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Extractos - Michael James

Ramana Maharshi

Auto-Indagación y Auto-Entrega

por Michael JamesExtracto de: la felicidad y el arte de ser
auto-indagacion

Sri Ramana decía a menudo que solo hay dos medios por los que podemos obtener la experiencia del auto-conocimiento verdadero, a saber, la auto-investigación y la auto-entrega. Sin embargo, él también decía que estos dos medios o «vías espirituales» son verdaderamente uno en esencia. Es decir, aunque son descritos con palabras diferentes, en su práctica efectiva son idénticos. ¿Qué son exactamente estos dos medios o vías, cómo son uno en esencia, cuál es su única esencia, y por qué él describe esa única esencia de estas dos maneras diferentes?

De acuerdo con la antigua filosofía del vedanta, hay cuatro vías que llevan a la emancipación espiritual, a saber, la «vía de la acción [sin-deseo]» o karma marga, la «vía de la devoción» o bhakti marga, la «vía de la unión» o yoga marga y la «vía del conocimiento» o jñana marga. De estas cuatro vías, la segunda y la cuarta son los medios principales, mientras que la primera y la tercera son meramente aspectos subsidiarios de estos dos medios principales. En otras palabras, todos los diversos tipos de práctica espiritual o «vías» pueden ser reducidos en esencia a estas dos vías principales, la «vía del conocimiento» y la «vía de la devoción». Si una práctica no contiene un elemento de una de estas dos vías o de ambas, no puede llevarnos al estado de emancipación espiritual, el estado en el que somos liberados de la esclavitud de la existencia finita.

Para expresar la misma verdad de una manera más simple, solo podemos obtener la emancipación espiritual o «salvación» experimentando el auto-conocimiento verdadero ―es decir, conociéndonos ser solo el espíritu o consciencia real e infinito «yo soy», y no este individuo irreal y finito que ahora imaginamos ser. Para conocernos así, como la realidad absoluta, debemos ser consumidos por un amor intenso de nuestro ser esencial, debido a que si no somos consumidos por ese amor, no estaremos dispuestos a abandonar el sí mismo individual falso, que tenemos ahora en más querencia que ninguna otra cosa.

En otras palabras, para obtener la emancipación espiritual, debemos conocer nuestro ser esencial, y para conocerlo debemos amarlo. Así pues, «conocimiento» y «amor» o devoción son los dos medios esenciales por los que podemos obtener la emancipación de la ilusión presente de ser un individuo finito.

Cuanto más amemos el ser esencial, más atención le prestaremos, y cuanta más atención le prestemos, más claramente le conoceremos. A la inversa, cuanto más claramente le conozcamos, más le amaremos, debido a que es la fuente de toda felicidad verdadera. Así pues, amor y conocimiento van de la mano, alimentándose el uno al otro. No podemos conocer sin amar, y no podemos amar sin conocer. Por lo tanto, la «vía del conocimiento» y la «vía del amor» o devoción no son dos medios alternativos, sino solo dos aspectos del único y solo medio por el que podemos recuperar nuestro estado natural de ser absoluto.

Los dos medios para obtener el auto-conocimiento verdadero enseñados por Sri Ramana corresponden a estas dos vías de «conocimiento» y «devoción». La práctica de la auto-investigación es la verdadera «vía del conocimiento», y la práctica de la auto-entrega es la verdadera «vía de la devoción». Por lo tanto, la auto-investigación y la auto-entrega no son dos vías separadas, sino solo dos aspectos de la misma única vía ― el único medio por el que podemos experimentar la realidad absoluta, que es nuestro ser verdadero y esencial.

 

Puesto que nuestro sí mismo real es ser auto-consciente absolutamente no-dual, no podemos conocerlo haciendo algo, sino solo siendo como él es ―es decir, solo siendo nosotros, el ser auto-consciente perfectamente libre de pensamiento. Así pues, el verdadero auto-conocimiento es una experiencia absolutamente libre de pensamiento, no-dual, y, por lo tanto no-objetiva, de ser auto-consciente claro e incontaminado. Por consiguiente, en el verso 26 de Upadesa Undiyar, Sri Ramana define el estado no-dual del auto-conocimiento verdadero diciendo:

Ser [nuestro] sí mismo [real], es ciertamente conocer [nuestro] sí mismo [real], debido a que [nuestro] sí mismo [real] es eso que es exento de dos. Esto es tanmaya-nishtha [el estado de ser firmemente establecido en y como tat o «ello», la realidad absoluta llamada brahman].

Puesto que la meta es solo el estado no-dual de ser auto-consciente, la vía por la que podemos obtener esa meta no debe ser igualmente otra que ser auto-consciente. Si la naturaleza de la vía fuera esencialmente algo diferente de la naturaleza de la meta, la vía nunca podría capacitarnos para alcanzarla. Es decir, puesto que nuestra meta es un estado que es infinito y por lo tanto exento de toda otredad, división, separación o dualidad, el único medio por el que podemos «obtener» o «alcanzar» esa meta es solo ser uno con ella fundiéndose en ella ―es decir, perdiéndonos nosotros, la mente finita aparentemente separada, enteramente en ella.

En otras palabras, no podemos ser firmemente establecidos como el ser auto-consciente no-dual real haciendo algo o conociendo algo diferente que nosotros. Ninguna suma de «haceres» puede capacitarnos para fundirnos completamente en el estado real de solo «ser». Por consiguiente, para conocer y ser nuestro sí mismo real, no debemos prestar atención a nada aparte de nosotros mismos, nuestro ser esencial auto-consciente.

Prestar atención a algo diferente que nosotros es una acción, un movimiento de la mente o atención, lejos de nosotros. Prestarnos atención, por otra parte, no es una acción o movimiento, sino solo un estado sin-acción de ser auto-consciente, como siempre somos realmente. Por lo tanto, atma-vichara o «auto-investigación» es solo la práctica de ser auto-consciente ―es decir, la práctica de ser consciente de nada más que nuestro sí mismo, «yo soy». Solo por esta simple práctica de auto-consciencia o auto-atención libre de pensamiento, podemos conocer quién o qué somos realmente.

 

Si elegimos usar un pensamiento tal como la pregunta «¿quién soy yo?» como un medio para retirar la atención de otros pensamientos hacia nosotros, ese pensamiento auto-dirigido actuará como una puerta a cuyo través podemos entrar al estado de auto-atención o auto-consciencia clara, que es nuestro estado natural de ser libre de mente que Sri Ramana llama atma-vichara o auto-indagación. Ningún pensamiento, palabra, frase o pregunta puede ser el estado efectivo de auto-consciencia no-dual verdadera, debido a que todos los pensamientos y palabras son solo formas de conocimiento objetivo, y, por consiguiente, solo pueden existir en el estado de dualidad. Como Sri Ramana dice en el verso 25 de Upadesa Tanippakkal:

Las preguntas y respuestas solo [pueden acontecer] en el lenguaje de esta dvaita [dualidad]; en [el estado verdadero de] advaita [no-dualidad], ellas no pueden existir.

De la misma manera que una puerta es un medio por el que podemos entrar en casa, pero no es la casa misma, así también un pensamiento tal como «¿quién soy yo?» puede ser un medio por el que podemos entrar al estado natural de clara auto-consciencia no-dual, pero no es la auto-consciencia misma. Si deseamos entrar en casa, no debemos permanecer solo en la puerta, sino que debemos pasar a través de ella y dejarla detrás de nosotros. Similarmente, si deseamos entrar al estado real de auto-consciencia no-dual, no debemos aferrarnos a ningún pensamiento tal como «¿quién soy yo?», sino que debemos pasar a través de esos pensamientos y dejarlos detrás de nosotros.

Si permanecemos continuamente en el pensamiento «¿quién soy yo?», en lugar de pasar a través de él y más allá de él, no seremos capaces de entrar en nuestro estado natural de ser auto-consciente libre de pensamiento. Por lo tanto, habiendo vuelto la atención hacia nosotros preguntando «¿quién soy yo?», debemos sumergirnos calmadamente sin el menor pensamiento, dentro de la profundidad más íntima de nosotros ― es decir, en la soledad absoluta de nuestro ser no-dual auto-consciente verdadero.

Aunque podamos usar un pensamiento tal como «¿quién soy yo?» como un medio para volver la atención hacia nosotros y con ello sumergirnos profundamente en nuestro ser real auto-consciente libre de pensamiento, no debemos imaginar que el pensamiento «¿quién soy yo?» es la práctica real de atma-vichara o auto-indagación. La práctica real de atma-vichara es solo el estado en el que hemos dejado atrás todos los pensamientos, incluyendo el de «¿quién soy yo?», y con ello nos hemos sumergido profundamente en nuestro ser auto-consciente esencial y perfectamente claro.

Por lo tanto, habiéndonos preguntado una vez «¿quién soy yo?», no necesitamos hacer esta misma pregunta. De hecho, no debemos preguntarla de nuevo, debido a que una vez que hemos vuelto la atención exitosamente hacia nosotros, el pensamiento verbalizado «¿quién soy yo?» solo nos distraería del estado vigilantemente atento de clara auto-consciencia libre de pensamiento, igual que haría cualquier otro pensamiento.

Ésta es la razón por la que, siempre que alguien preguntaba a Sri Ramana si debemos repetir la pregunta «¿quién soy yo?» como un mantra, él respondía enfáticamente que no es un mantra y no debe ser repetida como tal, y explicaba que el único objetivo al practicar atma-vichara debe ser focalizar la mente o poder de atención enteramente en su fuente, que es nuestro ser auto-consciente. En el mismo contexto, él también declaraba algunas veces explícitamente que, si la vichara o indagación «¿quién soy yo?» fuera meramente un acto mental de preguntar, no sería de ningún beneficio real para nosotros.

Sin embargo, aunque él declaraba explícitamente que no debemos repetir la pregunta «¿quién soy yo?» como si fuera un mantra, y que la práctica de atma-vichara no es meramente un acto mental de hacernos esta pregunta, Sri Ramana no dijo efectivamente que no debamos hacernos nunca esta pregunta, o que preguntárnosla no sea de algún valor, como una ayuda a la práctica efectiva de atma-vichara. Lo que él nos advertía que evitáramos, era en primer lugar, la práctica fútil de abusar de esta pregunta repitiéndola como un loro, y en segundo lugar, la noción errónea de que atma-vichara es meramente una práctica mental de hacernos esta pregunta repetida o incluso ocasionalmente.

 

La práctica de atma-vichara o auto-investigación es por lo tanto solo una focalización calmada y apacible de la atención entera en el núcleo más íntimo de nuestro ser, y, por consiguiente, es la misma práctica que en otras tradiciones místicas es conocida como contemplación o recogimiento ―recogimiento, es decir, no tanto en el sentido de recordación, como en el sentido de re-coger o juntar de nuevo la atención dispersada de todas las otras cosas, llevándola a su centro y fuente natural, que es nuestro ser más íntimo ―el ser verdadero auto-consciente esencial «yo soy».

Mientras que prestar atención a algo diferente que nosotros es una actividad, un movimiento o dirección de la atención hacia algo lejos de nosotros, prestarnos atención no es una actividad o movimiento, sino una retención sin-movimiento de la atención dentro de nosotros. Puesto que somos consciencia o atención, mantener la atención centrada en nosotros es permitirle descansar en su morada natural. La auto-atención es así un estado de solo ser, y no de hacer algo. Consecuentemente, es un estado de reposo, serenidad, tranquilidad, calma y paz perfectas, y como tal, de felicidad suprema e incualificada.

Debido a que la práctica de la auto-investigación es así un estado de solo ser, un estado en el que la atención no hace nada sino permanecer simplemente como es realmente ―como la claridad perfecta de la auto-consciencia no-dual natural― más bien que describir la auto-investigación como «auto-atención», podríamos describirla más exactamente como la cualidad de la «auto-atención». Es decir, verdaderamente no es un estado de atender o prestar atención activamente, sino que en lugar de ello es un estado de solo ser pasivamente atento o consciente de nuestro ser esencial.

Puesto que no somos en realidad nada diferente que ser auto-consciente absoluto y eternamente claro, cuando practicamos este arte de solo ser auto-atento o auto-consciente, meramente estamos practicando ser nosotros ―ser nuestro sí mismo real, ser lo que somos realmente, o como Sri Ramana solía describirlo a menudo, simplemente ser como somos.

 

Consideremos ahora la vía de la auto-entrega. En este contexto, ¿qué significa exactamente la palabra «entrega», qué es el sí mismo que hemos de entregar, y cómo podemos entregarlo?

En un contexto espiritual, la palabra «entrega» significa rendirse, deshacerse de, renunciar a todo, abandonar todas las formas de apego, renunciar a todos los deseos personales, abandonar nuestra voluntad individual, resignarnos a la voluntad de Dios, y someternos completamente a él. Puesto que la raíz de todos los deseos y apegos es nuestro sí mismo finito ―el sentido de ser una persona individual separada― solo podemos entregar todos los deseos y apegos completa y efectivamente entregando este sí mismo finito. No podemos deshacernos verdaderamente de todo lo que consideramos ser «mío», hasta que nos deshagamos de todo lo que consideramos ser «yo».

El sí mismo que hemos de entregar es por lo tanto el falso sí mismo finito, la mente o ego. Puesto que este sí mismo individual es una mera ilusión, que surge debido a nuestro imaginarnos ser algo que no somos, solo podemos entregarlo conociendo el sí mismo verdadero como es realmente. Si conocemos claramente qué somos realmente, seremos incapaces de imaginarnos ser otro. Por lo tanto, tan pronto como conozcamos nuestro sí mismo verdadero, automáticamente abandonaremos o entregaremos todas las nociones falsas que tenemos ahora sobre nosotros. Entonces, solo podemos entregar verdaderamente el falso sí mismo imaginario conociendo nuestro sí mismo real.

El estado de entrega es el estado en el que no nos apegamos a nada ni nos identificamos con nada. De todos los apegos, el más fundamental es el apego al cuerpo, debido a que lo tomamos erróneamente por nosotros. La mente o consciencia individual separada solo puede surgir identificando un cuerpo particular como «yo», de modo que toda la experiencia de dualidad o multiplicidad está enraizada en la identificación de nosotros con un cuerpo. Sin apegarnos primero a un cuerpo, no podemos apegarnos a nada más. Por esa razón, para abandonar todo apego, debemos abandonar el apego al cuerpo.

Estamos apegados al cuerpo debido a que lo tomamos erróneamente por nosotros, y lo tomamos así debido solo a que no tenemos un conocimiento claro de qué somos realmente. Si supiéramos qué somos realmente, no podríamos tomarnos erróneamente por lo que no somos. Inversamente, hasta que sepamos qué somos realmente, seremos incapaces de liberarnos de todas las nociones erróneas que ahora tenemos sobre nosotros. Por consiguiente, mientras continuemos careciendo de un conocimiento claro y correcto de nosotros, continuaremos tomándonos erróneamente por lo que no somos.

Así pues, no podemos entregarnos enteramente sin conocer primero nuestro sí mismo real, es decir, sin experimentar efectivamente nuestra naturaleza real o ser esencial. En otras palabras, para entregar el sí mismo individual falso, debemos focalizar la atención entera en nuestro ser esencial para conocer qué somos realmente. Así pues, la auto-indagación es el único medio efectivo por el que podemos entregarnos enteramente. Por lo tanto, en el párrafo 13 de Nan Yar?, Sri Ramana define la verdadera auto-entrega diciendo:

Estar completamente absorbidos en atma-nishtha [auto-permanencia, el estado de solo ser como somos realmente], no dando el más mínimo espacio al surgimiento de ningún otro pensamiento que atma-chintana [el pensamiento de nuestro sí mismo real], es darnos a Dios...

Puesto que la entrega completa y perfecta es el estado en el que hemos renunciado enteramente al sí mismo individual, y así a toda conexión con su cuerpo y mente, es un estado carente de cualquier acción y cualquier conocimiento de dualidad. Eso que siente «yo estoy haciendo» o «yo estoy conociendo» no es nuestro sí mismo real sino solo el sí mismo individual falso. La naturaleza de nuestro sí mismo real es solo ser, y no hacer o conocer nada otro que a sí mismo. Por lo tanto, si hemos entregado verdaderamente el sí mismo individual finito, permaneceremos como mero ser y no sentiremos que estamos haciendo nada o conociendo nada otro que nuestro ser auto-consciente. El estado de entrega verdadera es por lo tanto un estado de solo ser y no un estado de hacer nada.

Puesto que la entrega perfecta es el estado de solo ser, el medio para obtener ese estado debe ser también solo ser. La práctica de la auto-entrega es por lo tanto el cultivo de la pericia de solo ser, y no ser esto o eso. ¿Cómo podemos cultivar esta pericia? De acuerdo a los principios sobre los que se basa la vía de la auto-entrega, podemos cultivarla entregando nuestra voluntad individual a la voluntad de Dios, es decir, abandonando todos los deseos personales propios, debido a que los deseos son el poder que nos impele a hacer acciones, y con ello nos impide solo ser.

Cultivando la actitud «Hágase tu voluntad, no mi voluntad, sino solo la tuya», seremos capaces de reducir gradualmente la fuerza de la voluntad individual ―los gustos y disgustos, deseos, apegos y aversiones― y así comenzaremos a privar a la mente de la fuerza o poder que la impele a estar activa. Cuanto más capaces seamos de reducir el poder de nuestra voluntad individual, más se sumergirá la mente, y más cerca estaremos del estado de solo ser.

 

Aunque es la mente la que se pone a practicar cualquiera de las cuatro «vías» o tipos de esfuerzo espiritual, a saber, la vía del karma o la acción hecha sin deseo de ninguna recompensa, la vía de la bhakti o la devoción, la vía del yoga o la unión, y la vía del jñana o el conocimiento, la mente es de hecho el único obstáculo que se levanta en la vía de nuestro logro de la meta de estas cuatro vías. Por lo tanto, el fin de cada una de estas vías solo puede ser alcanzado cuando la mente, que se esfuerza por practicarlas, se sumerge finalmente en el estado de ser, que es la fuente de la que ella había surgido originalmente. Así pues, la auto-entrega completa es la meta verdadera de todas las formas de práctica espiritual.

Incluso la auto-investigación, que es la verdadera vía del conocimiento o jñana, es necesaria debido solo a que todavía no nos hemos entregado completamente. Puesto que la práctica correcta de auto-investigación no es hacer algo, sino solo ser, no podemos practicarla correctamente sin entregarnos ―sin entregar nuestro sí mismo «hacedor» o mente pensante. A la inversa, puesto que no podemos entregar efectivamente el falso sí mismo finito sin saber qué somos realmente, la práctica correcta de la auto-entrega es escudriñarnos agudamente y con ello sumergirnos en el estado de solo ser. Así pues, en la práctica, la auto-investigación y la auto-entrega son inseparables una de otra, como las dos caras de una única hoja de papel.

Cuando tratemos de entregarnos, tenemos que estar extremadamente vigilantes para asegurar que la mente o sí mismo individual no surge subrepticiamente para pensar en algo. Puesto que la mente surge solo cuando pensamos en o prestamos atención a algo diferente que nosotros, solo podemos impedir que surja prestando atención vigilantemente a la fuente de la que surge, que es nuestro sí mismo real.

Cuando prestemos atención así vigilantemente a nuestro ser más íntimo, seremos capaces de detectar la mente en el momento mismo en el que surge, y así seremos capaces de aplastar su surgimiento instantáneamente. De hecho, si estamos vigilantemente auto-atentos, la mente no será capaz de surgir, porque efectivamente ella surge solo debido al descuido en la auto-atención.

 

Como hemos visto anteriormente, Dios es nuestro sí mismo real, y él parece estar separado de nosotros debido solo a que nos hemos limitado como una consciencia individual finita. En otras palabras, tan pronto como nos engañamos imaginando que somos un individuo finito, nuestro sí mismo real se manifiesta como Dios, el poder que guía y controla la vida entera como un individuo, y que con ello nos lleva gradualmente de vuelta hacia el estado natural de auto-conocimiento verdadero.

Sin embargo, Dios no es la única forma en la que nuestro sí mismo real se manifiesta para guiarnos de vuelta a sí mismo. En una cierta etapa del desarrollo espiritual, nuestro sí mismo real también se manifiesta como gurú, y en esta forma nos revela a través de palabras habladas o escritas, la verdad de que somos ser, consciencia y felicidad infinita, y que para experimentarnos como tal, debemos escudriñarnos y con ello entregar el sí mismo individual falso. Cuando hemos escuchado o leído una vez esta verdad revelada por nuestro sí mismo real en la forma del gurú, y si hemos sido genuinamente atraídos por esta verdad, hemos devenido verdaderamente bajo la influencia del gurú, y por lo tanto estamos en el camino de alcanzar la meta final de auto-conocimiento verdadero.

Este estado en el que hemos devenido bajo la influencia del gurú, es descrito por Sri Ramana en el párrafo 12 de Nan Yar? como ser agarrados o atrapados por la «mirada de gracia del gurú»:

Dios y el gurú en verdad no son diferentes. De la misma manera que [la presa] que ha sido atrapada en las fauces de un tigre no vuelve, así también aquellos que han sido atrapados en la mirada de gracia del gurú, ciertamente son salvados por él y nunca son abandonados; sin embargo, es necesario [para ellos] proceder [a comportarse o actuar] infaltablemente de acuerdo con la vía que el gurú ha mostrado.

Aunque el gurú real parece ser externamente un ser humano, él es de hecho Dios en forma humana, manifestado como tal para darnos las enseñanzas espirituales que son necesarias para empujarnos a volver la mente hacia la fuente de la que había surgido, y con ello sumergirse y disolverse en esa fuente para siempre. O para explicar la misma verdad de otra manera, puesto que la persona que había ocupado previamente el cuerpo en el que el gurú está manifestado, se había entregado él mismo enteramente a Dios y con ello había sido consumido en el fuego del auto-conocimiento verdadero, eso que permanece y funciona a través de ese cuerpo es solo Dios mismo. Por lo tanto, eso que habla, ve, oye y actúa a través de la forma humana en la que el gurú está manifestado, no es un individuo finito, sino el poder infinito del amor y el conocimiento verdadero que de otra manera llamamos Dios.

Esta unidad absoluta de Dios, el gurú y nuestro sí mismo real, es la verdadera significación de la Trinidad Cristiana, como es explicado por Sri Ramana. Dios Padre es Dios como el poder que gobierna este universo entero y la vida de cada individuo en él; Dios Hijo es el gurú, y Dios Espíritu Santo es nuestro sí mismo real. Aunque en la perspectiva limitada y distorsionada de la mente, ellos parecen ser tres entidades o «personas» distintas, Dios, el gurú y el sí mismo son en realidad el único ser infinito e indivisible.

Aunque la palabra gurú se usa en muchos contextos diferentes y por lo tanto puede significar un maestro de cualquier arte, ciencia o pericia ordinaria, en un contexto espiritual denota correctamente solo al sadgurú, al «gurú real» o «ser-gurú», es decir, el gurú que es sat, la realidad o ser verdadero de cada uno de nosotros. Aunque hay muchas gentes que proclaman ser gurús espirituales, el verdadero gurú espiritual es muy raro, y, por consiguiente, en un contexto espiritual, el término gurú solo debe ser aplicado a aquellos seres raros como el Buddha, Sri Krishna, Cristo, Adi Sankara, Sri Ramakrishna y Sri Ramana, que tienen una clara misión divina de revelarnos la vía para obtener el auto-conocimiento verdadero. Ningún gurú real tal proclamará nunca ser el gurú, ni explícita ni implícitamente, debido a que el gurú real es totalmente carente de ego, y por lo tanto se conoce a sí mismo solo como «yo soy» y no como «yo soy Dios» o «yo soy gurú».

Una vez que somos atrapados en la influencia del gurú real, somos como la presa que ha sido atrapada en las fauces de un tigre. Lo mismo que un tigre devorará indefectiblemente a la presa que ha atrapado, así también el gurú nos devorará indefectiblemente, destruyendo la mente o consciencia individual, y absorbiéndonos con ello en sí mismo, es decir, haciéndonos uno con nuestro ser verdadero y esencial, que es lo que él es realmente.

El propósito de la manifestación de nuestro sí mismo real en la forma humana del gurú, es enseñarnos el medio por el que podemos obtener la salvación, que es el estado del auto-conocimiento verdadero. Él no se ha manifestado como gurú meramente para que le adoremos como Dios, esperando que nos otorgue cualquier beneficio o felicidad finita en este o en algún otro mundo.

La función del gurú es la función última de Dios, que es destruir para siempre la ilusión de la individualidad ―el engaño de que somos el cuerpo y la mente que ahora imaginamos que somos ―y él cumple esta función enseñándonos que debemos volver la atención hacia dentro, hacia nuestro ser más íntimo, para conocer nuestro sí mismo real y con ello entregar el falso sí mismo individual. Por lo tanto, si deseamos verdaderamente ser salvados del engaño auto-impuesto, debemos hacer infaltablemente como el gurú nos ha enseñado, aplicando todo el esfuerzo posible por prestar atención a nuestro ser esencial, «yo soy», y con ello entregar el sí mismo finito en la infinidad de ese ser o «soy»-dad.

La gracia de Dios o el gurú está proporcionando siempre toda la ayuda que necesitamos para seguir esta vía espiritual, pero debemos valernos plenamente de esa ayuda volviendo la mente hacia dentro y con ello permanecer en nuestro estado natural de solo ser, que es el estado de auto-investigación y auto-entrega verdadero. Dios o el gurú está siempre otorgando su gracia brillando dentro de nosotros como «yo soy», pero debemos corresponder a esa gracia o amor prestando atención a «yo soy». La razón por la que todavía no hemos obtenido la salvación, es que continuamos ignorando la forma verdadera de la gracia, que brilla siempre dentro de nosotros como «yo soy».

 

Como hemos estado viendo a lo largo de todo este capítulo, la esencia de la auto-investigación y de la auto-entrega es solo ser. Mientras nos sintamos estar pensando o haciendo algo, la atención no está enteramente focalizada en nuestro ser, y por lo tanto todavía no nos hemos entregado enteramente a Dios.

La esencia de toda la práctica espiritual puede ser resumida en dos palabras, «solo ser». Sin embargo, aunque estas dos palabras son la descripción más precisa posible del único medio por el que podemos obtener la experiencia infinitamente feliz del auto-conocimiento verdadero, la mayoría de nosotros somos incapaces de comprender su significación plena, y por lo tanto nos preguntamos cómo podemos solo ser.

Estamos tan acostumbrados a hacer, y a considerar que no podemos obtener nada sin hacer algo, que tendemos a pensar ― «¿Qué debo hacer para solo ser?» Aunque hayamos comprendido que ser no es hacer nada, y que por lo tanto no podemos hacer nada para ser, seguiremos preguntándonos cómo podemos abstenernos de pensar o de hacer algo.

Para salvarnos de toda esta confusión, Sri Ramana nos dio una simple indicación para capacitarnos para ser sin hacer nada. Es decir, él nos enseñó que para ser sin hacer nada, todo lo que necesitamos «hacer» es focalizar la atención entera en nosotros, es decir, en nuestro ser esencial «yo soy». Aunque esta práctica de focalizar la atención en nuestro ser puede parecer un «hacer», el único «hacer» que implica efectivamente es la retirada de la atención de todas las otras cosas, debido a que una vez que la atención es así retirada y le es permitida establecerse en sí misma, todo «hacer» habrá cesado y solo permanecerá «ser».

Además, aunque esta retirada de la atención de todas las otras cosas hacia nuestro ser más íntimo puede parecer un «hacer» o acción, de hecho no es así, debido a que en la práctica es solo una submersión y cesación de toda actividad. Es decir, puesto que la mente solo surge y deviene activa prestando atención a otras cosas que a sí misma, cuando recoge su atención de vuelta hacia sí misma, se sumerge y toda su actividad o «hacer» cesa. Así pues, esta indicación de auto-atención que Sri Ramana nos ha dado, es un medio infalible por el que podemos hacer que la mente se sumerja en nuestro estado natural de solo ser.

Esta submersión de la mente en nuestro estado de ser natural, es lo que se conoce de otra manera como auto-entrega completa. La verdadera auto-entrega es una cesación consciente y voluntaria de toda actividad mental, y lo que permanece cuando todos nuestros pensamientos distrayentes han sido sumergidos así, es la consciencia clara e imperturbada de nuestro ser verdadero. Por lo tanto, de la misma manera que la cualidad de auto-atento resulta automáticamente en auto-entrega, así también la auto-entrega resulta automáticamente en la cualidad de auto-atento, que es la verdadera práctica de la auto-investigación.

De hecho, aunque hablamos de auto-investigación y auto-entrega como si fueran dos prácticas diferentes, en realidad no es así, sino que son meramente dos aproximaciones aparentemente diferentes a la misma práctica, que es la práctica de solo ser ―solo ser, es decir, con plena consciencia de nuestro ser. ¿Qué queremos decir exactamente cuando las describimos así como aproximaciones diferentes? Aunque en la práctica efectiva son una y la misma, difieren solo en ser dos maneras diferentes de conceptualizar y describir la única práctica de solo ser.

Mientras la auto-investigación es la práctica de solo ser concebida en términos más estrictamente filosóficos, la auto-entrega es la misma práctica concebida en términos más devocionales. Sin embargo, esta distinción no es una distinción rígida, debido a que cuando se comprenden correctamente desde una perspectiva más profunda y amplia, la auto-investigación y la auto-entrega están basadas de hecho en la misma filosofía amplia y están motivadas por el mismo amor y devoción profundos.

Es solo en la visión de las gentes que tienen una comprensión superficial y estrecha de la filosofía y la devoción, y que por lo tanto las ven como puntos de vista fundamentalmente diferentes, donde esta distinción aparente existe. Sin embargo, si somos capaces de reconocer que la filosofía y la devoción sincera a la verdad absoluta son esencialmente la misma cosa, comprenderemos que no hay realmente ninguna diferencia entre auto-investigación y auto-entrega.

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