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Extractos - Richard Rohr

Cristo cósmico

« Por Cristo, con Él y en Él »

Revelado en Nosotros ―como Nosotros

Por Richard Rohr

Si has pasado tiempo en la iglesia probablemente has escuchado la historia de la conversión de Saulo, como se relata en el libro de Hechos. En realidad aparece tres veces a lo largo del libro (9:119, 22:5-16, 26:12-18), para asegurarse que no nos perdamos cuán crucial y noticioso debe haber sido, y todavía lo es.

Durante años, Saulo persiguió salvajemente a aquellos que seguían el camino de Jesús. Iba camino a Damasco a realizar justamente eso cuando, de repente, fue golpeado y cegado por lo que el texto describe como una «luz». Después, desde esa luz, escuchó una voz diciendo, «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»

Saulo respondió: «¿Quién eres?» Y la respuesta llegó: «Yo soy Jesús, y me estás persiguiendo».

El significado profundo y permanente del encuentro de Saulo es que escucha hablar a Jesús como si existiese una equivalencia moral entre Jesús y las personas que Saulo está persiguiendo. En dos ocasiones esta voz llama «¡yo!» a la gente. Desde ese día en adelante esta asombrosa inversión de perspectiva se convirtió en la fundación de la cosmovisión en evolución y el descubrimiento emocionante «del Cristo» por parte de Pablo. Este despertar fundamental movió a Saulo desde su religión judía que tanto amaba, y a la que estaba vinculado étnicamente, hacia una visión universal de la religión, tanto que cambió su nombre hebreo a su forma latina, Pablo. Luego, se llamó a sí mismo «apóstol» y «sirviente» de las mismas personas a las que una vez despreció como «paganos», «gentiles», o «las naciones» (Efesios 3:1, Romanos 11:13).

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Al describir el encuentro en su carta a los Gálatas Pablo escribe una línea muy reveladora. No dice «Dios me reveló su Hijo a mí» como se podría esperar. En cambio, dice «Dios reveló a su Hijo en mí» (Gálatas 1:16). Este grado profundo de confianza, introspección, seguridad y conocimiento de sí mismo era bastante inusual en este tiempo. De hecho, difícilmente veremos algo que se le parezca hasta las Confesiones de Agustín, escritas alrededor del año 400 d.C, donde el autor describe su vida interna con un interés y precisión similar. En mi opinión, por esta razón en los primeros quinientos años de cristianismo no hicieron gran cosa de Pablo ―él era tan introvertido y psicológico y la civilización aún era demasiado extrovertida y literal. Excepto el raro caso de Agustín, y muchos de los místicos y ermitaños católicos se necesitó una alfabetización más generalizada, y la disponibilidad de la palabra escrita en el siglo dieciséis para llevarnos hacia un cristianismo más interno e introspectivo, tanto para bien como para mal. (1)

En Cristo

Pablo resume su entendimiento corporativo de la salvación con su abreviada frase «en Cristo», usándola más que cualquier otra en todas sus cartas: un total de 164 veces. En Cristo parece ser la palabra código para la experiencia de salvación misericordiosa y participativa de Pablo, el camino que tan urgentemente quería compartir con el mundo. Puesto de manera sucinta esta identidad significa que la humanidad nunca estuvo separada de Dios ―dejando de lado y exceptuando que sea por decisión propia. Todos nosotros, sin excepción, estamos viviendo dentro de una identidad cósmica, ya en su lugar, que nos está conduciendo y guiando hacia adelante. Todos estamos en Cristo, queriéndolo o no, feliz o infelizmente, consciente o inconscientemente.

Pareciera que Pablo entendiera que la individualidad solitaria era demasiado pequeña, insegura y efímera para soportar el «peso de la gloria» o «la carga del pecado». Solamente la totalidad podía acarrear tal misterio cósmico de constante pérdida y renovación. El conocimiento de Pablo del «en Cristo» le permitió darle a la historia universal de Dios un nombre, un foco, un amor y una cierta dirección victoriosa para que las generaciones porvenir pudieran saltar confiadamente en el viaje cósmico y colectivo.

Espero que tú puedas aprender y disfrutar el significado completo de esa frase brillante y corta, porque es crucial para el futuro de la cristiandad, que todavía está atrapada en una noción altamente individualista de la salvación, que no termina pareciéndose en absoluto a lo que es salvación. Todos nosotros, sin excepción, estamos viviendo dentro de una identidad cósmica, ya en su lugar, que nos está conduciendo y guiando hacia adelante. Pablo llama a esta más grande identidad Divina el «misterio de su propósito, el plan oculto que hizo tan amablemente en Cristo desde el mismo principio» (Efesios 1:9). Hoy, tal vez lo llamamos el «inconsciente colectivo».

Como criaturas ―la madre adolescente cuidando a su hijo, cada una de las veinte mil especies de mariposas, un inmigrante viviendo con miedo, un puñado de pasto, tú leyendo este libro todos estamos «en Cristo» y «elegidos desde el principio» (Efesios 1:3, 9). ¿Qué otra cosa podría ser? Para Pablo la salvación es un mensaje ontológico y cosmológico (que es sólido) antes de siquiera convertirse en uno moral o psicológico (que siempre es inestable). Haz una pausa si puedes y piensa en eso seriamente.

¿Alguna vez notaste que en el Evangelio de Marcos, Jesús les dice a los discípulos que proclamen las Noticias de Dios a «toda la creación» o «a toda criatura» y no tan solo a los humanos (16:15)? Pablo afirma que ha hecho esto mismo cuando dice: «Nunca te alejes de la esperanza prometida por las Buenas Nuevas, que se han predicado a todas las criaturas bajo el cielo, y de las cuales yo Pablo me he convertido en servidor» (Colosenses 1:23). ¿Realmente le habló y convenció a «toda criatura bajo el cielo» en su corto tiempo de vida? Seguramente no, pero él sabía que había anunciado al mundo el más profundo fundamento filosófico de las cosas al decir que todo estaba en Cristo ―y creía atrevidamente que esta verdad eventualmente se mantendría y triunfaría.

Nunca he estado separado de Dios, ni puedo estarlo, excepto en mi mente. ¡Me encantaría que llevaras este entendimiento a la conciencia amorosa! De hecho ¿por qué no dejas de leer ahora, solo respira, deja que penetre y actúe? Es crucial que sepas esto experiencialmente y a un nivel celular ―que es, de hecho, un real saber tanto como el conocimiento racional. Su característica principal es que es una forma de conocimiento no-dual y, por lo tanto, abierto, que no se cierra tan rápida y definitivamente como lo hace el pensamiento dualista. (2)

Lamentablemente, los cristianos no han protegido esta conciencia radical de la unidad con lo divino. El entendimiento brillante de Pablo de un Cristo Corporativo, y por lo tanto nuestra identidad cósmica, pronto se perdió cuando los primeros cristianos se enfocaron cada vez más en Jesús solamente, e incluso en él separado del Flujo Eterno de la Trinidad, que finalmente es impracticable teológicamente (3). Cristo siempre mantiene a Jesús firmemente dentro de la Trinidad, no como una simple adición posterior o algún tipo de encarnación arbitraria. El trinitarismo mantiene a Dios como Relación en sí misma desde el mismísimo principio y no como un mero monarca.

Para legitimar nuestra nueva religión en el Imperio Romano, los cristianos sintieron que necesitábamos probar que Jesús era divino independientemente. Después del Concilio de Nicea (325), se dijo que Jesús era independientemente «consustancial» con Dios, y después del Concilio de Calcedonia (451), la iglesia acordó una definición filosófica de la humanidad y la divinidad de Jesús, unificadas ambas en él. Todo es cierto, pero tal unidad permaneció en gran medida como una teoría académica distante porque no extrajimos las maravillosas implicaciones prácticas. Como regla estuvimos más interesados en la superioridad de nuestra propia tribu, grupo, o nación que en la totalidad de la creación.

Nuestra visión de la realidad era en gran medida imperial, patriarcal y dualista. Las cosas fueron vistas como a favor nuestro o en contra nuestro, y fuimos ganadores o perdedores, totalmente buenos o totalmente malos ―hasta el día de hoy ese «yo» tan pequeño y su salvación personal han permanecido como nuestra abrumadora preocupación. Seguramente así es como nuestra religión se volvió tan centrada en la obediencia y la conformidad, en lugar de en el amor en un sentido práctico o expansivo. Sin una Historia Grande y Compartida, todos nos retiramos al individualismo privado para tener un poco de cordura y seguridad.

Tal vez el primer ejemplo de nuestra falta de atención al Misterio de Cristo puede ser visto en la forma en que continuamos contaminando y devastando al planeta tierra, en el mismo lugar donde todos nos paramos y vivimos. ¡Ahora la ciencia parece amar y respetar lo físico más que la mayoría de las religiones! No es de extrañar que en el presente la ciencia y los negocios se hayan posicionado como las fuentes principales en donde hallar sentido para la gran mayoría de las personas (incluso muchos de los que todavía van a la iglesia). Me temo que los cristianos no tomamos en serio a este mundo, porque la noción de Dios o de salvación no incluyó u honró al universo físico. Y me temo que ahora este mundo no nos toma en serio.

La esperanza no puede ser sostenida por lo individual si todo está corporativamente desesperanzado.
Es difícil sanar individuos cuando toda la cuestión es vista como insanable.

Todavía estamos tratando de salir remando de este remolino ¡y con un remo muy pequeño! Solo con una noción Preexistente de Cristo podemos recuperar el «desde donde venía» este Jesús y el hacia donde nos conduce ―que es precisamente hacia «el seno de la Trinidad» (Juan 1:18). «Regresaré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, ustedes también estén» (Juan 14:3), el Cristo así lo prometió. Esa podría ser la mejor y más sucinta descripción de la salvación que hay en todo el Nuevo Testamento.

Un Cambio de Paradigma

En el pensamiento científico y cultural, el término «cambio de paradigma» describe un cambio importante en las suposiciones o puntos de vista. Escuchamos el término con mucho menos frecuencia en el mundo de la religión, donde los grupos asumen que están tratando con absolutos eternos e inmutables. Pero irónicamente un cambio de paradigma religioso fue exactamente lo que Jesús y Pablo estaban iniciando en sus días ―tanto es así que su forma de ver las cosas se convirtió en una religión completamente nueva, haya sido esa su intención o no. Después de dos mil años, ahora llamamos «cristianismo» a este cambio de paradigma surgido del judaísmo.

La historia aún aguarda que la mente cristiana «cambie» de nuevo a lo que siempre ha sido cierto desde la creación inicial, que es lo único que la convertirá en una religión universal (o verdaderamente católica). El Cristo Universal fue una idea demasiado grande, un cambio demasiado monumental para la mayor parte de los primeros dos mil años. Los humanos preferimos ver las cosas en partes anecdóticas o históricas, incluso cuando tal visión conduce a la incoherencia, la alienación o la desesperanza.

Cada religión, cada una a su manera, está buscando una puerta de entrada, el conducto, el Sacramento, el Avatar, el dedo que apunta a la luna. Necesitamos a alguien que nos sirva de modelo y ejemplo para el viaje desde la encarnación física, a través de una existencia humana más bien ordinaria, mediante las pruebas y la muerte, y hacia una Presencia Universal ilimitada por el espacio y el tiempo (que llamamos «resurrección»). La mayoría de nosotros conocemos del Jesús que camina este viaje, pero muchos menos sabemos que Cristo es la manifestación colectiva y eterna de lo mismo ―y que la imagen «del Cristo» nos incluye a todos y a todo. Pablo se sintió abrumado por este reconocimiento, y lo convirtió en el núcleo de todo su mensaje. Mi esperanza es que este cambio de paradigma se vuelva obvio para ti.

Jesús puede mantener unidos a un grupo o a una religión.
Cristo puede mantener unido a todo.

De hecho, Cristo ya hace esto: somos nosotros quienes nos resistimos a tal compleción, como si en parte disfrutáramos de nuestros argumentos y divisiones. Aun así, a lo largo de las Escrituras, se nos dieron declaraciones como estas:

  • «Cuando todo se reconcilie en él... Dios será todo en todos» (1 Corintios 15:28).
  • «Hay un solo Cristo. Él es todo y está en todo» (Colosenses 3:11)
  • «Toda plenitud se encuentra en él, a través de él todas las cosas son reconciliadas, todo en él, todo en el cielo y todo en la tierra» (Colosenses 1:19-20).

Esto no es herejía ni universalismo ni una versión barata del unitarismo. Este es el Cristo Cósmico, que siempre fue, que se encarnó en el tiempo y que todavía se está revelando. Hubiéramos ayudado mucho más a la historia y a los individuos si hubiéramos pasado nuestro tiempo revelando cómo Cristo está en todas partes, en lugar de demostrar que Jesús era Dios.

Pero las grandes ideas llevan tiempo en asentarse.

Notas:
  1. Stendahl, Krister en “The Apostle Paul and the Instrospective Conscience of the West”. Harvard Theological Review 56, No. 3 (1963), 199-215. Para mí este trabajo académico es la clave para entender cómo los últimos quinientos años malentendimos e individualizamos en gran medida el mensaje de Pablo. N. T. Wright llevará este argumento incluso más lejos en su maravilloso y monumental estudio de Pablo.
  2. Rohr, The Naked Now, and Just This (cac.org, 2017), un libro de breves indicaciones y prácticas espirituales. Ambos desarrollan esta idea clave.
  3. Rohr, The Divine Dance.