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Extractos - Eckhart Tolle

Conciencia

por Eckhart Tolle Extracto de: todos los seres vivos somos uno
Eckhart Tolle

El gozo del Ser es la alegría de ser consciente.

La conciencia ya es consciente. Es lo no manifestado, lo eterno. El universo, en cambio, solo se va volviendo consciente poco a poco. La conciencia en sí misma es intemporal y por lo tanto no evoluciona. No nació y nunca morirá. Cuando la conciencia se convierte en el universo manifestado, parece estar sometida al tiempo y experimentar un proceso evolutivo. Ninguna mente humana es capaz de comprender plenamente la razón de este proceso. Pero podemos vislumbrarlo dentro de nosotros mismos y convertirnos en participantes conscientes en ello.

La conciencia es la inteligencia, el principio organizador que hay detrás de la aparición de la forma. La conciencia ha estado preparando formas durante millones de años para poder expresarse por medio de ellas en lo manifestado.

Aunque se podría considerar que el reino no manifestado de la conciencia pura es otra dimensión, no está separado de esta dimensión de la forma. La forma y lo sin forma se interpenetran. Lo no manifestado fluye en esta dimensión como conciencia, espacio interior, Presencia. ¿Cómo lo hace? Mediante la forma humana que se hace consciente y de ese modo cumple su destino.

La conciencia se encarna en la dimensión manifestada, es decir, se hace forma. Cuando lo hace, entra en un estado como de sueño. La inteligencia permanece, pero la conciencia se vuelve inconsciente de sí misma. Se pierde en la forma, se identifica con las formas. Esto se podría describir como el descenso de lo divino a la materia.

En nuestro planeta, el ego humano representa fase final del sueño universal, la identificación de la conciencia con la forma. Fue un paso necesario en la evolución de la conciencia.

El siguiente paso de la evolución humana no es inevitable, pero por primera vez en la historia de nuestro planeta puede ser una decisión consciente. ¿Quién toma esa decisión? Tú. ¿Y quién eres tú? La conciencia que se ha hecho consciente de sí misma.

 

El cerebro humano es una forma sumamente diferenciada, a través de la cual entra la conciencia en esta dimensión. Contiene aproximadamente cien mil millones de células nerviosas (llamadas neuronas), aproximadamente el mismo número de estrellas que hay en nuestra galaxia, que se podría considerar un cerebro macrocósmico. El cerebro no crea conciencia, sino que la conciencia creó el cerebro, la forma física más compleja del planeta, para expresarse. Cuando el cerebro sufre daños, eso no significa que tú pierdas conciencia. Significa que la conciencia ya no puede utilizar esa forma para entrar en esta dimensión. Tú no puedes perder conciencia, porque en esencia eso es lo que eres. Solo puedes perder algo que tengas, pero no puedes perder lo que eres.

Aunque no puedes conocer la conciencia, puedes hacerte consciente de ella, que eres tú mismo. Puedes sentirla directamente en cualquier situación, estés donde estés. Puedes sentirla aquí y ahora como tu propia Presencia, el espacio interior donde se perciben las palabras de esta página y se convierten en pensamientos. Es el Yo Soy básico, de fondo. Las palabras que estás leyendo y pensando son el primer plano, y el Yo Soy es el sustrato, el fondo en el que se basa toda experiencia, pensamiento o sentimiento.

 

La realización espiritual consiste en ver con claridad que lo que yo percibo, experimento, pienso o siento no es en definitiva lo que yo soy, que no puedo encontrarme a mí mismo en todas esas cosas que pasan continuamente.

Buda fue, probablemente, el primer ser humano que vio esto con claridad, y por eso el anata (el "no yo") se convirtió en uno de los puntos centrales de su enseñanza. Y cuando Jesús dijo "Niégate a ti mismo" lo que quería decir era: Niega la ilusión del yo (y así la desharás). Si el yo ―el ego― fuera verdaderamente lo que yo soy, sería absurdo "negarlo".

Lo que queda es la luz de la conciencia, en la que van y vienen las percepciones, experiencias, pensamientos y sentimientos. Eso es el Ser, eso es el Yo auténtico y profundo. Cuando me conozco como tal, lo que ocurra en mi vida ya no tendrá una importancia absoluta, sino solo relativa. Le presto atención, pero ha perdido su seriedad absoluta, su densidad.

Lo único que importa en el fondo es esto: ¿Puedo sentir mí Ser esencial, el Yo Soy, que está en el fondo de mi vida en todo momento? Para ser más exacto, ¿Puedo sentir el Yo Soy que soy yo en este momento? ¿Puedo sentir mi identidad esencial como conciencia misma? ¿O me estoy perdiendo en lo que ocurre, me pierdo en la mente, en el mundo?

 

Cuando las formas con las que te has identificado, que te dieron tu sentido del yo, se hunden o te son arrebatadas, ello puede conducir a un colapso del ego, ya que el ego es la identificación con la forma. Cuando ya no existe nada con lo que identificarte, ¿quién eres? Cuando las formas que te rodean mueren, o la muerte está próxima, tu sentido del Ser, del Yo Soy, queda libre de su enmarañamiento con la forma. El espíritu queda libre de su prisión en la materia. Percibes tu identidad esencial como algo sin forma, como una Presencia que todo lo impregna, un Ser anterior a todas las formas, a todas las identificaciones. Te das cuenta de que tu autentica identidad es la conciencia misma, y no aquello con lo que se identificaba la conciencia. Esa es la paz de Dios.

 

"Quiero conocer la mente de Dios ―dijo Einstein―. Lo demás son detalles." ¿Qué es la mente de Dios? La conciencia. ¿Qué significa conocer la mente de Dios? Estar consciente. ¿Qué son los detalles? Tu propósito exterior y todo lo que ocurre exteriormente.

 

Se ha dicho que "la quietud es el idioma que habla Dios, y todo lo demás es una mala traducción". Quietud es sinónimo de espacio. Hacerse consciente de la quietud siempre que la encontremos en nuestra vida nos conectará con la dimensión sin forma y sin tiempo que hay dentro de nosotros, lo que está más allá del pensamiento, más allá del ego. Puede ser la quietud que se extiende por la naturaleza, o la quietud que hay en tu habitación a primera hora de la mañana, o los espacios de silencio entre sonidos. La quietud no tiene forma; por eso no podemos hacernos conscientes de ella mediante el pensamiento. El pensamiento es forma. Ser consciente de la quietud significa estar inmóvil. Estar inmóvil es estar consciente sin pensar. Nunca eres tan esencialmente, tan profundamente tú mismo como cuando estás en quietud. Cuando estás en quietud, eres quien eras antes de asumir temporalmente esta forma física y mental llamada persona. Eres también quien serás cuando la forma se disuelva. Cuando estás en quietud, eres quien eres más allá de tu existencia temporal: conciencia no condicionada, sin forma, eterna.

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