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¿Qué es la espiritualidad?

por Joan Tollifson 27 de noviembre de 2017
Joan Tollifson

Llueve ligeramente mientras escribo. Un sonido maravilloso, delicioso. Y en realidad, eso es lo que es la vida, estos acontecimientos ordinarios como el sonido de la lluvia golpeando en el tejado, y estas palabras que se forman al escribir, y el sabor del té, y la belleza de las ramas desnudas, empapadas de lluvia, y los olores del mantillo en el suave aire de noviembre, y tal vez también un dolor ardiente en algún lugar del cuerpo. Solo esto, esta vívida vitalidad.

En nuestro mundo mental, nos preocupamos por el significado o el sinsentido de la vida, nos preguntamos acerca de nuestro propósito, nos juzgamos y evaluamos y nos comparamos con los demás, buscamos escapar de la vulnerabilidad y del dolor y la angustia que la vida inevitablemente trae, y buscamos experiencias emocionantes y placenteras que nos emocionen y quizás también mejoren nuestra autoimagen ante nosotros mismos o ante los demás. Realizamos largos viajes, a veces durante décadas, en busca de la iluminación, o de la pareja perfecta, o del lugar perfecto para vivir, o la profesión perfecta, o los amigos perfectos.

Pero mientras tanto, siempre estamos aquí-ahora, y aquí está la total simplicidad y maravilla de la vida misma: el sonido de la lluvia, la frescura del aire, el dolor de la pena, el sabor y la textura de este momento, simple y exactamente como es. Y nunca se mantiene igual, porque todo está siempre cambiando. El universo literalmente comienza de nuevo en cada momento. Y en realidad, este momento es todo lo que tenemos. Pero a menudo ignoramos esta realidad vital, la pasamos por alto o la desechamos. Realmente no nos damos cuenta de su maravilla y su belleza, incluso la maravilla y la belleza en sus formas más incisivas, oscuras, amargas y desafiantes. Queremos algo más, algo más grande y mejor, más emocionante o más placentero, o simplemente diferente.

Como muchos de ustedes saben, ahora estoy trabajando en un quinto libro, un libro que explora la muerte y el envejecimiento. Pero también tiene otro aspecto ahora, a saber, el final de mi larga búsqueda de la trascendencia, y el abrazo del no fundamento y del no saber ― despertando a la simplicidad de ser exactamente este momento, exactamente como es. No saber qué es todo esto o por qué está sucediendo o qué sucederá después. Vivir en el no fundamento, en lugar de tratar desesperadamente de encontrar fundamento en alguna ideología metafísica trascendente; por ejemplo, que soy el Sujeto Último, o que la Consciencia es todo lo que hay, o que la Consciencia precede al cerebro y la Mente precede a la materia, o que la conciencia es siempre-presente incluso después de la muerte, o que soy una conciencia ilimitada y no una persona, o lo que sea que esa ideología trascendente pueda ser.

Pude ver siempre claramente que todas eran creencias y hechos no verificables. Pero a veces, cuando la duda es un patrón psicológico profundamente arraigado, anulamos nuestra propia inteligencia e intuición y dudamos una y otra vez y nos tragamos lo que otros que parecen más iluminados nos están diciendo. Y a veces, incluso cuando nos decimos a nosotros mismos (y a otros) que nuestra búsqueda ha terminado, en realidad todavía estamos buscando.

Sí, puedo sentir una sensación de presencia-conciencia ilimitada, la espaciosa apertura de aquí-ahora que no tiene centro ni límites. Puedo sentir este vasto silencio y el vacío en el centro de todo. Puedo ver que solo hay aquí-ahora. Cuando miro, es obvio que nunca podemos experimentar nada fuera de la consciencia, y que cada experiencia es una experiencia en y de la consciencia. Pero hay un salto metafísico, algunos maestros lo llaman "razonamiento superior", que va desde estas percepciones directas a las conclusiones metafísicas que he mencionado (por ejemplo, la Consciencia es todo lo que hay, la Consciencia es anterior al cerebro, yo soy la conciencia y no una persona, etc.).

Incluso puedo sentir que soy el Sujeto Último, aquello que permanece más allá de todo lo perceptible y concebible. Estas ideas nunca fueron sólo ideas intelectuales en mi cabeza, fueron experiencias sentidas, realidades intuitivas. Entonces, parecían reales. Y fueron reales como experiencias. Pero eso es todo lo que eran: sensaciones, intuiciones, experiencias. Y cuando se mezclaron con las ideas metafísicas que estaba absorbiendo del mundo Advaita, fue bastante fácil llegar a la conclusión de que soy la conciencia ilimitada, la consciencia infinita, la presencia impersonal o el Sujeto Último más allá de todas las experiencias ― y era fácil pasar por alto el hecho de que había dado un salto de la experiencia directa a la creencia metafísica. Y no estoy diciendo que ninguna de estas creencias sea falsa, solo que se basan en lo que en realidad es simplemente otra experiencia, otra sensación, otra intuición, otra idea. Llegaron, a través de un "razonamiento superior", a una conclusión filosófica que de ninguna manera es verificable como la Verdad Suprema. Pero nos aferramos a estas conclusiones en nuestra búsqueda para evitar la falta de fundamento, la incertidumbre, la vulnerabilidad, la falta de control y la realidad de no saber. Las convertimos en la Verdad Suprema.

Por supuesto, cuando impartía este tipo de enseñanza, insistía en que no era "solo otra experiencia, otra sensación, otra intuición u otra idea". Insistía en que era Eso en lo que aparecían y desaparecían todas las experiencias. Era el fundamento del ser inmutable y omnipresente. Y podía experimentarlo fácilmente de esa manera. Después de todo, todo aparece en la conciencia. Es realmente fácil hipnotizarnos a nosotros mismos o ser hipnotizados por los maestros, y es tan fácil pasar de una visión y experiencia directa a conclusiones y creencias metafísicas. Es una línea sutil que cruzamos, y no siempre la vemos, especialmente cuando estamos rodeados por toda una subcultura que está reforzando el sistema de creencias y la suposición de que alguna idea metafísica es en realidad la Verdad.

En las enseñanzas trascendentales como el Advaita, que provienen del hinduismo, uno ya no es un simple mortal o una persona, ya no es un cuerpo vulnerable o una mente humana vulnerable, sino que, en cambio, uno es la conciencia ilimitada, la conciencia infinita, el Sujeto Último, Dios ― incondicionado, indestructible, imperecedero, libre. Una vez más, no estoy diciendo que esto sea falso. De hecho, creo que tales enseñanzas apuntan a ciertas realidades sobre la vida, que hay algo aquí que es abierto, libre e incondicionado, y que el universo (o lo que sea que esto sea) es infinito y eterno (es decir, aquí-ahora), y que somos una expresión momentánea de algo mucho más grande. La muerte puede ser el final de "mí" y "mi historia" y mi película particular de la vida ―lo asumo― pero no es el final de esta mayor totalidad de la cual "Joan" es un movimiento momentáneo y en constante cambio como una ola en el océano. El miedo a la muerte proviene de identificarse exclusivamente como la ola, e imaginar que la ola es una cosa sólida, fija, independiente, separada en lugar de un movimiento fluido del océano.

Pero si vamos al extremo opuesto y negamos la realidad y la preciosidad de este cuerpo-mente-persona, esta ola única e irrepetible que nunca volverá a suceder exactamente de la misma manera, y si tratamos de identificarnos exclusivamente como el océano entero y no como la ola, nos perdemos algo muy importante. Nos perdemos la verdadera realidad viviente de nuestra vida: el sabor del té, el sonido de la lluvia, el olor a basura, un dolor ardiente en el intestino, el brillante camión de bomberos rojo que pasa, la alegre compañía de un buen amigo o un perro amado y la pena cuando mueren. Nos perdemos la vida real de este momento.

Muchos de nosotros hemos dejado el alcohol y las drogas para convertirnos en adictos espirituales. No estoy diciendo que debamos arrojar al bebé junto con el agua de la bañera y renunciar a toda espiritualidad como algo sin valor. No estoy diciendo que debamos dejar de meditar si lo disfrutamos, o que deberíamos dejar de ir a retiros de silencio; creo que pasar tiempo en silencio es hermoso, iluminador y maravilloso. No estoy diciendo que deberíamos renunciar a todos los maestros y desechar todos los libros espirituales y nunca usar la palabra "espiritualidad" nuevamente. Hay algo real en la espiritualidad, en el corazón mismo de todo eso. ¿Pero, qué es? ¿Es algún sistema de creencias, algún conjunto de respuestas y explicaciones de cómo funciona el universo, alguna certeza metafísica sobre la vida que nos da una sensación de seguridad? ¿Es alguna experiencia trascendente donde dejamos muy, muy atrás esta vida de carne y hueso? ¿O es la vitalidad cruda e inmediata de este mismo momento, tal como es?