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Extractos - Peter Fenner

La naturaleza paradójica de la consciencia
incondicionada

Por Peter FennerExtracto de: mente radiante
Consciencia incondicionada

La consciencia incondicionada es un estado de consciencia que contiene todas las formas o estructuras de experiencia y va más allá de las mismas. A veces también se conoce como «el origen de la consciencia», porque es aquello de lo cual todo parece surgir y a lo que parece volver. Cuando descansamos en la consciencia incondicionada, no necesitamos nada, no se puede ir más allá. En la consciencia incondicionada, no hay problemas o soluciones, porque no falta nada. No puede volverse mejor, porque no hay mejor ni peor. No hay apego ni aversión ―ni nuestra tendencia natural a aferrarnos al placer o a resistir el dolor―, porque ya no hay apego ni rechazo a lo que quiera que surja en nuestra experiencia.

Para describir más claramente la consciencia incondicionada, puede ser útil contrastarla con la mente condicionada. Por supuesto, para identificar de esta manera la consciencia incondicionada, también necesitamos darnos cuenta de que no estamos identificando la consciencia incondicionada como una cosa. Contrastes y comparaciones existen únicamente en la mente condicionada. La consciencia incondicionada no puede ser comparada con nada, esto es un hecho que la hace única. Si puedes aceptar que un intento de llegar a conocer la consciencia incondicionada de esta manera no tiene ningún sentido lógico, entonces tienes un sentido de la consciencia incondicionada.

La mayoría de nosotros operamos la mayor parte del tiempo desde unas mentes condicionadas, si es que no lo hacemos continuamente. Es la mente que siente que falta algo y busca soluciones, remedios y estrategias para solventar sus problemas. La mente condicionada opera enteramente sobre la base de preferencias, aprobación y desaprobación; busca evitar el dolor y maximizar el placer. La mente condicionada intenta mantener las experiencias que juzgamos como «buenas» y rechaza las experiencias que juzgamos como «malas», y cree que la felicidad es el fruto de alinear nuestras experiencias con nuestras preferencias. Cuando nuestras experiencias y nuestras preferencias están desalineadas, lo experimentamos como un problema, y la mente condicionada intenta solucionarlo formulando una estrategia para resolver el problema. Normalmente, esto supone cambiar nuestra situación, nuestra manera de pensar, nuestros sentimientos, nuestras relaciones o nuestras circunstancias materiales. Entonces experimentamos un periodo de alivio del problema, pero la práctica de juzgar nuestras experiencias de acuerdo con nuestras preferencias es tan habitual que pronto nos encontramos con otro problema que resolver. De esta forma, lo que yo he escrito y lo que tú has leído ¡son productos de la mente condicionada! De hecho, es la mente condicionada la que te ha llevado a comprar este libro.

La consciencia incondicionada es un estado no dual de conciencia, lo que significa que incluye todos los fenómenos y experiencias, sin excepción. Si alguna experiencia es excluida o se le opone algún tipo de resistencia, el estado es, por definición, dualista en lugar de no dual. Esta cualidad no dual inevitablemente abarca la paradoja, esto es, la posibilidad de que algo pueda ser al mismo tiempo tanto verdadero como falso, bueno y malo, estar presente y ausente. Al contrario que la experiencia de la mente condicionada, la consciencia incondicionada nos permite permanecer pacíficamente y sin alteraciones en medio de la paradoja y la ambigüedad. Nuestras preferencias habituales acerca del orden, las estructuras, las categorías y los conceptos no existen cuando descansamos en esta consciencia no dual.

En Occidente, si percibimos que nuestros pensamientos se contradicen, nos avergonzamos o preocupamos por nuestra falta de claridad o racionalidad. En Oriente, la paradoja es bienvenida porque muestra a la mente sus propios límites, que nos abren a la posibilidad de experimentar lo que yace más allá de nuestra corriente mental convencional. Las tradiciones místicas orientales se mueven con fluidez en este campo de la paradoja sin que haya vergüenza ni angustia. La experiencia les dice que la consciencia incondicionada solo puede ser descrita a través de la paradoja o la contradicción, por lo que puedes esperar encontrarte con la paradoja una y otra vez en cualquier discusión sobre la consciencia incondicionada.

Cuando estamos descansando en la consciencia incondicionada, nuestro condicionamiento ―nuestra edad, sexo, historia, educación, condición física y situación financiera― ya no son una limitación. Nos encontramos íntimamente conectados con todo, tanto en nuestro interior como a nuestro alrededor, aunque estamos más allá de la posibilidad de poder ser molestados de algún modo. Trascendemos el sufrimiento, no porque nuestros problemas se hayan solucionado, sino porque experimentamos un nivel de consciencia en el que no falta nada, una manera de ser que no depende de nuestras condiciones mentales, ni de las condiciones de nuestro cuerpo, ni de nuestras condiciones de vida.

La experiencia de la consciencia incondicionada nos lleva fuera del círculo de las respuestas reactivas y de las emociones, conectándonos con la naturaleza de nuestra mente como consciencia pura, sin contenidos, sin estructurar. Permanecemos con nosotros mismos de una forma totalmente natural y carente de esfuerzo. En la tradición Vajrayana del budismo, esta experiencia se denomina invencibilidad o indestructibilidad. Mientras aceptamos totalmente nuestra existencia finita y condicionada, descansamos en un nivel de consciencia que no puede ser dañado o degradado por la presencia de ningún pensamiento, sentimiento o sensación.

Al igual que la experiencia de la consciencia incondicionada es la meta última de todo esfuerzo humano, también es el fruto último del camino espiritual. Cuando no hay nada más que realizar u obtener, nada que falte en nuestra experiencia del ahora, ni aferramiento ni aversión, ningún deseo de que las circunstancias sean diferentes a como son ahora, hemos logrado la plenitud descrita por los grandes maestros y sabios cuando hablan sobre el autoconocimiento, la ausencia de ego, la consciencia pura o la sabiduría perfecta. Nuestra experiencia es idéntica a la suya, y podemos saber esto con absoluta certeza porque la experiencia es precisa e identificable. Es la única experiencia que es totalmente abierta, sin estructura y sin contenido, por eso a veces se conoce como «sabiduría sin contenido».

Para mí, tal vez lo más notable de esta experiencia es la certeza con la que podemos identificarla. Aunque al trascender la cultura y la localización, también conecta a la gente a través del tiempo y del espacio, y de una generación a otra. Es el linaje susurrado del Dzogchen, la transmisión especial más allá de los textos del zen y la transmisión sin contenido del Prajnaparamita del budismo Mahayana. Lo que es único en todas estas formas de transmisión es el hecho de que no tienen contenido. Son la transmisión directa o la transferencia de la experiencia de la consciencia incondicionada de una corriente mental a otra.

Muchas veces usaré los términos «experiencia» o «estado» cuando hable de la consciencia incondicionada. Recurro a estos términos de la misma forma que otros hablan de la experiencia del nirvana o la iluminación o de la experiencia de no mente. Pero, por favor, no te aferres a estos términos. La consciencia incondicionada no es una experiencia que le suceda a alguien. Tampoco es un estado de consciencia, porque no es algo que pueda ser contrastado con ninguna otra cosa. No es un estado biológico. Es por eso por lo que a menudo volveré a decir que es «nada». Pero, por supuesto, tampoco es «nada».

Consciencia Incondicionada y Mente Radiante

La mente radiante surge cuando descansamos en la consciencia incondicionada y permitimos que irradie a través de la totalidad de nuestra existencia condicionada, aportando paz, sabiduría y amor a todo lo que experimentamos. La mente radiante es la integración de la consciencia incondicionada en el cuerpo-mente condicionado, transformando de forma gradual el cuerpo-mente durante el proceso. Cuando lo incondicionado se refleja inundando y perfumando el sabor y la calidad de nuestra experiencia diaria, experimentamos la mente radiante.

En la tradición Dzogchen, la experiencia de la irradiación es comparada con una luz transparente (lo incondicionado) que refracta a través de un prisma (la mente radiante) que permite que surja y se ilumine la infinita riqueza y diversidad de lo condicionado del universo manifiesto. Cuando vives en la mente radiante, te experimentas a ti mismo como un ser humano único y, al mismo tiempo, descansas en una expansión unificada de conciencia no condicionada y gozo.

Profundizar y expandir la experiencia de la consciencia incondicionada

La experiencia no dual puede ser descrita en términos de tres parámetros: pureza, profundidad y duración. Por pureza, quiero decir la ausencia de estructuras condicionadas de comprensión e interpretación. Por profundidad, me refiero al punto hasta el que lo incondicionado inunda o influye nuestra existencia condicionada. Por duración, me refiero al tiempo que podemos permanecer en ese estado.

Paradójicamente, cuando estamos realmente descansando en la experiencia de la consciencia incondicionada, ninguno de estos parámetros tiene ningún sentido. De hecho, simplemente no tienen aplicación. La experiencia de la consciencia incondicionada no puede ser pura o impura, porque no tiene estructura. No puede ser profunda o superficial, porque no es como el océano; es más como el espacio puro, sin ningún punto de referencia. Y no se puede hablar de ella en términos de duración, porque no surge ni se desvanece. Al no ser algo, no puede llegar a ser, ni puede decirse que exista o que no exista.

Pero en el nivel donde parece que hay algo que necesitamos hacer ―que es el nivel donde la mayoría de nosotros nos encontramos la mayor parte del tiempo―, podemos hablar cómodamente acerca de purificar, profundizar y expandir la experiencia de la consciencia incondicionada. El sendero a la completa iluminación avanza generalmente de un estado de consciencia condicionada muy pesado, en el cual el apego y la aversión son la norma de nuestro comportamiento, hasta un destello inicial de consciencia incondicionada, a repetidos picos de experiencia de la consciencia incondicionada que van influyendo de forma creciente en nuestra consciencia condicionada. Este sendero culmina finalmente en una libertad total carente de patrones condicionados y en un descanso ininterrumpido en el estado de consciencia no dual.

Gráfico 1

El gráfico anterior ilustra esta progresión. Las ondulaciones blancas de arriba representan la experiencia de la consciencia incondicionada que se vuelven cada vez más largas y penetran más profundamente en nuestra consciencia condicionada.

Pureza

Con pureza nos referimos al punto hasta el cual nuestra experiencia está libre de estructuras, es decir, de sentimientos, pensamientos, cogniciones e interpretaciones. La mayoría de estados mentales ordinarios están fuertemente estructurados, soportando un grueso revestimiento de ideas, creencias y emociones que oscurecen la experiencia clara y directa de lo que está ocurriendo momento a momento. Otros estados mentales están estructurados con mayor ligereza, en el sentido de que el revestimiento o velo es más sutil o traslúcido. La mayoría de las experiencias espirituales pertenecen a esta categoría: por lo general, están ligeramente estructuradas por sentimientos de calma y gozo, ideas de trascendencia o vislumbres acerca de la naturaleza de la realidad. Pero, no obstante, están estructuradas.

En cambio, la consciencia incondicionada no tiene estructura; es pura, no fabricada, no manipulada, consciencia sin contenido dentro de la cual todo surge tal como es. En nuestro trabajo, necesitamos ser capaces de distinguir entre la experiencia estructurada y la que carece de estructura. De lo contrario, podríamos pensar que estamos experimentando la consciencia incondicionada cuando, de hecho, estamos experimentando un estado mental ligeramente estructurado en el cual todavía nos identificamos con ciertos pensamientos espirituales o sentimientos; por ejemplo, pensando que sabemos lo que está ocurriendo, o disfrutando de una sensación de apertura y gozo.

Si una experiencia está estructurada, la podemos perder, porque hay algo que perder: una idea, una interpretación, una sensación. Por ejemplo, una sensación de gozo o un vislumbre de despertar puede ir y venir. Pero nunca podemos perder la experiencia no estructurada de la consciencia incondicionada, porque está vacía de contenido. Hablando estrictamente, no es una experiencia en absoluto, sino la base o el espacio en el cual todas las experiencias tienen lugar. Cuando estamos verdaderamente descansando en la consciencia incondicionada pura, no podemos ser perturbados por ninguna experiencia, independientemente de lo difícil o dolorosa que sea.

Profundidad

La profundidad de la experiencia es una medida de la extensión con la que la experiencia influye o inunda nuestro condicionamiento. La profundidad puede ser examinada en nuestra tendencia a salir de la consciencia incondicionada y volver al estado de consciencia condicionada. Cuando nos estamos apoyando en la experiencia, tenemos cierta compostura o ecuanimidad, en la que no estamos intentando rechazar o sostener algo. Sin embargo, en cierto momento, un detonante de algún tipo nos saca de la experiencia. Por lo general, esta salida de la experiencia es provocada cuando ocurre algo que pensamos que no debería ocurrir.

Si tenemos alguna preferencia por acceder a ese estado mediante el silencio o mediante la meditación, el detonante puede darse cuando alguien habla, entra en la habitación o se levanta de su silla. O simplemente podemos pensar: «¡Esto es fenomenal!» y vernos inmediatamente encerrados en una estructura o atrapados en la experiencia misma. Entonces habremos salido de la consciencia incondicionada.

Si estamos apegados a la experiencia de la consciencia incondicionada, puede que intentemos evitar desafíos o experiencias dolorosas que puedan detonar la reacción de que esto no debería estar ocurriendo. Pero ese intento de evitar o de resistir degrada inmediatamente la experiencia, porque no podemos evitar simultáneamente nuestro condicionamiento y estar presentes en el estado de consciencia no dual. Resulta natural entrar y salir de la experiencia de consciencia incondicionada. Dándonos cuenta de los detonantes que nos pueden sacar de ese estado ―reconociéndolos sin juzgarlos o desdeñarlos―, a menudo podemos volver inmediatamente a la experiencia.

Mientras nos familiarizamos progresivamente con la experiencia de la consciencia incondicionada, encontramos que podemos permanecer presentes mientras ocurren eventos que previamente nos hubieran sacado de la experiencia. Aquellos que prefieren la meditación pueden incrementar su capacidad de estar presentes en conversaciones o actividades sin tener que pensar necesariamente que esos eventos deberían o no deberían estar ocurriendo. Cuando alguien entra en la habitación o hace o dice algo, no nos interrumpe o molesta lo más mínimo. Mientras la experiencia de la consciencia incondicionada se profundiza y estabiliza, los eventos que antes suponían un desafío son gradualmente incluidos en la ecuanimidad y la imperturbabilidad que caracteriza este estado.

Inicialmente, podemos disfrutar de la experiencia de la consciencia incondicionada por breves momentos. Al familiarizarnos con la experiencia y encontrar el acceso más fácil, gradualmente iremos disfrutándola por periodos de tiempo cada vez más largos. La iluminación completa es la experiencia permanente e ininterrumpida de la consciencia incondicionada a su nivel más profundo. Ningún evento concebible podría provocar el pensar: «Esto debería o no debería estar ocurriendo». Sin embargo, la iluminación completa es un ideal, y tener esa meta como fijación nos supondría simplemente esforzarnos por algo al margen de nuestra experiencia presente, lo que paradójicamente socavaría la experiencia de la consciencia incondicionada.

El enfoque que yo recomiendo es el de cultivar ese estado de consciencia sin intentar controlarlo o esforzarse por ello. Cuando dejamos que la consciencia incondicionada haga su trabajo, a su propia y sutil manera, nos encontramos con que inunda las diferentes capas de nuestro condicionamiento. Cuanto más nos familiarizamos con la consciencia incondicionada, más rápidamente inunda nuestra experiencia, sin necesidad de ningún trabajo por nuestra parte.

Duración

Esta es la dimensión más fácil de comprender. Duración significa simplemente la cantidad de tiempo que empleamos descansando en la consciencia incondicionada. Puede variar desde simplemente unos segundos al principio, aumentando gradualmente a varios minutos y luego a una hora o más. A veces la gente tiene auténticas experiencias que son un salto adelante, como un satori, en la que pueden descansar en la no mente durante algunos días o incluso varias semanas. En general, es mejor no dar demasiada atención a cuánto tiempo pasamos en la consciencia incondicionada. Pero, si nos aplicamos en este tipo de trabajo, podemos notar, con el paso de los años, que somos capaces de estar más tiempo en la mente radiante y que podemos descansar y funcionar desde ella.

Desarrollar un instinto para volver a casa:
familiarizarse con la consciencia incondicionada

Cuanto más tiempo pasamos descansando y disfrutando de nuestra naturaleza última, más profundamente apreciamos y atesoramos la experiencia, y de forma más natural y espontánea gravitamos de vuelta a ella. En otras palabras, desarrollamos un instinto de vuelta a nuestro hogar. Cuando surgen las oportunidades de dejar marchar nuestras preocupaciones y nuestras inquietudes diarias, nos encontramos moviéndonos sin esfuerzo y sin resistencia dentro de un modo de ser más abierto, que carece de estructuras y en el que hay más aceptación. Al valorar la profunda paz y el alimento espiritual que obtenemos al permanecer en la consciencia incondicionada, no desperdiciamos el tiempo en distracciones insignificantes o en intelectualizaciones superficiales. Nuestros valores y prioridades cambian naturalmente, y crecemos en nuestra capacidad de aceptar más libertad, amor y felicidad en nuestra vida.

Trabajo no dual y consciencia incondicionada

Como he mencionado antes, otro término que ha sido empleado para referirse a la consciencia incondicionada es «experiencia no dual». La no dualidad es la experiencia de que nosotros, como seres finitos e individuales, somos, en nuestra esencia más profunda, indivisibles de la expansión infinita de la consciencia incondicionada y del gozo.

La enseñanza no dual ha sido, de hecho, practicada en Asia durante unos tres mil años. Ha sido frecuentemente venerada como la cima de la espiritualidad oriental y fue considerada por muchos maestros y sabios como el método más efectivo para transformar la mente en una fuente permanente de sabiduría, amor y gozo. Estos antiguos maestros y yoguis aplicaron una variedad de métodos basados en el enfoque no dual y diseñados para purificar el cuerpo, la mente y el alma, y llevar a los practicantes a su potencial más alto.

En India, China y Tíbet, se practican muchas formas diferentes de instrucción no dual. Algunas están diseñadas para usarse en privado como autoaprendizaje, sin la guía de un maestro. Otras son practicadas en grupo o bajo la guía directa y cercana de un maestro. El trabajo individual interior generalmente usa métodos de meditación sutil para disolver las limitaciones conceptuales y las emociones aflictivas de los practicantes. El trabajo interactivo toma habitualmente la forma de diálogos entre el maestro y el estudiante. Todos estos enfoques comparten la misma meta: la eliminación del sufrimiento y el cultivo del amor aceptando y trascendiendo nuestro modo de existencia condicionada. Presentaré métodos que pueden ser usados como «trabajo interior» y otros que pueden ser usados por compañeros, amigos y colegas.

El poder curativo de la consciencia incondicionada

En el budismo, a la experiencia de la consciencia incondicionada se la denomina «medicina definitiva». Otros tipos de medicina, esto es, otros tipos de sanación, tienen limitaciones. Sirven para unas personas y no para otras, e incluso entonces, solo durante algún tiempo. Universalmente, la medicina definitiva es sanación. Cada mente tocada por la experiencia de su naturaleza incondicionada es llevada cerca de la experiencia de la libertad genuina, lo que, después de todo, es la sanación última.

La consciencia incondicionada es sanadora de diferentes maneras. Cuando descansamos en la consciencia incondicionada, ya estamos sanados, en el sentido de que somos incapaces de preocuparnos por nuestros problemas, no importa lo aparentemente serios que sean. Esto no significa que no tomemos las acciones apropiadas para curarnos de una enfermedad o para resolver una dificultad financiera. Pero cuando descansamos en la consciencia incondicionada, estamos libres de la tendencia habitual a interpretar que algo está equivocado o que algo falta. Estamos satisfechos con las cosas tal como son. En lugar de necesitar que nuestras circunstancias sean diferentes para poder sentirnos felices o realizados, ya somos felices y estamos completos en ese momento. A ese nivel, la consciencia incondicionada actúa como una fuerza sanadora, porque penetra y disuelve la base de toda enfermedad, concretamente, la creencia de que estamos enfermos. Puede que todavía tengamos un cuerpo enfermo o problemas de crédito, pero ya no estamos luchando contra nuestra condición. No importa cuáles puedan ser nuestras condiciones físicas y mentales, ya no podemos experimentarnos más como si estuviéramos dañados o limitados de alguna manera. No estamos en un estado de negación; si acaso, somos más conscientes de nuestras circunstancias. Pero no nos relacionamos con ellas como si no debieran estar ocurriendo. Cuando descansamos en la consciencia incondicionada, estamos en nuestro hogar y en nuestro mundo sin ningún tipo de esfuerzo ni artificio.

En el trabajo no dual, los practicantes llegan a un punto en el que no queda nada por hacer, no porque hayan alcanzado el límite de la competencia de su maestro o agotado la capacidad de un método terapéutico, sino simplemente porque encuentran imposible construir un problema. No tienen energía o interés en crear limitaciones o deficiencias. Incluso la creencia de que tendrán que sufrir en el futuro carece de significado, porque, en la consciencia no dual, el sufrimiento futuro es experimentado simplemente como lo que es, un pensamiento.

La experiencia de la consciencia incondicionada también produce la sanación filtrándose a través de las capas de nuestros condicionamientos habituales y cambiando su estructura, disolviendo fijaciones y apegos, e incluso posiblemente produciendo una reorientación radical de nuestra experiencia de la realidad. Desarrollamos más claridad, más apertura, y nos volvemos menos reactivos y defensivos; y, por lo tanto, más capaces de liberar nuestros miedos e inseguridades.

El yoga de la tradición budista describe este proceso como la «transformación (paravrtti) de los fundamentos estructurales de nuestro ser (asraya). A través del contacto con la dimensión pura e incondicionada de la existencia, las energías y mecanismos que condicionan nuestra vida pierden su poder para distorsionar nuestra experiencia y causarnos sufrimiento. Otras tradiciones de la no dualidad describen de qué manera la experiencia de la consciencia incondicionada va inundando la mente incondicionada como un perfume dulce o una brisa balsámica.

No podemos predecir cómo se va a desarrollar este proceso de disolución de los condicionamientos, ocurre a su propio paso y ritmo. A veces, de una manera suave y gentil, a veces de una manera abrupta y tempestuosa. A veces podemos tener incluso la impresión de estar volviendo a una etapa anterior de nuestro desarrollo que pensábamos que habíamos completado. Cada uno de nosotros es infinitamente complejo y nuestro camino hacia la evolución total es único y a veces misterioso.

Trascendencia encarnada: un enfoque integrado

Este enfoque hacia la sanación está alineado estrechamente con el linaje Sutra de las tradiciones Dzogchen y Mahamudra del budismo tibetano, en los cuales la consciencia incondicionada se cultiva en medio de la existencia diaria. Este enfoque se posiciona en contraste con otros linajes y tradiciones, en los que la experiencia de la consciencia incondicionada es buscada alejándose de los compromisos mundanos y permaneciendo en largos retiros.

En la enseñanza no dual, las dimensiones condicionada e incondicionada del ser son integradas en cada momento. Cultivaremos la consciencia incondicionada mientras permanecemos totalmente involucrados con las complejidades y los compromisos de nuestro trabajo, relaciones y estilo de vida. La estructura de nuestra personalidad será el sendero para revelar la naturaleza que trasciende el aspecto personal del ser mismo. Cada hábito de comportamiento, cada matiz de nuestro pensamiento, es una ventana que puede revelar la consciencia incondicionada. En el zen, se dice que se entra en la consciencia incondicionada a través de la puerta sin puerta. La puerta no tiene puerta, no solo porque no haya puerta, sino también porque la puerta está siempre exactamente donde nosotros estamos. En el enfoque no dual, no hay ningún esfuerzo, lucha o necesidad de escapar de donde estamos. De hecho, cualquier intento de resistir o escapar de nuestro condicionamiento nos impide experimentar nuestra naturaleza incondicionada. Cada aspecto y dimensión de nuestra experiencia se revela como una expresión exquisita de libertad y trascendencia.