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Extractos - Ibn Arabi

Sólo existe la Unidad

Extracto del primer capítulo de tratado de la unidad

por Ibn Arabi Traducido y comentado por roberto pla
Ibn Arabi

1. TÚ ERES ÉL Y ÉL ES TÚ

1.1

¡Gloria a Alá, ante cuya Unicidad no hay nada anterior, si no Él, que es el Primero! ¡Gloria a Alá, después de cuya Singularidad no hay un después, si no Él, que es el siguiente!

Unicidad y Singularidad, sin anterior y sin siguiente, intenta describir la eternidad y la soledad absolutas de la Unidad. Esta debe ser estudiada, comprendida y vivida, porque el estado de Unidad representa la culminación del proceso espiritual del sufí. Tal culminación se alcanza por la extinción de la idea del sí-mismo, es decir, cuando se ha llegado al Conocimiento, o Gnosis, de que el sí-mismo es Él, lo que equivale a "morar" en Dios (baqa). Ibn El-Arabi dijo en una ocasión:

"Cuando aparece mi Amado, ¿con qué ojo he de mirarle? Con el suyo, no con el mío, porque nadie Le ve sino Él mismo."

1.2

Con relación a Él no hay antes, ni después; ni alto ni bajo; ni cerca, ni lejos, ni cómo, ni qué, ni dónde, ni estado, ni sucesión de instantes, ni tiempo, ni espacio, ni ser. Él es tal como es. Él es el Único sin necesidad de la Unidad. Él es lo singular, sin necesidad de la Singularidad.

El instante es aquí expresado a la manera más pura aristotélica, esto es, no como tiempo, sino como límite del tiempo, siendo a éste el instante lo que el punto es en cuanto a la línea. (Cfr. Aristóteles: Física, lib. IV, capít. 13)

1.3

Él no está compuesto de nombre, ni de denominado, porque Él es el nombre y el denominado. No hay nombre salvo Él. No hay denominado salvo Él. Por ello se dice que Él es el nombre y el denominado.

En la Unidad ―la Realidad última― el sujeto y el objeto son una misma cosa. Esta particularidad se revela a la mente cuando una vez alcanzado el conocimiento de sí-mismo, se ve que el sí-mismo y Él no son dos cosas diferentes. Desde ese mismo momento, el ternario psíquico tradicional ―conocedor, conocimiento y conocido― se funde en la unidad. Aquel gran sufí del siglo X en Bagdad, Ibn Mansus, conocido como Al-Hallaj, que fue bárbaramente asesinado por declarar que él era Dios ("Yo soy Dios", Ana ‘L-Haqq), decía:

"En aquella gloria no hay yo, ni nosotros, ni tú. Yo, nosotros, tú y Él, todo es una y la misma cosa."

1.4

Él es el Primero sin anterioridad. Él es el Último sin posterioridad. Él es Evidente sin exterioridad. Él es Oculto sin interioridad. Porque no hay anterior, ni posterior; no hay exterior, ni interior, sino Él.

Después de haber resaltado la eternidad y la soledad, la atemporalidad y la unicidad de la Unidad, se describe ahora su inconmensurabilidad, su espaciosidad incondicionada y abstracta.

1.5

Es necesario comprender este Misterio para no caer en el error de los que creen en las encarnaciones de la divinidad (1) . Él no está en ninguna cosa y ninguna cosa está en Él. Es preciso conocerle pero no por la ciencia, la inteligencia, la imaginación, la sagacidad, los sentidos, la visión exterior, la visión interior, la comprensión o el razonamiento. (2)

  1. Probable alusión a la hipótesis cristiana.
  2. Él sólo puede ser comprendido por la Luz de la intuición. Como dice Ghazali: "Quien persevera puede tener la certidumbre de que al fin alumbrará en su corazón la Luz de lo Real". Esta Luz es la "certidumbre intuitiva" (yakin), un rayo de la propia Luz divina, que Dios ha proyectado en el corazón del hombre y por medio del cual se refleja. De no ser así, el alma no podría alcanzar nunca la Unidad. (Ver comentario de 2.2.3.)

1.6

Nadie, salvo Él mismo, puede verle.
Nadie, salvo Él mismo, puede asirle.
Nadie, salvo Él mismo, puede conocerle.
Nadie distinto de Él puede ocultarle.
Él se ve y se conoce a Sí mismo.
Su velo impenetrable es su propia Unicidad.
Él mismo es su propio velo.
Su velo es su propia existencia.
Su Unicidad le vela de forma inexplicable.

No es posible comprender la Unidad desde la dualidad, ya que cualquier movimiento que haga la mente para comprender es ya dualidad. Por eso se puede decir que "su Unicidad es su propio velo" (de la Unidad). Esta y otras expresiones mistéricas quieren expresar que la Unidad está fuera de los límites de la mente. Por eso es "no-nacida" (a la existencia perceptible de la mente), y de ahí que a la mente no le es posible alcanzar la Unidad. Sin embargo, cuando la mente cesa ―lo que ocurre en el curso del éxtasis― ahí está la Unidad, donde estuvo siempre, porque es omnipresente.

1.7

Nadie le ha visto, le ve, o podrá verle jamás (1) . Ningún profeta enviado ni ningún santo perfecto o ángel se le aproxima. Su profeta es Él. Su mensajero es Él. Su mensaje es Él. Su Palabra es Él. Él ha mandado Su "ipseidad" (2) con Él mismo, de Él mismo y hacia Él mismo, sin ningún intermediario o causalidad exterior a Él mismo. Ninguna diferencia de tiempo, espacio o naturaleza hay entre Él que envía el mensaje, el mensaje y el destinatario del mensaje.

  1. Nadie puede verle, porque esto supondría dualidad. Es la propia visión la que al ser simultáneamente el vidente, lo visto y la visión, se ve a sí misma.
  2. Neologismo del latín ipse, del original árabe. La idea es que Él ha mandado con Él mismo y a Él mismo, Su sí-mismo (Su ipseidad), lo que confirma Su unidad.

1.8

Su existencia está únicamente en los textos de la profecía. Sin embargo, sólo Él existe y no puede dejar de existir puesto que jamás vino a la existencia (1) . Por eso ha dicho el Profeta: "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor" (2). También ha dicho: "Yo conozco a mi Señor, por mi Señor" (3) . El Profeta de Alá ha querido hacerte comprender que tú no eres tú, sino Él: Él y no tú; que Él no cabe en ti y tú no cabes en Él; que Él no sale de ti y tú no sales de Él. (4)

  1. Es no-nacido (a la existencia perceptible por la mente) (Ver coment. a 1.1.6.) Y, por lo tanto, sin existencia mortal. Si no ha tenido nacimiento, también carece de muerte. Dicho de otra manera: La no-existencia, se refiere al mundo ―visible o invisible― que "está" dentro del campo de percepción de la mente activa. Él no es movimiento y lo que se mueve ―la mente activa― no puede conocerle.
  2. Primera referencia al "hadith", o frase célebre del Profeta que da pie al presente Tratado. Si el conocimiento del Señor, se infiere de ello la identidad de ambos conocimientos. La consecuencia de esta identidad es de una enorme importancia metafísica, mística y religiosa en general, pues una vez hecho el descubrimiento de tal identidad, queda abierto para el hombre un inmenso y rico trabajo, al fundamentarse para él la verdadera vida religiosa, o sea la Vía para la realización de la Unidad.
  3. Es una corroboración del "hadith". El sí-mismo es el Señor y el Señor es el sí-mismo, luego el conocimiento del Señor llega siempre por el conocimiento del Señor.
  4. O como dice Al-Hallaj:

    "Yo soy Aquel a quien amo y el que amo es yo. Si me ves, Le ves y si Le ves, nos contemplamos los dos."

1.9

Lo que quiero decir es que tú no eres, o posees tal o cual cualidad, que no existes y que no existirás jamás, ni por ti mismo, ni por Él, en Él o con Él. Tú no puedes cesar de ser, porque no eres. Tú eres Él y Él es tú, sin ninguna dependencia o casualidad. Si alcanzas a reconocer en tu existencia esta cualidad de la nada, entonces conoces a Alá. En otro caso, no.

La Vía del conocimiento presupone la renunciación, pero renunciación significa, en sus más puros términos, reconocimiento de lo que no es. De ahí que la renuncia no supone mérito, sino conocimiento, porque en definitiva el sabio renuncia a lo que no es. Más la búsqueda de lo que no es, es árida y prolongada. Hay que despojarse día a día, minuto a minuto, de los atributos que han sido descubiertos como tales, hasta llegar al sí-mismo puro y desnudo, esto es, hasta llegar a reconocer en la existencia propia la cualidad de la nada. Hay que revestirse de esa nada, sustentarse de ella, morar y profundizarse en ella, gozar en ella y ser ella. Allí está el conocimiento.

 
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