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Artículos - U.G. Krishnamurti (1973)

La Mística de la Iluminación (Parte 2)

por U.G. Krishnamurti
Conversaciones recogidas por Jarnes Brodsky en la India y en Suiza (1973)
U.G. Krishnamurti

Mi conversación consiste en dar respuesta a las preguntas que me hagan. Sentarme a pronunciar un discurso sobre el "estado natural" sería para mí entrar en una situación artificial. No hay nadie que pueda elaborar "pensamientos" antes de decidirse a dar una respuesta. Cuando me lanzáis una pelota, rebota y vuelve hacia vosotros. Eso es lo que llamáis "respuesta". Pero yo no doy ninguna respuesta: es el estado natural el que se manifiesta por sí mismo. En realidad, no sé lo que digo y lo que digo no tiene ninguna importancia. Usted puede transcribir mis palabras pero no tendrán ningún sentido para mí. Estarán "muertas".

Lo que tiene ante usted es la vida. No tengo la facultad de atraparla, ni usted tampoco. Es como una flor (es la única comparación que puedo darle) y se abre, está presente. Mientras dura, emite un perfume que es diferente y distinto al de cualquier otra flor. Puede que no la reconozcáis, podéis animaros a escribir odas y sonetos sobre ella. Puede comérsela una vaca que pasa o cortarla alguien que va segando hierba. También puede marchitarse y llegar así a su término. Eso no tiene importancia. No podéis conservar su perfume y, aunque pudieseis, no sería más que un perfume sintético, químico, pero no la flor viva. Conservar las expresiones, la enseñanza de un hombre, no tiene ningún sentido. Su "estado natural" no tiene más que un valor — su expresión contemporánea.

La personalidad no cambia cuando se llega al estado natural. Entonces se es, ante todo, como un ordenador que actúa tal como se ha programado. En realidad, es su esfuerzo actual por transformarse lo que lo aleja de usted mismo y lo que le impide funcionar de una forma natural. La personalidad no va a cambiar. No cuente con que alguien se va a liberar de la cólera o de su idiosincrasia. No cuente con que le va a hacer una demostración de humildad "espiritual". Ese hombre puede ser la persona más arrogante que haya visto jamás, porque está en contacto con la vida en el único punto que ningún otro ha podido tocar.

Por esta razón es por lo que cada uno de los que han llegado a este estado se expresa de una forma única en el lenguaje de su tiempo. Esta es también la razón de que dos personas que vivan en este estado en la misma época no se comuniquen jamás. No van por la calle dando saltos cogidos de la mano diciendo: "¡Estamos realizados! ¡Estamos en comunión!

 

El contacto vivo es indispensable. Si sale usted de esta habitación, desaparece de mi consciencia. ¿Dónde está? O ¿porqué no está aquí? son preguntas que no se plantean. En el estado natural no hay imágenes, no hay lugar para ellas. El aparato sensorial está completamente ocupado por lo que veo en este momento. Debe haber un contacto vivo con los objetos que hay en la habitación y yo no tengo ningún pensamiento para lo que no está presente aquí. Si se está en perfecta armonía con la actividad sensorial, no hay lugar para ningún temor sobre lo que comeremos mañana o para especulaciones sobre Dios, la Verdad o la Realidad.

No es el estado de omnisciencia en el que las eternas preguntas del hombre reciben una respuesta, sino, más bien, un estado en el que toda pregunta ha terminado. Ha terminado porque estas preguntas no tienen ninguna relación con la forma de funcionar del organismo y este funcionamiento no deja ningún lugar para tales preguntas.

 

Usted no conocerá la muerte, puesto que no hay muerte para usted. No puede sentir la experiencia de su propia muerte. ¿Ha nacido? La vida y la muerte no se pueden separar. No tiene la mínima posibilidad de conocer por usted mismo dónde empieza una y dónde acaba otra. Puede tener la experiencia de la muerte de otro, pero no la suya. La única muerte es la muerte física, no hay muerte psicológica. ¿Por qué tiene tanto miedo a la muerte?

Su estructura mental no puede concebir ningún hecho que no produjese una experiencia. Pretende incluso presidir su propia disolución y, de esta forma, llegar a preguntarse a qué se parecería la muerte. Trata hasta de sentir lo que pudiera ser o sentir en la muerte. Pero, para anticipar una experiencia futura, su estructura necesita recurrir al recuerdo de una experiencia pasada que sirva de referencia, pero ¿cómo evocar la "sensación" de no existir antes del nacimiento si no puede acordarse ni de su propio nacimiento? No tiene ninguna base que le permita proyectar al futuro su futura no existencia. Durante su vida, usted se conocía, estaba presente en ella, con lo que ha adquirido el sentimiento de su propia eternidad. Para justificar este sentimiento, su estructura mental se ha dedicado a convencerse de la posibilidad de que usted tuviese una vida después de la muerte: ¿el cielo, la reencarnación, la transmigración del alma o qué? ¿Qué es lo que queda de usted que se reencarne? ¿Dónde puede estar su alma? ¿Puede conocerla, palparla, enseñármela? ¿Qué es lo que tiene usted que pueda ir al cielo? Usted no tiene más que miedo.

 

¿Qué es lo que le impide estar en su estado natural? Está alejándose continuamente de sí mismo. Quiere ser feliz, ya sea continuamente o en un momento concreto. No está satisfecho de sus experiencias diarias: necesita otras nuevas. Quiere "perfeccionarse", cambiar. Dirige su esfuerzo hacia la realización de un personaje que no es usted. Eso es lo que lo aleja de usted mismo.

La sociedad le ha presentado el hombre perfecto ideal. Cualquiera que sea el medio cultural en que se encuentre, usted dispone de doctrinas basadas en escrituras y de tradiciones que se le ponen al alcance de la mano para decirle cómo debe comportarse. Tiene unos mandamientos que observar, virtudes que cultivar. Se le dice que, con una práctica adecuada, hasta puede llegar al estado alcanzado por los sabios, los santos y los salvadores de la especie humana. Por eso es por lo que viene a controlar su conducta y sus pensamientos y a convertirse en un ser "desnaturalizado".

Vivimos todos en una "esfera mental". Sus pensamientos no son de su propiedad: pertenecen a todo el mundo. No son más que pensamientos; pero usted crea una contrapartida: el "pensador" que lee cada pensamiento. Su esfuerzo por controlar la vida ha creado en usted un movimiento secundario de pensamiento al que usted llama "YO". Este movimiento de pensamiento que hay en usted es paralelo al movimiento de la vida, pero está separado de él, jamás puede estar en contacto con la vida. Usted es una criatura viva y, sin embargo, pone toda su vida bajo el dominio de este movimiento del pensamiento aislado y paralelo. Usted se limita la vida y eso va contra-natura.

El estado natural no es un estado sin pensamiento. Ese es uno de los mayores disparates cometidos durante siglos con los pobres hindúes indefensos. Usted no estará sin pensamiento hasta que su cuerpo quede reducido al estado de cadáver, ¡un cadáver bien muerto! Para sobrevivir hay que ser capaz de pensar, pero en el estado natural el pensamiento deja de estrangularte, vuelve a su ritmo natural. Usted deja de existir para leer los pensamientos y tomarlos como "suyos".

¿Ha observado alguna vez este movimiento paralelo del pensamiento? La gramática dice que YO es la primera persona del singular del pronombre personal, pero, en el fondo, no es eso lo que usted quiere saber. Puede ver usted que eso a lo que llama YO es una noción muy sutil. Obsérvela ahora, siéntala, cáptela y deme su opinión. ¿Cómo la ve? ¿Quién es el que ve eso que usted llama YO? Ahí está el principal problema. El que observa lo que usted llama YO es precisamente el YO. Crea una división ilusoria de sí mismo entre sujeto y objeto y es esta división la que le confiere una continuidad. Es, efectivamente, una naturaleza divisoria la que actúa sobre usted en su consciencia. Todo lo que le interesa es la continuidad de su propia existencia. Mientras quiera comprender ese "usted" o transformarlo en una entidad espiritual, una entidad santa, bella o maravillosa, ese usted continuará. Si no logra mantenerlo, desaparece.

¿Cómo entiende lo que acabo de decir? He hecho esta exposición con propósitos útiles: "Lo observado no es otra cosa más que el que observa" ¿Qué conclusión va a sacar de este enunciado? ¿De qué medios dispone para captar este sinsentido, esta exposición ilógica, irracional? Se pondrá a pensar, pero con el pensamiento no podrá comprender nada. Va a traducir lo que he dicho aplicándolo a un conocimiento que posee de antemano, como hace con todas las demás cosas, para sacar alguna conclusión. Cuando deje de actuar así se pondrá en marcha lo que he dicho. La falta de toda intervención ―esfuerzo por comprender o por transformarse― es efectivamente el estado del ser que he descrito.

 

¿Que es el pensamiento? Usted no sabe absolutamente nada de eso, excepto lo que se le ha dicho sobre lo que usted llama "pensamiento". ¿Qué va a hacer con él: componerlo, controlarlo, darle una forma, o interrumpirlo? Usted dedica su tiempo a ejercer una acción sobre el pensamiento, porque se le ha sugerido que efectúe este o aquel cambio, que fomente los "buenos pensamientos" y deseche los "malos". Los pensamientos son lo que son: ni buenos ni malos. Siempre que tenga deseos de actuar sobre ellos, estará obedeciendo a su movimiento: querer y pensar son una sola y única cosa. Querer comprender supone un movimiento del pensamiento y este movimiento lo perpetúa usted y le confiere continuidad.

El funcionamiento de sus sentidos está "desnaturalizado", porque usted quiere sacar algo de él. ¿Por qué? Porque quiere que su "yo" continúe. Usted protege esta continuidad. El pensamiento es un mecanismo protector, y protege el "yo" a costa de quien sea o de lo que sea. Todo lo que ha nacido del pensamiento es destructor y, a fin de cuentas, lo destruirá a usted y a su especie.

 

Este estado natural no le interesa, usted sólo se aferra a la continuidad. Sin duda, quiere continuar a otro nivel, en función de una dimensión diferente, pero, sea como sea, lo que usted quiere es continuar. Hacer lo contrario sería liquidar definitivamente todo lo que considera "yo", yo superior, yo inferior, alma, Atman, consciente, subconsciente, etcétera. Si se le ocurre cualquier veleidad, se dice: "necesito tiempo". Y entonces interviene el sadhana y usted se dice: "Mañana, comprenderé". Esta estructura ha nacido del tiempo y funciona en el tiempo, pero no llegará a su fin en el tiempo. Si no comprende hoy, no comprenderá mañana. Además, ¿por qué quiere comprender lo que digo? Usted no puede comprender. Está perdiendo el tiempo si compara mi forma de funcionar con la suya. Es algo que no puedo comunicar. En realidad no se necesita ninguna comunicación. No hay ninguna posibilidad de diálogo. Cuando no hay "yo", cuando no hay problema, lo que hay es comprensión: el fin del "yo", el "yo" se va. No volverá a escuchar al que describe este estado ni volverá a hacerle preguntas sobre la comprensión de este estado.

Lo que usted busca no existe. Preferiría estar en un país encantado, tener la bienaventurada visión de una transformación de su yo inexistente, para comprobar un estado de ser evocado a base de fórmulas mágicas. Eso es precisamente lo que lo arranca de su "estado natural": un movimiento fuera de usted mismo. Para ser uno mismo se necesita una inteligencia extraordinaria. La "bendición" de esta inteligencia la tiene ya usted: nadie necesita dársela ni nadie puede quitársela. El que la deja manifestarse a su propio modo es un hombre natural.