nos presentan caminos que conducen directamente a la Conciencia de Unidad última. Son muchas, por supuesto, las formas en que las tradiciones nos presentan estos estadios. Si ponemos sobre una mesa los distintos caminos del despertar (y debo decir que hay varias decenas de ellos) y los comparamos a fondo llegamos a la conclusión de que esa transformación atraviesa un amplio espectro de estados de conciencia que van desde la contracción en el ego hasta la inmensa Apertura de una iluminación que todo lo engloba. Estos diferentes estados evolutivos acabaron incorporándose en forma de estadios meditativos en el mismo orden en que fueron desplegándose históricamente en los distintos caminos contemplativos. No todos abarcan el mismo número de estadios y solo unos pocos tienen en cuenta todos los grandes estadios conocidos.
Los caminos que las tradiciones consideran más elevados ―como el Mahamudra y el Dzogchen del budismo tibetano, el Vedanta Advaita del hinduismo, el taoísmo contemplativo, el neoplatonismo, la cábala judía, el cristianismo contemplativo y el sufismo islámico― suelen incluir todos estos estados y estadios de los estados del despertar. No es necesario que los recuerdes, porque más adelante volveremos a lo que necesitas saber y centraremos especialmente nuestra atención en los ejercicios que te permitirán experimentar directamente los dos más elevados (el Testigo y Un Solo Sabor). Limitémonos, por el momento, para que te hagas una idea de lo que estamos hablando, a los principales estadios por los que atraviesa el proceso completo de transformación del despertar basándonos en las recientes investigaciones llevadas a cabo en este dominio por Daniel P. Brown y empleando, para ello, la terminología y la metateoría integral. (4)
Un metaanálisis de lo que las grandes tradiciones dicen al respecto pone de relieve que el camino de la meditación atraviesa cinco grandes estadios. El primero de ellos, es decir, el estadio en el que comienza la mayoría de la gente, es el pensamiento ordinario y el ego, un estado que se caracteriza por un incesante parloteo interno (que, por ese mismo motivo, algunos denominan «mente del mono»). Este estadio, que muchas tradiciones llaman «estado de vigilia», es el estado convencional o «ilusorio» de la conciencia vigílica (denominado «estado ordinario» por la visión integral). Casi todas las grandes tradiciones meditativas sostienen que este estado egoico es la causa del dolor y el sufrimiento inherentes a la condición caída, ignorante y oscurecida del ser humano, y una de las primeras cosas a las que aspiran es a ayudar al ser humano a ir más allá de esta mente del mono estrecha, violenta y cruel (un estado que coincide perfectamente con la descripción realizada por Hobbes de la condición natural de la humanidad como «solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta»).
La superación de este estado despiadado tiene lugar en el estadio 2, al que Brown denomina «despertar» el cual, yendo más allá del pensamiento ordinario, se aproxima a una conciencia libre de pensamientos en la que se abandona el ego y deja, en su lugar, lo que Brown llama «personalidad sutil». Este es un estadio que la visión integral denomina «estado sutil», caracterizado por la luminosidad de la personalidad sutil, y que no se identifica con el ego sino con el alma. Este es el primer paso de la expansión de la sensación de identidad que, comenzando en el ego estrecho y encapsulado en la piel, ha de llevarle hasta la Identidad Suprema (que Suzuki Roshi denomina «Gran Mente»).
Brown llama «Conciencia Misma» al estadio 3, porque se trata de una conciencia pura despojada de todos los fenómenos ordinarios y sutiles y conectada con el núcleo, con el fondo, con la matriz espaciotemporal del universo que la visión integral denomina estado «causal» o «arquetípico». Este es un estado intuido a menudo en el silencio puro y sin forma existente entre pensamiento y pensamiento. Las tradiciones también afirman que todo el mundo experimenta cada noche en el sueño profundo sin sueños el estado causal, un estado despojado de toda forma en el que conectamos directamente con la conciencia pura sin objetos, pensamientos ni ideas, lo que explica el profundo efecto reparador que tiene el sueño.
Brown denomina «Conciencia Ilimitada e Inmutable» al estadio 4 que, como su nombre indica, es un estado realmente importante. Este estadio es una conciencia pura y sin objeto que la visión integral, siguiendo al Vedanta Advaita, denomina turiya, un término sánscrito que literalmente significa «el cuarto» porque es el cuarto gran estado de conciencia que sigue a los tres primeros (ordinario, sutil y causal) y que no es tanto un contenido de conciencia como el Testigo puro y atemporal, la sensación pura de Yo Soy, la conciencia omnipresente. Este estado encarna el verdadero significado de «eternidad» porque, como en breve veremos, «eternidad» no significa un tiempo muy largo, sino un momento sin tiempo, un Ahora atemporal que no es difícil de alcanzar, sino imposible de evitar. Esta conciencia Testigo es uno de los estados más elevados de los que hablan las tradiciones meditativas que, cuando practiques los ejercicios que, al respecto, te propondremos, tendrás la oportunidad de experimentar por ti mismo.
Brown llama al estadio 5, el estado más elevado, «Conciencia Despierta No-dual», algo que la visión integral, siguiendo también al Vedanta Advaita, denomina turiyatita (que literalmente quiere decir «más allá de turiya»). Es la Talidad o Esidad pura no-dual, la Conciencia de Unidad última, Un Solo Sabor, una Unidad o No-dualidad última. La realización directa de este estado se conoce con nombres muy distintos, como despertar, metamorfosis, fana, moksha, satori, Gran Liberación o Identidad Suprema. Este estado es una unidad pura no-dual (en donde no-dual significa «no-dos») que me unifica con todo. Un Solo Sabor es, de hecho, una conciencia absoluta cuya realidad, corroborada por tal cantidad de evidencia, resulta «incuestionable».
También presentaremos varios ejercicios para que ―creas o no en la existencia de algún tipo de verdad «última»― puedas practicar y experimentar por ti mismo este estado último. Y ten en cuenta que la afirmación de que podemos llevar a cabo ejercicios para experimentar directamente este estado supremo significa que ahora mismo podemos tener una experiencia cumbre de muchos de los aspectos esenciales de esos cinco grandes estados de conciencia. Pues, pese a que estos estados de conciencia estén dispuestos en orden ascendente (desde el estado ordinario hasta Un Solo Sabor) y tiendan a desplegarse, durante la práctica completa de la meditación, en esta precisa secuencia, al ser omnipresentes (porque hasta un bebé está despierto, sueña y duerme y atraviesa, en consecuencia, los tres estados ordinario, sutil y causal), pueden ser experimentados desde casi cualquiera de los distintos estadios del crecimiento, lo que significa que pueden ser experimentados ahora mismo. ¡Presta mucha atención, pues, a estos ejercicios cuando los presentemos!
No hace falta, entretanto, que recuerdes esos «estadios de los estados» porque, como ya he dicho, más adelante revisaremos todo lo que, al respecto, debas saber. Date cuenta de la existencia de diferencias entre los grandes estados de meditación de los que nos hablan las tradiciones y de sus variaciones porque, aunque el número de estadios varíe (las siete moradas del castillo interior de santa Teresa, los ocho niveles de conciencia del Yogachara, los estadios de la contemplación de san Juan de la Cruz, los diez sefirots de la cábala, los estadios de estado de los Yogasutras de Patanjali, las diez etapas de pastoreo espiritual del boyero del budismo zen y los cinco grandes estadios de los sufíes y del desarrollo místico según Evelyn Underhill), no cabe la menor duda de las grandes similitudes existentes entre todos ellos. Porque, como sucede con todos los modelos evolutivos ―tanto del Despertar como del crecimiento o desarrollo―, aunque no todos los modelos hablen de los mismos estadios, es posible considerar que se tratan de versiones diferentes de los mismos cinco grandes estadios que acabamos de presentar (ordinario, sutil, causal, Testigo y Un Solo Sabor).
Además de su realización directa, también se dice que todos ellos se manifiestan en estados ordinarios de conciencia. Según el Vedanta (hinduismo) y el Vajrayana (budismo tibetano), por ejemplo, el estado ordinario aparece en la conciencia ordinaria de la vigilia, el estado sutil lo hace durante la conciencia onírica, el estado causal emerge en el sueño profundo sin sueños, turiya (o el Testigo omnipresente) está plenamente presente en la mente cotidiana y el estado No-dual último constituye el Fundamento mismo de todos ellos. Así es como llegamos a los principales estados naturales de conciencia: vigilia, sueño, sueño profundo, Testigo y Un Solo Sabor.
Estos grandes estados de conciencia son también los principales estadios de la meditación, porque la identidad central de la persona comienza en el estadio de estado de vigilia dominado por el ego y, a partir de ahí, va desplegándose y atravesando los distintos estadios de estados de conciencia que conducen al despertar puro de la Conciencia de Unidad última. Por eso denomino proceso del despertar (en su totalidad o en parte) a esta secuencia de estadios de los estados.
- El término griego kosmos (utilizado en expresiones como «conciencia kósmica») engloba al «mundo entero» ―es decir, a la materia, el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu―, aquello con lo que una verdadera conciencia kósmica es realmente una. Después de la reducción del mundo a mera materia llevada a cabo por la apisonadora del materialismo cientificista, el término kosmos acabó viéndose reemplazado por el término cosmos, cuyo significado se refiere exclusivamente al mundo material. Como, a partir de ese momento, se pensó que no había más realidad que la material, cosmos pasó a referirse a toda la realidad. Así fue como la conciencia kósmica acabó convertida en conciencia cósmica. A veces también utilizo esta grafía ―como hice la primera vez que utilicé el término―, sobre todo si no tengo espacio para una nota como esta, que explica el significado que le doy a la expresión conciencia kósmica. Es innecesario decir que nosotros no hablamos simplemente de conciencia cósmica, sino de conciencia kósmica.
- Transcripción de una charla de Jordan Peterson en YouTube, «Biblical Series VIII: The Phenomenology of the Divine».
- Jordan Peterson
- El lector interesado en este punto puede encontrar un tratamiento amplio de él en la obra de investigadores como Daniel P. Brown y Dustin DiPerna, así como también en mi propio trabajo.