Ruta de Sección: Inicio > Charlas > Soy la nada que está en todo

Artículos - Rupert Spira (2014b)

Soy la nada que está en todo

Encuentro con Rupert SpiraBarcelona - Abril 2014 (II)
Rupert Spira

Desde que podemos pensar o hablar siempre nos hemos referido a nosotros mismos en tanto que "yo"; cuando teníamos 5 años nos llamábamos a nosotros mismos "yo", cuando teníamos 10, 15, 20 o 30 años nos llamábamos "yo", y hoy nos referimos a nosotros mismos como "yo". En otras palabras, el "yo" ha permanecido presente a través de toda nuestra vida.

El "yo" se refiere a ese elemento de nuestra experiencia que ha permanecido y que siempre está con nosotros, que nunca nos ha dejado y que no puede ser separado de nosotros.

Hazte la pregunta: ¿qué es eso que siempre esta conmigo? No pienses acerca de ello, refiérete a tu experiencia presente. Hay algo que ha permanecido presente, constante a través de nuestra vida, y a ese algo le llamamos "yo". ¿Qué es eso? ¿Es un pensamiento, o una imagen?

Hazte a ti mismo la pregunta: ¿hay algún pensamiento o imagen que haya permanecido presente a través de toda mi vida? Es obvio que no. ¿Es un sentimiento o una sensación? ¿Cuánto duran un sentimiento o una sensación? ¿40 años? o ¿como máximo unos segundos o unos minutos?

¿Es una percepción? Como percepción me refiero a una vista, un sonido, un gusto, una sensación táctil, o un olor; los cinco sentidos. ¿Cuanto dura una percepción? Cierra tus ojos... la percepción visual anterior a desaparecido; abre tus ojos... una nueva percepción visual aparece; cierra tus ojos... esta nueva percepción ha desaparecido. ¿Cuanto duró? ¿40 años o 40 segundos?

Las percepciones no duran mucho, los pensamientos, las imágenes, los sentimientos y las sensaciones no duran mucho, así que cuando nos referimos a "yo", es obvio que no nos referimos ni a un pensamiento ni a una imagen ni a un sentimiento ni a una sensación ni a una percepción y, sin embargo, nos referimos a algo que es muy real en nuestra propia experiencia.

Hay algo que permanece siempre presente a través de toda la experiencia y a ese algo lo llamamos "yo". ¿Qué es eso?

Si este "yo" está presente cuando tengo 5, 10, 15, 20 o 30 años vemos que el "yo" no puede tener una edad especifica. Si "yo" está presente cuando cambio mi nacionalidad de inglesa a americana entonces el "yo" no puede tener una nacionalidad en particular. Si "yo" está presente a través de todos mis pensamientos entonces el "yo" no puede estar limitado por algún pensamiento en particular. Si "yo" está presente en todos mis sentimientos, entonces se ve que no puede compartir las cualidades de ningún sentimiento en particular. En otras palabras: "yo" es independiente de los límites de los pensamientos y de los sentimientos.

Si "yo" está presente a lo largo de todas mis percepciones entonces no puede compartir la naturaleza de cualquier percepción en particular. La pantalla de una televisión está presente a lo largo de todos los programas que aparecen en ella: los dramas, las películas de intriga, los documentales, los informativos, los partidos de tenis... pero no comparte las cualidades de nada de lo que aparece sobre ella y, en tanto que eso, es vacía, trasparente e ilimitada.

El "yo" es a la experiencia lo que la pantalla es a las imágenes. La pantalla es íntimamente una con todas las imágenes y, al mismo tiempo, completamente independiente de todas las imágenes; "yo" es íntimamente uno con todas las experiencias y al mismo tiempo completamente independiente o libre de toda experiencia; de la misma manera como la imagen está hecha de pantalla, pero la pantalla no esta hecha de una imagen.

Los pensamientos, las sensaciones, las imágenes, los sentimientos y las percepciones están hechos de "yo", pero "yo" no está hecho de un pensamiento, de una sensación, de una imagen, de un sentimiento o de una percepción.

Cuando decimos "yo tengo 45 años", estamos olvidando, pasando por alto o ignorando lo que realmente somos y, en cambio, nos identificamos con un cuerpo, pensamos y sentimos que "yo" soy idéntico a un cuerpo. Cuando decimos "yo estoy triste" estamos olvidando, ignorando o pasando por alto lo que verdaderamente somos y, en cambio, creemos que somos un sentimiento limitado y temporal.

Cuanto identificamos ese "yo" con algo que no es él mismo, parece que nos estamos limitando a nosotros mismos, parece que estamos perdiendo la paz y la libertad que es inherente al conocimiento de nuestro propio ser; y, en cambio, parece que nos estamos convirtiendo en un yo separado y finito que comparte las limitaciones de la mente y el cuerpo.

Nos preguntamos por qué sufrimos y ese "yo" temporal y finito que nos imaginamos que somos, entonces, lleva a cabo practicas espirituales para desembarazarse de su sufrimiento. Tarde o temprano nos damos cuenta que esas practicas espirituales no funcionan, y en lo mas íntimo de nuestros corazones todavía sentimos la soledad, la pena y el sentimiento de carencia. Nuestras prácticas espirituales no han ido al núcleo, al corazón del problema aunque nos hayan permitido gestionar el problema hasta un cierto punto.

El corazón del problema es siempre el mismo: lo que consideramos como "yo", lo que pretendemos ser, lo que nos imaginamos ser; todo gira en torno a eso.

Nada verdadero puede ser conocido acerca de la mente, el cuerpo y el mundo hasta que conozcamos la naturaleza del "yo" que los conoce. Incluso la física contemporánea reconoce esto. Hasta que la naturaleza del observador no es comprendida no podemos conocer nada verdadero acerca de lo observado.

Tanto si tomamos el camino de la religión como el de la psicología, el de la filosofía o el de la ciencia, tarde o temprano acabaremos en el mismo lugar y con la misma pregunta: ¿cuál es la naturaleza del "yo" que conoce mi experiencia? ¿Cómo podemos descubrir la naturaleza de ese "yo"? ¿Vamos simplemente a pensar acerca de él? Si pensamos acerca de él sólo encontraremos la naturaleza de nuestros pensamientos, no encontraremos nada acerca de la naturaleza de ese "yo".

¿Qué es lo que podemos hacer para encontrar la naturaleza de ese "yo" que conoce? Si queremos saber acerca de música prestamos nuestra atención a la música, si queremos saber sobre matemáticas prestamos nuestra atención a las matemáticas, si queremos conocer una lengua extranjera prestamos nuestra atención a esa lengua y si queremos saber sobre ese "yo" prestamos nuestra atención a ese "yo".

¿Qué es aquello que prestaría atención a ese "yo"? Es el "yo" el que da su atención al "yo". Pero el "yo" no puede verdaderamente dar su atención a sí mismo, este "yo" que conoce está demasiado cercano a sí mismo para irradiar esa luz del conocer sobre sí mismo en tanto que un objeto.

Este "yo" que conoce está demasiado cercano a sí mismo como para girarse y alumbrar su atención sobre sí mismo. De la misma manera el sol puede radiar su luz sobre todos los planetas, pero no puede girarse e irradiar su luz sobre sí mismo, está demasiado cercano a sí mismo como para iluminarse a sí mismo.

Este "yo" que conoce, puede conocer o irradiar su luz de conocimiento sobre todos los objetos. Es decir, puede conocer todos los pensamientos, sensaciones y percepciones en tanto que objetos, pero no puede conocerse a sí mismo de la misma manera, no puede separarse a sí mismo de sí mismo, no puede girarse y mirarse a sí mismo.

Sin embargo el sol no necesita girarse para iluminarse a sí mismo, se ilumina a sí mismo al ser sí mismo. Del mismo modo este "yo" que conoce no necesita girarse hacia sí mismo para conocerse a sí mismo, se conoce a sí mismo al ser él mismo, simplemente siendo conscientemente ese "yo" que conoce; eso es conocerse a sí mismo.

En otras palabras, conocerse a sí mismo no requiere un reenfoque de nuestra atención, no es que dejemos de iluminar nuestra atención sobre un objeto para focalizarlo en otro objeto. Conocerse a sí mismo requiere más bien la caída de la atención sobre sí misma, una relajación de la atención. La palabra "atención" provine de dos palabras latinas: ad y tendere. Ad significa hacia y tendere significa estirar. Entonces atención quiere decir: estirar hacia algo; ¿estirar qué? y ¿hacia qué?

Estirar el conocer que yo soy, la pura consciencia que yo soy hacia el objeto que no soy. "Yo conozco el objeto", "yo veo el árbol", "yo me siento triste"... en todas esas experiencias "yo", esa presencia que conoce, transparente y abierta irradia su luz de conocer o se estira a sí misma, lejos de sí misma, hacia el objeto, hacia el árbol, la persona, el pensamiento, el sentimiento...

¿Qué ocurre si ese "yo" que conoce no se estira él mismo hacia un objeto? ¿Qué ocurre si ese "yo" que conoce deja de irradiar su luz de conocer hacia el pensamiento, la sensación o la percepción? ¿Qué ocurre cuando la atención no tiene nada a lo que atender? ¿Qué ocurre a una goma elástica cuando la estiras pero no tienes donde engancharla y sueltas el otro extremo? Que vuelve a su fuente. ¿Qué ocurre cuando dejamos de prestar atención a pensamientos, sensaciones y percepciones? Que la atención vuelve a su fuente de puro conocer. En otras palabras: deja de ser atención, puesto que este conocer ya no está estirado hacia algo concreto; entonces la atención se libera de su tensión y se revela como pura presencia.

Conocerse uno mismo no es conocer algo nuevo, de hecho no es conocer algo; es permitir que la atención se relaje y vuelva a su fuente, adoptar la posición de puro conocer, pura consciencia, conociendo y siendo únicamente su ser infinito.

Todo lo que conocemos ―aparte del conocer de nuestro ser― requiere ese estirar la atención hacia un objeto, hacia algo que no es yo mismo y aunque todo aquello que es conocido no es yo mismo, el conocer con el cual es conocido el objeto es yo mismo.

Sea lo que sea que aparece en la película, no es la pantalla, y sin embargo la única substancia presente en esa experiencia es la pantalla.

Desde un punto de vista, todo lo que experimento no es yo mismo y desde otro punto de vista todo lo que experimento es yo mismo. Cada uno de estos dos enunciados son ciertos desde el nivel en el que son formulados.

Lo que no es cierto es creer que soy tan solo una parte de mi experiencia, creer que lo que soy está limitado a este cuerpo mente. En otras palabras, decir: "yo no soy nada" es cierto; y decir, desde otro punto de vista, "yo soy todo" también es cierto. Lo que nunca es cierto es decir "yo soy algo en particular".

Todo nuestro sufrimiento está basado en la creencia y el sentimiento de que soy algo. La forma de salir de ese sufrimiento es descubrir: "yo no soy nada"; y, después, descubrir que esa nada es la substancia de todo.