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Libros - Karlfried Dürckheim

El Camino de la trascendencia
El hombre en busca de su integridad

El Camino de la trascendencia

Descripción:

Nuestro tiempo se caracteriza por las profundas modificaciones que el hombre ha llevado a su modo de vivir y que han sido posibles al producirse un explosivo desarrollo en el terreno técnico-científico. Sin embargo, hay que reconocer que este progreso, demasiado sesgado de la vida material, provoca el deterioro en nuestra vida espiritual.

Karlfried Dürckheim aporta en este libro una ayuda eficaz, que invita al hombre a vivir la experiencia del núcleo espiritual al practicar asiduamente un ejercicio que le despierta a la vida en profundidad y que, poco a poco, le va haciendo madurar. Su propuesta a este respecto asocia las tradiciones místicas de Occidente, en las que el maestro Eckhardt ocupa un lugar fundamental, con las prácticas meditativas de Extremo Oriente, principalmente las del budismo Zen, y con las que se familiarizó el autor durante su estancia de diez años en Japón.

Durckheim
Karlfried Graf Dürckheim

Diplomático alemán, filósofo, psicoterapeuta y maestro Zen. Nació en Múnich, en el seno de una familia cristiana. Con apenas 18 años se alista en el ejército alemán, siendo enviado al frente durante la I Guerra Mundial. La cercanía con la muerte cambió la orientación de su vida. Fue enviado a Japón para estudiar la relación e influencia de la espiritualidad japonesa en la educación. Durante su estancia estalla la II Guerra Mundial. Allí vivirá 10 años, tiempo para conocer el budismo-Zen. Después de la guerra es encarcelado y aprovecha para la práctica de zazen.

Más información.

Detalles del libro:
Título: EL CAMINO DE LA TRASCENDENCIA
Subtítulo: El hombre en busca de su integridad
Título Original: Uberweltliches Leben in der Welt
Autor: Karlfried Graf Dürckheim
Traducción de: Concha Quintana
Editorial: Ediciones Mensajero
Año de edición: 1996
Nº de páginas: 254
Encuadernación: Rústica con solapas
Formato: 12 x 19
ISBN: 978-8427120419

Prólogo

Nuestro tiempo se caracteriza por las profundas modificaciones que el hombre ha llevado a su modo de vivir y que se han hecho posibles al producirse un explosivo desarrollo en las ciencias y las técnicas, vislumbrándose todavía en el horizonte nuevos progresos. Sin embargo, hay que reconocer que este progreso, demasiado unilateral, de la vida material, provoca el deterioro en nuestra vida espiritual. A la creciente madurez en el plano técnico de los dos últimos siglos, se asocia una inmadurez de graves consecuencias, pues nos aparta del verdadero centro de la vida. El hombre occidental se halla ciertamente ligado a ese centro por la religión, y en especial por la fe cristiana, en la que vivía enraizado. Pero de hecho son muchos los que han perdido en gran parte este apoyo, y la visión limitada que acabamos de enunciar no ha sido compensada. Frente a esta situación, Karlfried Dürckheim aporta una ayuda eficaz por la posibilidad que el hombre tiene de vivir la experiencia del núcleo espiritual cuando practica asiduamente un ejercicio que le despierta a ella y que, poco a poco, le va haciendo madurar.

Su propuesta a este respecto asocia las tradiciones místicas de Occidente, en las que el maestro Eckhardt ocupa un lugar fundamental, con las prácticas meditativas de Extremo Oriente, principalmente las del budismo Zen. Karlfried Dückheim se familiarizó con estas prácticas durante su estancia de diez años en Japón. El no intenta en absoluto que el hombre europeo se haga budista, sino que desarrolle en él una experiencia interior conforme a su propia estructura. Se trata de llegar a ser transparente a lo trascendente, de que se haga presente el irradiar espiritual en lo secular y, más particularmente, que el hombre haga realidad su integridad humana. En otros términos, que el Sí-mismo, presente en el yo profano de cada uno de nosotros, llegue a infiltrar en éste lo que corresponde a la verdadera madurez. En esta total profundidad se produce el encuentro de aquellos que han alcanzado un sentimiento de fraternidad humana cuando viven esta experiencia. Dan testimonio de la misma actitud frente a la muerte, que retira al hombre de su vida temporal para encaminarle hacia la gran Vida sobrenatural. El otro, el prójimo, puede ayudar en este tránsito cuando ya se ha avanzado lo suficiente en el camino de la experiencia de la transparencia.

Para el cristiano, el libro de Dürckheim puede ser una fuente importante de sugerencias. En realidad, la experiencia que nos ocupa no excluye en modo alguno la fe, y el ejercicio que la prepara puede ayudar a una viva profundización de ésta. No se trata en absoluto de alejarse de la fe, o de sustituirla por una experiencia. Tampoco el ejercicio ocupa el lugar de la gracia divina. De hecho, la fe completa la experiencia en el sentido en que nos permite acercarnos, sin ambigüedades, a la espiritualidad y a lo divino.

Prof. Dr. Johannes Lotz S.J.