Ruta de Sección: Inicio > Artículos > Entrevistas> Artículo

Artículos - Steve Taylor

Conectados o desconectados

Entrevista a Steve Taylor por Aurelio Álvarez Cortez 16 de junio de 2023

La renovada visión del psicólogo transpersonal Steve Taylor sobre la naturaleza humana y los problemas sociales

Steve Taylor

Profesor titular de Psicología de la Universidad de Leeds Beckett y autor de varios libros sobre psicología y espiritualidad, Steve Taylor preside la Sección de Psicología Transpersonal de la Sociedad Británica. También ha participado recientemente en el Congreso “Conciencia en comunidad”, en Madrid, organizado por la Fundación Claudio Naranjo. Aprovechamos su visita para hablar sobre su libro “Desconectados. Las raíces de la crueldad humana y cómo la conexión puede sanar el mundo”, que ha publicado la editorial La Llave.

 

Bondad y maldad, a los que se refiere al explicarlos como resultado de una conexión o desconexión psicológica, se ven extremadamente amplificadas hoy a través de las redes y medios de comunicación. Parece que la información abunda, pero la madurez psicológica escasea.

Estoy totalmente de acuerdo y además tenemos que pensar que la comunicación no es lo mismo que la conexión porque Internet permite a las personas comunicarse, pero no aporta una verdadera conexión. La conexión sucede cuando tenemos a dos personas que están interactuando entre sí de forma presencial.

¿Cuál es la base de la conexión entre los humanos?

Los seres humanos están intrínsecamente conectados en su nivel más íntimo, más profundo. Sin embargo, cuando hablamos de la mente y del ego, allí es donde se produce la desconexión porque lo que ocurre es que los seres humanos se encierran en sus propios pensamientos, en sus propias maneras de ver las cosas, y es así como llega la desconexión.

Biológicamente podemos sentirnos separados unos de otros. ¿Hay un error de percepción?

Sí. En el nivel de la consciencia estamos constantemente interconectados. Sentimos empatía, compasión, aunque físicamente estemos en cuerpos diferentes. Pero psicológicamente podemos llegar a estar desconectados cuando estamos en este nivel físico, allí es donde se produce la desconexión. Es decir, hay una desconexión psicológica.

En tu libro hablas de una tríada oscura de los rasgos de personalidad, integrada por la psicopatía, el narcisismo y el maquiavelismo. Ellos equivalen a los trastornos de desconexión. ¿Qué los origina?

Existe un vínculo muy fuerte entre la desconexión y los traumas infantiles. Cuanto más desconectada es una persona, y podemos hablar de directores corporativos de empresas, políticos, etcétera, más traumática suele haber sido su infancia. Han estado expuestos en su infancia a una falta de conexión emocional, sobre todo con la madre.

Portada Desconectados
Portada del libro de Steve Taylor, “DesConectados” (*).

Señalas dos polos y en ambos extremos sitúas a los hiperconectados y a los hiperdesconectados. ¿Depende solo de nuestros traumas infantiles donde nos ubiquemos más hacia uno u otro lado?

En parte, sí, hay una relación, pero la conexión o la desconexión también fluctúa según nuestro estado de ánimo. Es decir, si estamos cansados, estresados, etcétera, estamos más desconectados. Sin embargo, cuando nos sentimos relajados, contentos, estamos más conectados.
Y hay vías de desarrollo que nos conducen a la conexión, una de ellas es la espiritualidad, una gran vía para la conexión.

Las personas hiperconectadas en términos espirituales son las llamadas despiertas. No vienen a pedir, sino a dar, a contribuir, desde la empatía y la compasión. ¿Ellos indican el camino anhelado para transitar estos tiempos?

Sí. Todos los maestros espirituales del pasado, Buda, Jesús, el maestro Eckhart, enseñan lo mismo: esa posibilidad de trascender y la capacidad de reducir el sufrimiento mediante el trascender la separación, que significa que cuando más conectados estamos, menos sufrimos.

¿Cómo impactó, en este aspecto, la pandemia, con sus efectos, las restricciones impuestas?

De algún modo, ha habido personas durante la pandemia que han acabado más conectadas. Pasaban más tiempo en soledad, más inactivas, y de esta forma se conectaban más consigo mismas. Sin embargo, por otro lado, hemos visto el efecto contrario, personas más desconectadas debido al sufrimiento. En cualquier caso, hay una serie de estudios que ahora demuestran que la pandemia ha derivado en un crecimiento postraumático.

Las tradiciones espirituales seguramente trabajan por la conexión, pero ahora mismo, cuando su influencia o bien se radicaliza o se diluye en un laicismo abrumador, ¿qué o quiénes lo hacen en su lugar, cultural o religiosamente?

Cada vez hay más personas que se dan cuenta de que la espiritualidad no pertenece a una religión, que no es parte de una tradición en concreto, si no que es algo que pueden encontrar en su vida diaria, y no necesitan seguir ninguna tradición en particular.

Por lo tanto, este espacio ahora está siendo tomado, ocupado, por las propias personas que están explorando la espiritualidad fuera de las grandes tradiciones. De hecho, hace dos años escribí un libro, titulado “Despertares extraordinarios”, que se refiere a este tema: ¿cómo podemos encontrar esa espiritualidad fuera de las tradiciones?

La patocracia (actitud de hipocresía y desprecio mostrada por las acciones de la clase dirigente hacia los ideales que dicen seguir, y hacia los ciudadanos que dicen representar), en su opinión, es uno de los mayores problemas que ha habido en la historia de la especie humana. ¿Por qué?

Las personas que están muy desconectadas, que llamo hiperdesconectadas, poseen un tremendo deseo de poder porque están muy separadas, y siempre tienen esa sensación de incompletitud, de que les falta algo. Por eso lo intentan compensar acumulando poder y riqueza, y justamente este deseo los lleva al camino de la política y a convertirse en líderes.

¿Por qué resultan tan atractivos los líderes desconectados, tanto en el campo de la espiritualidad o la religión como en el de la política? Dices que su valor aparente no es más que un vacío emocional.

Sí. Estas personas tienen unos rasgos muy narcisistas y psicópatas. Por otro lado, no poseen la inhibición humana habitual que se traduce en un sentimiento de culpa, temor o vergüenza, por ejemplo. Ellos aparentan ser personas muy fuertes, con una gran capacidad de decisión, y esto provoca admiración y envidia en otros que piensan “¡guau!, a mí me gustaría ser tan fuerte, asertivo y decisivo”.

En segundo lugar, estas personas hiperdesconectadas cultivan el encanto, el carisma, para poder manipular al resto. Y hay un tercer motivo. A la masa le gusta delegar la responsabilidad en estas figuras paternales, de la misma manera que delegaban la responsabilidad en sus padres, figuras protectoras que cuidaban de ellos. De este modo podemos hablar de un retorno a esta idea de protección parental que se tiene en la infancia.

Citas también la relación entre desconexión y criminalidad. ¿Aquí qué rol cumple un hábito que hasta cierto punto se tolera en la sociedad como es el consumo de drogas, blandas y duras?

Lo que consiguen las drogas es una sensación de huida, escapar. Pero no tanto de la realidad, sino del descontento interior que tenemos. Las drogas hacen que continúe esa desconexión.

Como especie, ¿de qué modo hemos transitado este proceso de conexión y desconexión a lo largo de la historia? ¿Alguna vez estuvimos más conectados y nos desconectamos colectivamente a partir de algún hecho significativo?

Si miramos hacia atrás, a la prehistoria, el modo normal entre los seres humanos era un modo de conexión. Es decir, los seres humanos se organizaban en pequeños grupos democráticos e igualitarios. Y hoy en día vemos que siguen existiendo pueblos que continúan estos mismos principios de igualdad y conexión con la naturaleza.

En los últimos doscientos años podemos decir que hay un movimiento hacia la conexión. La europea es una sociedad más igualitaria y más democrática. Hay una mayor apertura en temas como la sexualidad, por ejemplo.

Afirmas que la empatía profunda, siento lo que el otro siente, es una experiencia espiritual. ¿Es una píldora sanadora de la falta de conexión?

Sí, de hecho, en el Reino Unido, en el sistema judicial existe un programa de justicia restaurativa cuyo objetivo es que las víctimas puedan reunirse con los ofensores para que estos conozcan de primera mano el sufrimiento que han causado.

Entonces, al conocer ese sufrimiento y conectar con él, empiezan a sentir empatía por las víctimas. Es como si se les encendiera una lucecita en la mente, y eso es una experiencia sanadora, que implica que esa persona que cometió un crimen no vuelva a reincidir porque ya tiene ese punto de conexión y empatía.

¿Habría algún ejemplo cercano, actual, que pueda compararse con el tándem Gandhi – Hitler que presentas en el comienzo de su libro? Porque hay una guerra aquí mismo, a las puertas de la Europa actual…

Posiblemente, pero también es cierto que las cartas que Gandhi dirigió a Hitler no funcionaron y tampoco lo harían con Putin. Gandhi era ingenuo en el sentido en que apelaba al sentido de humanidad de Hitler, pero ni este ni Putin lo tienen. Entonces, ¿qué se puede hacer? Apelar a su sentido de la razón porque pueden ser personas inteligentes y se puede intentar hacerles conscientes de que no tiene sentido alguno seguir causando destrucción. De hecho, una de las frases favoritas de Gandhi era “lo que se consigue con el ojo por ojo es que todo el mundo acabe ciego” y que la violencia es un círculo vicioso sin fin.

¿Hay motivos para ser optimistas en cuanto al futuro?

Sí. Tal y como he comentado antes, en los dos últimos siglos hemos visto ese lento movimiento hacia la conexión, es la dirección que está siguiendo la historia. Y en eso consiste el progreso social, en general. Significa moverse a una mayor conexión. Sin embargo, esos rasgos tan potentes de la desconexión que se manifiestan, por ejemplo, en las sociedades patriarcales o en los daños al medio ambiente, ahora, como ven este movimiento hacia la conexión, intentan reforzarse y por eso nos estamos encontrando con un resurgimiento de las fuerzas políticas de extrema derecha. Pero al final van a perder porque el destino de la historia es moverse hacia la conexión.

Realmente existe un potencial de poder vivir un futuro armonioso, porque la raza humana en su esencia está conectada. Los seres humanos son seres conectados, tenemos que descubrir esa conexión dentro de nosotros mismos.