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Artículos - Andrew Cohen

Los cinco preceptos de la Iluminación Evolutiva

Por Andrew Cohen Conciencia Integral
Andrew Cohen

El primer precepto: Claridad de Intención. Es la base de una vida espiritual auténtica. Sostiene que para lograr liberarnos del miedo, la ignorancia y el autoengaño no debemos tener ninguna duda de que queremos ser libres ahora más que cualquier otra cosa.

No tener dudas significa estar comprometidos no solo filosóficamente, sino más que nada emocionalmente. Esta transformación depende en ultima instancia de nuestra convicción emocional. Esto significa que aún bajo la presión en estados emocionales desafiantes como miedo, confusión, frustración o deseo no dudamos de cuál es la meta. El gran vuelco es llegar a un punto de nuestra evolución en el cual queremos ser libres aún más de lo que queremos encontrar alivios pasajeros.

El primer precepto es muy sencillo pero sus implicaciones son inmensurablemente radicales y profundas. Convertirnos en seres liberados, confiables, fuertes, íntegros y completos requiere un enorme salto. Este cambio es posible para cualquiera que esté realmente interesado, pero la convicción por detrás del esfuerzo debe ser irrompible y absoluta. Este es el núcleo del primer principio.

El Segundo precepto: La Ley de Volición. Nos dice que si realmente queremos ser libres debemos estar dispuestos a aceptar la responsabilidad por todo aquello que hacemos y por las consecuencias de todas nuestras experiencias pasadas.

La Ley de Volición se basa en el descubrimiento de que todos sabemos exactamente lo que hacemos. Entonces, como queremos ser libres más que cualquier otra cosa, tomamos la decisión conciente de dejar de ser víctimas. Si no podemos tomar responsabilidad por el hecho de que hemos sido heridos o traumatizados en el pasado, es inevitable que de alguna manera terminemos hiriendo o traumatizando a otros. ¿Por qué? Porque nos sentimos “victimizados”, sentimos que “no pudimos evitarlo”. El grado con el que nos medimos a nosotros mismos como víctimas es el grado con el que, sin lugar a duda, nos vamos a permitir hacer daño a otros. Pero cuando renunciamos al lugar de víctima internamente, la tendencia a actuar con ignorancia y egoísmo, de maneras que causen daño a otras personas disminuirá radicalmente. Si realmente queremos ser libres el segundo principio es un giro fundamental.

El tercer precepto es la esencia misma de la práctica espiritual: Afrontar Todo, No Evitar Nada. La relación “no iluminada” con la experiencia es básicamente lo opuesto: no afrontar nada y evitar todo. La mayoría de nosotros no parece aprender mucho de nuestras propias experiencias. No cambiamos mucho y la razón es muy simple: no prestamos real atención a las experiencias que estamos viviendo, por lo menos no en un nivel profundo. ¿Qué estamos haciendo realmente en la vida, aquí, ahora, en este mundo? ¿En las relaciones, en la forma como usamos nuestro tiempo? ¿Qué tan concientes somos de lo que realmente estamos haciendo? En general no somos concientes para nada, y debido a que somos como “extraños para nosotros mismos” actuamos con impulsos inconscientes produciendo estragos en todo nuestro entorno. Solamente prestando mucha atención podemos llevar la conciencia hasta los rincones mas sbscuros de nuestra psique. Si empezamos a prestar atención a todo lo que hacemos, porque queremos ser verdaderamente libres, empezaremos a tomar las decisiones correctas y dejaremos atrás las incorrectas. Y si realmente logramos afrontar todo y no evitar nada, empezaremos a actuar de una manera menos ignorante y egoísta, y así dejaremos de causar daño a otros.

Este precepto es un gran desafío para muchos. Somos tan narcisistas que no nos atrevemos a ver la verdad sobre nosotros mismos. Pero si queremos ser libres es ahí donde debemos encontrar la fuerza y la convicción para lograrlo. Afrontar todo y no evitar nada es la esencia misma de la práctica espiritual si queremos ser verdaderamente libres.

El cuarto precepto sostiene que: Cada aspecto de la experiencia humana es algo completamente impersonal. Nos dice que la esfera personal y esa noción narcisista personal que es el ego, se crean momento a momento a través de la personalización compulsiva y mecánica de cada pensamiento, sentimiento y experiencia que tenemos.

Personalizar significa decir “esto es mío, únicamente mío”. Entonces por ejemplo, si sentimos miedo lo personalizamos diciendo “este miedo es mío, únicamente mío”. Pero todos sentimos miedo en algún momento y lo que se siente es exactamente igual. Puede haber diferencias con respecto al grado de lo que sentimos pero el sentimiento de miedo en sí es el mismo. El punto es que existe una única experiencia de miedo. De la misma manera, cuando experimentamos sentimientos sexuales la sensación es exactamente la misma para todos nosotros. Nuevamente puede haber grados de intensidad, pero el sentimiento básico de esa experiencia es el mismo para todos. La impactante verdad es que toda la experiencia humana es un evento impersonal. Si miramos nuestra propia experiencia eso es lo que encontraremos. Empezaremos a ver nuestra experiencia personal como una expresión impersonal de algo universal.

Por eso, si queremos ser capaces de manejar el movimiento de nuestras mentes condicionadas, si queremos ser capaces de manejar la impredecible aparición y el pasaje de nuestras propias emociones, debemos empezar a tomar conciencia de la naturaleza impersonal de todo esto. Este es el momento en el cual empezamos a ver mas allá de la ilusión de nuestro “reino personal”. Empezamos a descubrir que somos todos partes de esta vasta erupción de vida, energía y conciencia que es el proceso evolutivo.

El quinto precepto apunta al mas elevado y mas completo contexto de la aspiración por liberarse. Este contexto es Por el bien de la Totalidad. ¿Por qué queremos ser libres con tanta pasión e intensidad? No es meramente por nuestra liberación individual. Es para lograr la transformación de todo el mundo, para llegar a iluminar a todo el universo, por la evolución de la conciencia misma. De repente nos empieza a importar la vida, lo que pasa a nuestro alrededor, empezamos a tomar conciencia del efecto que tiene cada uno de nosotros sobre el mundo. Y entonces la relación que elegimos tener con nuestra experiencia es la relación que tendremos con el mundo que nos rodea. ¿Por qué queremos ser libres entonces? Para el bien de todos los demás.

Es a través de este inmenso compromiso que encontraremos un sentido natural de dignidad como seres humanos. Y todo el egoísmo y el odio por nosotros mismos se dispersan y desaparecen radicalmente cuando esta dignidad natural emerge. En tanto y cuanto la motivación básica sea personal y egoísta la vida nunca va a tener un gran sentido. La experiencia humana solo tiene un sentido absoluto y perfecto cuando nuestra motivación ya no está centrada en nosotros mismos sino en una causa mayor.