Libros - Douglas E. Harding
Sobre ser Dios
Alegría infinita

Este libro exige todo el coraje y la sinceridad por parte del lector. Insiste en que ha de empezar todo de nuevo, desprendiéndose de todas las ideas sobre lo que se supone que es y mirándose a sí mismo con una mirada nueva y fresca para ver lo que realmente es. La promesa es que con que tan solo se atreva a hacerlo, realizará un descubrimiento asombroso y tendrá una recompensa inmensa. El descubrimiento no es simplemente que no es lo que pensaba que era, sino que es justo lo contrario en todos los aspectos. Y la recompensa no es simplemente la felicidad, sino una alegría indestructible.
Cada uno de estos cincuenta y un breves capítulos es un ejercicio radical de autoexamen que nos conduce nada menos que a la deificación.
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DOUGLAS HARDING (1909-2007) fue un filósofo y maestro espiritual muy valorado y querido, así como un prolífico escritor, que desarrolló una forma única de despertar a la Fuente, de ver Quién somos realmente. Su enfoque, tan directo y efectivo como práctico y original, va derecho al Corazón, al Núcleo Central del asunto y nos lleva directamente a nuestra Verdadera Naturaleza, a nuestra Divinidad.
Más información
Detalles del libro:
- Título: SOBRE SER DIOS
- Subtítulo: Alegría infinita
- Título Original: On Being God
- Autor: Douglas E. Harding
- Traducción de: Diego Merino Sancho
- Editorial: The Shollond Trust
- Año de edición: Marzo 2024
Prefacio
Cuando Douglas Harding escribió El juego de la cara en 1968, adaptó el contenido de Sobre ser Dios, una obra inédita de unos cincuenta breves capítulos que había escrito varios años antes. Harding hizo un excelente trabajo a la hora de transformar Sobre ser Dios en El juego de la cara, un libro que llevó el análisis transaccional a un nuevo nivel al aplicarlo más allá de la psicología e introducirlo en el ámbito de la iluminación. Pero, afortunadamente, los capítulos originales de Sobre ser Dios aún se encontraban entre los papeles de Harding después de su fallecimiento, pues su tono y su mensaje son diferentes a la forma que adoptaron en El juego de la cara. Sobre ser Dios destaca por sí mismo como un texto potente e inspirador.
En el libro identificamos varias influencias, varias tradiciones espirituales.
La Jerarquía del Cielo y la Tierra, el libro más importante de Harding, aunque no el más conocido, se publicó en 1952. Todo lo que Harding escribió después está inspirado de una forma u otra en esa obra magna. Como él solía decir, «Todo está en La Jerarquía». Sin embargo, a finales de la década de 1950, unos seis años después de terminar La Jerarquía, Harding descubrió el zen a través de los escritos de D. T. Suzuki y otros autores. Vivir sin cabeza, el libro más conocido de Harding, relaciona el hecho de no tener cabeza con el zen y fue publicado por la Sociedad Budista en 1961. Justo después de Vivir sin cabeza, Harding escribió La experiencia zen, de nuevo conectando la vía sin cabeza con el zen. El estilo de estas dos obras es muy distinto al tono mucho más complejo y filosófico de La Jerarquía. Están imbuidos de la franqueza y la simplicidad del zen, el descubrimiento y la expresión de nuestra «verdadera naturaleza» en la vida ordinaria. Harding también escribió Sobre ser Dios durante este mismo periodo. Sin embargo, este libro es diferente. Aquí solo menciona el zen una vez. En cambio, su imaginería y su lenguaje son, tal como indica el título, cristianos —la fe de la infancia de Harding—. Por así decirlo, tras explorar el Oriente (virtualmente, leyendo a Suzuki), Harding había regresado a Occidente y había compartido su comprensión y su entusiasmo por el zen en Vivir sin cabeza y La experiencia zen. En cambio, ahora, en Sobre ser Dios, dejó el zen a un lado y regresó a sus raíces cristianas. Aun así, la esencia del zen impregna todas las páginas de este libro, pues desprende su mismo arrojo, su concisión, su cotidianidad e incluso su humor.
Siguiendo el auténtico espíritu del zen, Harding conservó su espíritu al tiempo que abandonada sus formas. Era un profundo conocedor de su herencia cristiana, de la cual se sentía muy orgulloso. Estaba tan familiarizado con la vida y las obras de los grandes místicos europeos medievales que era como si los conociera personalmente. Aunque en Sobre ser Dios no los menciona por su nombre, están siempre presentes en el trasfondo. Su categórica declaración de que no ve a Dios como Harding, sino como Dios mismo, recuerda a la frase del Meister Eckhart: «El ojo a través del cual veo a Dios es el mismo ojo a través del cual Dios me ve a mí», o la de santa Catalina de Génova: «Mi Yo es Dios. No reconozco a ningún otro Yo que no sea Dios mismo». Estos grandes místicos proclamaron valientemente la realidad de su divinidad, arriesgándose con ello a ser acusados de blasfemia. Harding se sentía muy cercano a ellos, pero más que eso, veía que era uno con ellos, vivía de forma consciente a partir de esa misma Fuente indivisible e infinitamente creativa. Por supuesto, Harding no corría el riesgo de que le quemasen en la hoguera por decir que era Dios. Sin embargo, sabía que incomodaría a los tradicionalistas, si bien eso nunca le importó demasiado. Le gustaba ser un rebelde. Un cierto espíritu subversivo e irreverente recorre toda la obra. (En esto también se parece al zen). Harding era consciente de que estaba desafiando descaradamente —es decir, sin cara— a todos aquellos que le rodeaban y estaban apegados a la forma de su religión.
Junto con el zen y el cristianismo también encontramos una tercera tradición espiritual en el trasfondo de este libro, otra comunidad de personas honestas en cuya compañía Harding se sentía como en casa. Los Upanishads, las grandes escrituras del norte de la India, fueron elaborados hace unos tres mil años. En sus cánticos y alabanzas del Único —como el Único—, utilizan el lenguaje de la Primera Persona. El Avadhut Gita dice: «Solo yo soy, siempre libre de toda mácula. El mundo existe como un espejismo dentro de mí. ¿Ante quién he de inclinarme?». Y el Kaivalya Upanishad proclama: «Yo estoy en todo, todo está en Mí». En Sobre ser Dios Harding, cantando igualmente como el Único, también utiliza el lenguaje de la Primera Persona, un lenguaje en el que de vez en cuando se extasía: «¡Me desprendo de mi cabeza riendo estruendosamente a carcajadas! Eso es lo que significa ser Dios Todopoderoso: este rugido de gozo y fruición, esta jadeante incredulidad, esta temblorosa fascinación, esta ignorancia insondable que es el conocimiento más elevado. Dios mío, ¿cómo pude hacer todo esto?». Harding es consciente de que su dicha —¡qué cosa tan sorprendente! — no le pertenece a él como Harding, sino a él como Dios. Su alegría es la mismísima alegría de Dios ante Su propio Ser, la «alegría indestructible» que conlleva el hecho de haber ocurrido. Tú, como Dios, has llevado a cabo «la hazaña imposible pero auténtica» de sacarte a ti mismo agarrándote por los tobillos de la noche más profunda y oscura del no ser. ¡Es el mejor truco de magia que jamás haya existido! Sobre Ser Dios es un gita, un Upanishad moderno, un canto de adoración y alabanza al Uno llevado a cabo por el Uno. Sin embargo, hay un principio en el que Harding confiaba cada vez que trataba de dar respuesta a la pregunta «¿Qué soy yo?» que era más importante que las tradiciones religiosas en las que se inspiró (es el principio central de La Jerarquía del Cielo y la Tierra): Yo soy la autoridad única y suprema sobre cómo es o qué significa ser yo. Solo yo estoy donde estoy, de modo que solo yo me encuentro en posición de decir cómo son las cosas aquí . Harding describió los capítulos de Sobre ser Dios como «un ejercicio de autoexamen radical».
A principios de los setenta Harding desarrolló sus experimentos: una serie de ejercicios de conciencia que van llevando nuestra atención hacia nuestra propia identidad central. Se llaman experimentos porque ponen a prueba una hipótesis (Harding era tan científico como místico): la hipótesis de que lo que eres para ti mismo a distancia cero es justo lo contrario de lo que eres para los demás, sea cual sea la distancia desde la que te observen. Los experimentos de Harding tienen una inmensa importancia porque ponen libremente a nuestra disposición la experiencia de nuestra realidad central. Nos catapultan del hecho de simplemente pensar o hablar sobre el Ser, de manera vaga y no concluyente, a verlo con total claridad de un modo indudable. En este sentido, permiten vivir conscientemente como el Yo a cualquiera que tenga esta inclinación o este anhelo. Al abrirnos el camino a «una vida en la que vemos a Dios», como la describió el gran autor medieval Ruysbroeck (uno de los favoritos de Harding), hacen posible ¡que vivamos siendo conscientes de que somos Dios viviendo nuestra vida! ¡Eso sí que es una invitación a una aventura! ¡Y está ahí para ti! Los capítulos que siguen son los precursores de esos experimentos. Cada uno de ellos es un indicador moderno, una meditación —una meditación de doble sentido— que te invita a mirar, a mirar por ti mismo para ver si eres Dios.
¡Nunca habrá un mejor momento que ahora para disfrutar de la Visión Beatífica, de la comprensión de que eres el Uno que se da origen a sí mismo, lo Único que existe, el Dios sin cabeza que en este mismo momento está leyendo estas palabras!
Richard Lang