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Libros - Manuel López Casquete

La tienda del encuentro
A Jesús por el camino del Silencio

La tienda del encuentro

Descripción:

Las páginas de este libro están escritas desde la convicción de que la oración es consustancial al seguimiento de Jesús. De entre los distintos caminos de oración que han llegado hasta nosotros, La Tienda del Encuentro nos ofrece adentrarnos en la oración de Silencio hasta las honduras de nuestro desierto interior.

La contemplación de la inmensidad del alma en el Silencio nos invita a experimentar el misterio de nuestra propia identidad: nuestra condición humana inseparable de nuestra filiación divina, el rostro de Jesús en lo más íntimo de nuestra humanidad.

Vivir la experiencia del Silencio en lo profundo de La Tienda del Encuentro puede suponer para nosotros una auténtica renovación interior. Ella nos invita a regresar a nuestra vida cotidiana transformados en constructores del Reino desde la fidelidad por el Evangelio de Jesús de Nazaret.

Manuel López Casquete
Manuel López Casquete de Prado

(Sevilla, 1974). Es licenciado en Derecho y trabaja como agricultor en Extremadura. En 1998 se vinculó a la Escuela de Silencio fundada por el dominico José Fernández Moratiel. A lo largo de estos años ha profundizado en la experiencia de distintas tradiciones de Silencio y contemplación. Es miembro de la Comunidad de Vida Cristiana - CVX, inspirada en el carisma de San Ignacio de Loyola. Es también autor de otros tres títulos publicados en esta Editorial: Subiaco, Regreso a la felicidad del Silencio y Las dos puertas.

Detalles del libro:
Título: LA TIENDA DEL ENCUENTRO
Subtítulo: A Jesús por el camino del Silencio
Autor: Manuel López Casquete
Editorial: Desclée De Brouwer
Año de edición: Febrero 2019
Nº de páginas: 96
Encuadernación: Rústica
Formato: 13 x 21
ISBN: 978-8433026231

Introducción

Las páginas que tienes ante ti, querido lector, están escritas desde la convicción de que la oración es consustancial al seguimiento de Jesús. El encuentro cotidiano con Él va transformando nuestro corazón, lo va abriendo más y más al misterio de lo trascendente y nos va haciendo más permeables a la acción de su Palabra.

En lo hondo de nuestra condición humana se encuentra escrita la huella de lo divino, la presencia de Dios que late y anima nuestro ser desde el principio de los tiempos. La oración nos abre a esta realidad profunda donde se encuentran toda la dicha y la plenitud de la presencia del Señor en nuestra vida.

Orar es buscar las huellas de Jesús en las arenas de nuestro corazón y dejar que ellas nos adentren en la espesura, como decía San Juan de la Cruz. En la oración buscamos su rostro. Buscamos encontrarnos con Jesús cara a cara y dejar que el aroma de ese encuentro transforme nuestra vida.

Como dice la Escritura, cada uno de nosotros es creado a imagen y semejanza de Dios; nuestra existencia es expresión de su amor y nuestro corazón alberga un manantial que salta hasta la vida eterna. La oración nos invita a encaminarnos hacia esa fuente interior y dejar que ella vaya empapando nuestro camino, calmando nuestra sed y transformando toda nuestra realidad. Día tras día, la oración va serenando nuestra existencia y la va haciendo más calmada y transparente. De este modo vamos abriendo paso al Señor en nuestra vida y lo infinito se va haciendo cada vez más presente en nuestra cotidianeidad.

La vivencia diaria de la oración, por tanto, es un camino de encuentro y de transformación. Ambas dimensiones, el encuentro y la transformación, son los dos momentos de una misma experiencia; tendremos ocasión de volver sobre ello.

El acervo espiritual de la humanidad nos ha legado muchos y muy diversos caminos de oración, y todo aquel que se sienta llamado a vivir este encuentro con el Señor está invitado a buscar el suyo. De entre esos caminos, en estas páginas nos centraremos en la experiencia del Silencio y en las posibilidades que puede ofrecernos a los cristianos.

La oración de Silencio, a la que Teresa de Ávila llamaba oración de quietud, nos invita a ir más allá de nuestro mundo intelectual y emocional. Se trata de una experiencia que busca el rostro de Dios en lo más profundo de nuestra interioridad. Un Dios, por tanto, que ya no es externo a nosotros, sino que da vida a la hondura más íntima de nuestro ser. La oración de Silencio pretende conducirnos al hondón del alma, como decía Taulero. Desde ahí, desde esa profundidad, podemos vivir el maravilloso y deslumbrante descubrimiento de un Dios que no es ajeno a nosotros.*

A lo largo de estas páginas, por tanto, trataremos de expresar en qué medida el Silencio puede suponer para el cristiano un camino de oración de una riqueza incalculable. Un camino que apunta hacia el más inabarcable de los misterios: nuestra identidad de hijos de Dios, nuestra estirpe divina.

* Al final de estas páginas se incluye un anexo que ofrece una metodología para vivir la oración de Silencio.

Selección de textos: