Ruta de Sección: Inicio > Colaboraciones > Artículo

Colaboraciones - Juan Pedro Viñuela

Calmar la mente para despertar

Atribuido al cuarto ancestro chan/zen Dayi Daoxin

Por Juan Pedro Viñuela 22 de mayo de 2022
Calmar la mente para despertar

Introducción

La parte III del escrito de Daoxin está destinada a la exposición del método fundamental para calmar la mente y que ello nos lleve al despertar. Lo que vamos a hacer aquí es describir este método. Daoxin parte del maestro laico Fu para la elaboración de su mente. El principio fundamental de Fu es que, para alcanzar el despertar, es necesario mantener la unicidad sin distracciones. Es decir, que se ha de lograr la unicidad, que es la unión cuerpo-mente a través de la observación y la concentración. De ahí que se observe, “sin distracciones”. La distracción es no concentrarse con la suficiente atención y, por tanto, no observar, tampoco. Cuando uno está en meditación (zazen), puede correr el peligro de la distracción o divagar, o, bien, la somnolencia. Esto hace importante la postura. La postura es la puerta de entrada a la meditación. La postura es la indicada para la concentración y la observación, así se previene la somnolencia y la distracción.

Pero, en un nivel más fundamental aún, Dayi Daoxin parte del Maestro de Meditación Zhiyi (Tiantai.) El maestro de meditación advierte que la mente es el Budha. Por ello, practicar el Dharma, seguir la Vía, exige, comprensión y práctica. Y ambas van unidas. Para ello es necesario comprender la mente de forma clara y continua, tanto, la fuente, de dónde procede, como su función. Qué realiza la mente. Es: buscar, indagar, comprender su naturaleza. Y, en esto se es muy exigente. Un error puede ser garrafal. Puede desviarnos de la Vía. De ahí la rigurosidad del método. Método que es el que va a exponer Daoxin partiendo de cinco ideas. Para Daoxin, éstas palabras no son vacuas (las de Zhiyi) porque se dice en el Sutra Anhitaba, que “el Dharmakaya de todos los Budhas comprende los pensamientos de todos los seres vivientes” Esto significa que en el Nirvana último, el paranirvana, Dharmakaya contiene todos los seres, todos los dharmas.

Por esto Daoxin mantiene la tesis central del budismo de que todos los seres tenemos la naturaleza búdica. De ahí que nuestra mente sea el Budha y que el Budha sea nuestra mente. Ahora bien, no lo vemos. Y ello es porque estamos en la ilusión, en los reflejos, los ecos, el sueño, las apariencias. Y nos identificamos con ellas. Con lo múltiple que consideramos escindido, siendo la naturaleza de todo lo que hay interser. Pero caemos en el error. Somos Budhas, pero hemos olvidado nuestra naturaleza, porque estamos como en una ilusión, en el mundo fenoménico (al fin y al cabo es la otra cara de la vacuidad porque no hay dualidad entre lo fenoménico y lo real, lo real es vacuidad, precisamente), sin percibir la naturaleza de lo real-fenoménico; que es no dos.

Tres principios o ideas han de ser comprendidas y experienciadas para recuperar nuestra budeidad, que, por otro lado, no hemos perdido, soñamos que no la tenemos. Y estos son: la impermanencia, el interser o interrelación y la vacuidad. Estos tres conceptos o ideas son herramientas para comprender-acceder a nuestra naturaleza última o búdica. En sí, estas ideas son también vacuidad. Llegar a la vacuidad, plenitud de la consciencia, porque la vacuidad no es la Nada. El budismo no es un Nihilismo es el fin del método que nos propone Daoxin para calmar la mente y Despertar. La idea de calmar la mente es importante, es de lo que se parte. No es no pensar, sino que, a través del zazen, la meditación, y por medio de la observación y la concentración accedemos a los distintos estados de absorción o de samadhi, hasta que llegamos al último que sería el despertar a la infinitud de la vacuidad. La base de la meditación (Atención y observación) es el wu wei. Hay una influencia muy importante del taoísmo en el zen y la traen los primeros ancestros y patriarcas. Para meditar hace falta un mínimo esfuerzo que no produzca reacción. La postura debe ser con el tono muscular adecuado, ni tenso, ni relajado, la concentración debe ser la justa como para estar alerta. La observación debe permitirnos no distraernos y posar con suavidad la atención en las diversas partes del cuerpo, en la postura, en la respiración, las emociones, estados mentales: pensamientos, recuerdos, proyectos, pensamiento discursivo y, por último, para el samadhi definitivo, la atención se centra en la mente misma, en la consciencia misma. Aquí ya no hay impulso. Hay una apertura hacia nuestra naturaleza búdica. Como decía, Daoxin propone cinco ideas para calmar la mente y alcanzar el despertar. Y éstas son las que vamos a seguir y desarrollar. Hay que tener en cuenta que, aunque esto sea un trabajo de entendimiento y de comprensión, no es esto lo importante; sino vivenciarlo uno mismo, estabilizar los estados de samadhi en la meditación y después en la vida cotidiana. Quiero decir, que, por muy abstracto o simbólico que pueda parecer el texto de Daoxin, las explicaciones de Dokushô, o este propio texto, su único fin es la práctica.

Texto comentado

Las cinco ideas de las que parte Daoxin en su “Método para calmar la mente y llegar al despertar” son las siguientes:

  1. La mente es pura y tiene la naturaleza de Budha, es Budha. Lo iremos desarrollando en lo sucesivo.
  2. La mente tiene una función de creatividad constante, pero ella misma se mantiene inalterable, como un espejo que refleja. La mente produce los dharmas (lo que nosotros llamamos cosas.) los dharmas no son más que reflejos que aparecen y desaparecen (impermanencia) en el espejo, pero el espejo permanece limpio y puro, no es contaminado por los reflejos. Por otro lado, en el espejo no hay nada. Su naturaleza es la vacuidad. Pero hay que tener cuidado porque esta vacuidad de la mente es en tanto que tiene la posibilidad de producir. Es la “función-creatividad” de la que habla Daoxin. Pero la mente y lo producido por ella son no dos. Como lo es el espejo y el reflejo. Como lo es la voz y el eco. Nosotros nos perdemos en los reflejos, en el eco, en la impermanencia que cosificamos; pero los reflejos no tienen identidad. El hecho de que la mente sea la vacuidad creadora es la manifestación de lo que ES. Es su talidad. Tal cual es.
  3. Hay que estar atentos al continuo despliegue de la mente. La mente es un continuo producir. Su talidad, como hemos señalado, es la producción de dharmas: sensaciones, emociones, pensamientos, formas. Ante todo ello debemos permanecer atentos. Esto es, que lo que nos está diciendo ya Daoxin es que debemos observar y estar concentrados. Esta observación y concentración será la que me permita discernir con ecuanimidad las formas o el mundo fenoménico. De tal forma que pueda discernir su impermanencia. Y cuando pueda observar que los pensamientos, o las emociones, aparecen y desaparecen, podré observar la vacuidad entre las emociones o entre pensamiento y pensamiento. Así mismo, si observo las formas puedo discernir que son producto de mi mente, que no hay un dentro y un fuera. De ahí la no dualidad. Pero, como señala el maestro Daoxin, mi observación y atención, que es lo que practicamos en la meditación y fuera de ella, deben ser continuas. Debo estar despierto. Podemos añadir que, al ser nuestra propia mente, la misma budeidad se revela a sí misma. Es como una luz que se auto-ilumina.

    Ya estamos iluminados. Zazen es tomar consciencia de esa iluminación. Pero no todo es tan fácil. Lo podemos entender, incluso, comprender a un nivel más profundo. Pero experienciar sólo es posible en la meditación y, para ello, se requiere práctica y ésta consiste en una atención plena (concentración y observación) Mantenerse continuamente despierto. Entonces es cuando ocurre el samadhi y los distintos estados de absorción. Si estamos atentos podremos discernir que las formas no son tales, que es mero fenómeno, apariencia. Cuando vemos los objetos creemos que tienen identidad propia, ese es el engaño, el sueño y la ilusión. No hay objetos, los objetos o formas son como los reflejos en el espejo de la mente. Y, tal y como aparecen, desaparecen. Todo es impermanente, todo fluye, nada permanece idéntico a sí mismo porque todo está interrelacionado y no puede existir por sí mismo; sino que existe en tanto que relación. Su existencia no es esencial; sino, relativa, no absoluta. No es una substancia o cosa, como pensamos en occidente, sobre todo desde el surgimiento del pensamiento racional y, posteriormente, científico. Aunque la ciencia contemporánea ha puesto en duda el paradigma clásico y entiende el cosmos, más como proceso, que como sustancia.

    Lo que nos impide ver que los objetos no son tales es la ignorancia. Decía Budha que el alma está poseída por tres venenos: la ignorancia, el deseo y la aversión o agresividad. La ignorancia es el primero de todos y el que da lugar a los otros. La ignorancia no es un mero no saber, sino un no saber que no se sabe. De ahí la importancia de la meditación. En la meditación todo se nos cae. Es un desasimiento. No nos podemos aferrar a nada. Por ello la meditación, no es meramente Mindfulness, que también, sino que es un viaje de autoconocimiento y de transformación. Deshacer el engaño en el que estamos sumidos debido a la ignorancia no es tarea fácil, ni agradable. Es más, la base de este engaño, de esta ilusión, no es, ni más ni menos, que la ilusión del propio yo, es decir que yo tengo entidad. Pero no es así, si puedo meditar, lo que hago al observar es observar la mente, cómo funciona la mente. Y eso es lo que me va a llevar al conocimiento liberador. Al conocimiento de que soy una ilusión. Y, cuando pueda situarme en el no yo, entonces es que estoy en un estado unificado; he trascendido, en parte, mi engaño de creerme un yo separado y con una substancia permanente.

    El objetivo, como hemos visto, es el Despertar y ello es conocer la naturaleza búdica de la mente, la mente como vacuidad de la que emergen todas las formas, pero que no es diferente de ellas. Es, como decía Nagarjuna: “El nirvana es el sansara y el sansara es el nirvana”. Al meditar, si estamos atentos, despiertos, concentrados, podemos discernir que toda forma es producto de la mente, que es impermanente y, por tanto, que no tiene entidad. Pero lo mismo le sucede al yo que observa, al yo biológico y biográfico. Es mera ilusión, una construcción de la mente. Pero no hay forma de comprender esto, ni vivenciarlo, ni siquiera decirlo, sólo apuntarlo; a no ser de forma subjetiva en la meditación. Y, cuando hacemos esto, si conseguimos, con la práctica, al menos un vislumbre es algo que no se puede expresar, sólo se puede mostrar. Es una vivencia subjetiva, pero experiencial, que muchos han tenido y que, luego, han estabilizado y han propuesto el método a seguir. Daoxin, en este caso está repitiendo la línea directa del Buda, por un lado y, por otro, es el primer documento encontrado del budismo chan que nos ofrece un método.
  4. La cuarta idea es un paso más en la meditación y, por tanto, en la unificación y absorción hasta llegar al Dharmakaya. Se nos insta a que, desde ese estado de absorción conseguido con la atención y la observación y la comprensión de que las formas no son entidades, ni separadas de la mente, tomemos consciencia de que no hay diferencia entre lo que está dentro y lo que está fuera. En realidad, es que no hay dentro ni fuera. Todo es Consciencia o mente. No hay más allá, porque la mente, pura, en calma e impoluta, lo ocupa todo. Y el cuerpo, al tomar consciencia de esto, se desdibuja, pierde los límites, se encuentra en el centro de todo, porque el centro de la consciencia está en todas partes. Aquí se contempla, a la par, la vacuidad y la forma. Una y otra, como el Yin y el Yang, en el budismo, están entrelazadas. No hay fenómenos sin mente o vacuidad, ni vacuidad sin fenómenos. Por eso el fin, aunque éste no es el tema en Daoxin, es la plaza del mercado. No se puede uno quedar en el estado de absorción del Darmakaya; sino que uno ha de regresar, pero la mirada ya es otra. Si no hay yo, si el yo es ilusión, por tanto, vivimos desde el no yo, pues estamos en el nivel del desasimiento, del desapego del que hablaba anteriormente. Si no hay apego ha cesado el deseo, porque el deseo emerge de la ilusión del yo, pero el cuerpo físico, con el que más fuertemente nos identificamos como yo, es una forma impermanente, un reflejo en el espejo que surge y desaparece. Pero cuando esto ocurre, dice Daoxin, el cuerpo, que no distingue, ni dentro, ni fuera, es el centro del Dharmakaya.
  5. Por último, incide en la idea de mantenerse, primero en meditación y poco a poco en la vida cotidiana, no deben estos procesos realizarse por separado, en estado de unicidad y absorción sin distracción. El papel de la concentración es esencial y, particularmente, en mi práctica, es lo que le ha dado un fuerte impulso desde que practico siguiendo la metodología del zen que ya está, perfectamente esbozada en los cinco principios o ideas de Daoxin (el cuarto ancestro Chan.) Esta atención nos permite mantener la mente anclada en el presente. De lo que se trata es de perseverar en el presente. El pasado y el futuro se viven sólo en el presente. La cuestión es ser consciente de ello, estar atento. El ancla de la meditación es la respiración y la sensaciones del cuerpo y la postura que nos traen al presente. Si permanecemos en ese estado, ya haya o no movimiento se encuentra el meditador en estado de unicidad y de absorción. La absorción última que te lleva a la propia naturaleza de Budha. Partiendo de la observación de la respiración, la postura y las sensaciones del cuerpo, los sentidos, de forma atenta y continua pasamos al final a la observación de la propia consciencia. Ése será el estado de unificación definitiva en el que se realiza la consciencia de Budha. Lo que realmente somos. El viaje de la meditación; que comienza por sentarse y sentirse nos lleva a nuestra propia naturaleza original que es la budeidad o la impermanencia, la vacuidad y el interser. Lo innombrable. Ni la budeidad, ni el vacío son la nada. Simplemente inefable, la naturaleza original de todo LO QUE ES.

Conclusión

Daoxin nos ha ofrecido un método completo de alcanzar nuestra budeidad. Es el primero del que se tiene noticia. Y en él se recogen los pasos básicos para realizar zazen de tal forma que esta manera de hacerlo nos lleve a la budeidad. No sólo es un método, que queda claro en esas cinco ideas o pasos para alcanzar nuestra naturaleza originaria, que, por otro lado, parte de, digamos el axioma, no está fuera, sino que es lo que realmente somos. Además de un método se apoya en ideas firmes de la tradición budista salpicadas de ideas taoístas. Y estas ideas son las que he intentado desarrollar aquí. Por otro lado, las ideas y el método, con nuevo lenguaje y actualizado son las mismas ideas del soto zen contemporáneo.

Las ideas que hemos ido recogiendo que son, digamos, la base metafísica del budismo, pero que, en sí, no tienen entidad, son herramientas, símbolos metáforas de lo vivenciado, son las siguientes:

Nuestra mente es la naturaleza del Budha. Somos Budha. Indagar en la mente es conocer nuestra naturaleza originaria. La meditación, el zazen es sentarse y parar para sentirse. En el momento en el que iniciamos este proceso de sentirnos estamos en el despertar. La meditación es la realización del despertar. Si uno medita es porque tiene esa llamada interior de su propia naturaleza originaria. Ahora bien, es necesario, método y mucha práctica, constancia. “Una golondrina no hace verano”. La atención y la observación constante nos llevan a la impermanencia, el interser y la vacuidad. Tres nociones o ideas centrales. La meditación nos hace tomar consciencia de lo impermanente. Por tanto, de que nada es y todo fluye. En la medida que nada es, entonces nada existe por sí mismo, su existencia se debe a la relación con el resto del universo; que, a su vez, está en continuo cambio. Pero si sigo atento y profundizando en la meditación me doy cuenta de que lo que siento, lo que veo, las emociones, las formas, los pensamientos, recuerdos, son todos productos de la mente. No hay nada fuera. Es más, mi cuerpo, con lo que me identifico como yo, también es impermanente y está sujeto al cambio. Entonces el cuerpo es un reflejo más de la mente, el yo es una construcción mental impermanente. Si comprendo y llego a vivenciar esto, que es cuestión, según Daoxin, de observar atentamente, sin despiste alguno, entonces descubro la ilusión del yo, la vacuidad. La propia naturaleza original de todo lo que hay. Aquí no hay un tú o un yo. Este proceso se vivencia desde el no yo. Y ha sido la ignorancia (no saber que no sé) la que mantiene la ilusión de un yo como entidad y separado. Pero eso no existe. El yo existe en tanto que una existencia relativa como las demás y que se sostiene en la dinámica del deseo que es el que lo alimenta. Por eso, al caerse el yo se produce el desasimiento. O al desasirse cae el yo. El deseo es el segundo veneno del alma y con él tenemos el mecanismo de construcción y mantenimiento del yo, y las cinco ideas que subyacen, a mi modo de ver, en el método que nos propone Daoxin para calmar la mente y alcanzar el despertar. Al observar la impermanencia de todo y la del yo, nuestra mente se calma y queda unificada o en estado de absorción. El último paso es la observación de la misma consciencia. Si bien los demás pasos han tenido un acto de volición, este último se realiza espontáneamente. Y así se llega al Dharmakaya.

Addenda

Habría que señalar que cuando se toma consciencia de la impermanencia de todo y de uno mismo, experimentamos un estado de absorción en el que se produce gozo y alegría. Y en ese gozo y alegría va incluida la compasión por todos los seres. Es importante entender que la compasión budista consiste en ayudar a que todos los seres se liberen del sufrimiento. Y la causa del sufrimiento es la ignorancia. Por tanto, liberar de la ignorancia es el acto de compasión budista; porque, sin ignorancia no hay sufrimiento y cada cual puede ver la naturaleza búdica que es. Pero esto, por muy apasionante que sea, excede el texto del cuarto ancestro Daoxin.

© 2022, Juan Pedro Viñuela