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Libros - Idries Shah

los sufis

Los Sfuis

Detalles del libro:

Título: LOS SUFIS
Título Original: The Sufis
Autor: Idries Shah
Nº de páginas: 496
Editorial: Kairós
Año de edición: Junio 2016
ISBN: 978-84-7245-339-5

Descripción:

El presente libro es, probablemente, el texto más importante que se ha escrito sobre los sufis. Es ya un clásico.

Robert Graves, en la "Introducción", nos recuerda que los sufis no son ninguna secta, no están sujetos a dogmas, ni utilizan lugares de culto; no tienen ciudad sagrada, ni instituciones monásticas, ni organización religiosa de ninguna clase. El sufismo ha adquirido cierto aroma oriental por causa de la larga protección que le dispensó el Islam, pero el sufi es tan propio de Oriente como de Occidente. El sufi representa, precisamente, la tradición secreta que se encuentra detrás de todos los sistemas religiosos y filosóficos.

Estar en el mundo pero no ser del mundo, liberarse de ambiciones, codicias, jactancias intelectuales, obediencia ciega a las tradiciones, o a personas de alto rango: tal es el ideal del sufi.

El sufi es, ante todo, un místico, y la mística ha sido siempre mal vista por las religiones institucionalizadas. A través de un fascinante recorrido, lleno de penetración y erudición, Idries Shah se concentra, especialmente, en la propagación del pensamiento sufi desde el siglo VII hasta nuestros días. Así nos va descubriendo las sutilezas de los grandes poetas inspirados en el sufismo y la penetración en Occidente de un modo profundo de entender el mundo. Más aún: la misma ciencia moderna hunde sus raíces en el pensamiento sufi que enseña que la espiritualidad no puede ser otra cosa que experiencia.

 
Idries Shah

Idries Shah (1924-1996) fue un autor y maestro de la tradición sufi de la Tariqah Naqshbandi. Su familia procede del principado de Pagham, donde sus antepasados reinaron desde 1221, siendo descendientes del Profeta. Sus escritos van desde la psicología y la espiritualidad hasta los cuentos de viajes y los estudios culturales. Sus extensos viajes y períodos de residencia en Asia Central, Oriente Medio y Norte de África, le familiarizaron con las claves culturales de diversas sociedades; fruto de ello fueron sus primeros tres libros de investigación antropológica. En 1964 publicó el libro Los Sufis, con una introducción de Robert Graves. El éxito de este libro difundió el pensamiento sufi en Occidente y Shah recibió el reconocimiento de universidades e instituciones como la UNESCO. Idries Shah abordó, asimismo, una de las áreas menos conocidas del camino sufí: el humor; divulgando en Occidente la figura de Mula Nasrudín, el tonto-sabio, paradigma tanto de la estupidez como de la acción intuitiva. Este personaje ha sido utilizado por los sufís para romper la tendencia asociativa y patrones fijos del pensamiento.

De la Introducción

Los sufís forman una antigua masonería espiritual cuyos orígenes nunca han podido ser averiguados ni fechados. Tampoco ellos, por su parte, han demostrado excesivo interés en tales averiguaciones, contentándose con señalar la localización de sus ideas en distintos lugares y épocas. Aunque por lo común se les confunde con una secta musulmana, lo cierto es que los sufís se acomodan a cualquier religión, del mismo modo que los "masones libres y aceptados" utilizan en sus logias aquellos libros sacros ―la Biblia, el Corán, la Torah― que estén reconocidos por un Estado temporal. Y si llaman al Islam "caparazón" del sufismo es porque consideran al sufismo como la enseñanza secreta contenida en todas las religiones. Según Ali el-Hujwiri, uno de los primeros y autorizados escritores sufís, el Profeta Mohammed dijo: "Quien escuche la voz del pueblo sufí y no diga aamin (amén) quedará señalado como un necio ante Dios". Otras muchas tradiciones relacionan a Mohammed con los sufís. Y fue a la manera sufí como el Profeta ordenó a sus seguidores respetar a los pueblos del Libro, es decir a aquéllos que poseen sus propias Escrituras sagradas, grupo en el que más tarde se incluyó a los zoroástricos.

Los sufís no son una secta porque no están sujetos a dogmas religiosos por sencillos que sean, ni utilizan lugares de culto. No tienen ciudades sagradas, ni instituciones monásticas, ni organización religiosa de ninguna clase. Incluso les disgusta verse designados por un nombre específico que pudiese forzarles a una conformidad doctrinal. El vocablo "sufí" no es más que un mote ―como puede serlo "cuáquero"― que aceptan de buen grado. Se refieren a ellos mismos como "amigos" o "gente como nosotros" y se identifican por ciertas dotes naturales, costumbres, aptitudes y maneras de pensar. Las diversas escuelas sufís se formaron alrededor de ciertos maestros; pero en ellas no se concede ningún grado, y sólo funcionan en beneficio de quienes trabajan para perfeccionar sus estudios mediante el contacto con otros sufís. La huella peculiar de la signatura sufí figura en una literatura muy dispersa, desde por lo menos el segundo milenio antes de Cristo, y aunque su mayor impacto en la civilización tuvo lugar entre los siglos VIII y XVIII, los sufís continúan tan activos como siempre. Su número se acerca a los cincuenta millones. Lo que hace difícil clasificarlos o encuadrarlos es que su mutuo reconocimiento no se puede explicar en base a términos morales o psicológicos establecidos; quien está dotado de comprensión, ése es un sufí. Y aunque la conciencia de esta cualidad secreta o instinto puede agudizarse por contacto con sufís más expertos, no existen entre ellos graduaciones jerárquicas sino tan sólo el reconocimiento tácito de la mayor o menor capacidad de un colega.

El sufismo ha adquirido cierto aroma oriental a causa de la larga protección que le dispensó el Islam, pero el sufí es tan corriente en Occidente como en Oriente, y lo mismo puede ir vestido de general que de campesino, ser mercader, abogado, maestro, ama de casa o desarrollar cualquier otra actividad. "Estar en el mundo pero no ser del mundo", liberarse de ambiciones, codicias, jactancias intelectuales, ciegas obediencias a usos y costumbre o temor a personas de más alto rango, tal es el ideal sufí.

Los sufís respetan los ritos de cualquier credo siempre que contribuyan a favorecer la armonía social, pero amplían las bases doctrinales de toda religión siempre que sea posible, definiendo sus mitos desde un enfoque superior, como, por ejemplo, al explicar a los ángeles como representaciones de las más nobles facultades humanas. Al devoto se le ofrece un "jardín sagrado" en el que cultivar su entendimiento, pero no se le pide que se haga monje o ermitaño, como en el caso de los místicos convencionales. Y a partir de ahí afirma estar iluminado por la propia experiencia ―"aquél que prueba, sabe"―; no por los argumentos filosóficos. La más antigua teoría conocida sobre la evolución es de origen sufí; pero aunque los darwinianos la emplearon en el curso de la gran controversia del siglo XIX, el concepto sufí se aplica más al individuo que a las razas. El lento progresar del niño hasta llegar a adulto es sólo un estadio en el desarrollo de potencias superiores cuya fuerza dinámica se basa en el amor y no el ascetismo o en la inteligencia.

Por Robert Graves