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Artículos - José Díez Faixat (2008)

La vía mística no dual de José Díez Faixat

Se propone en su obra romper el pensamiento dual

por Silverio Sánchez Corredera

Intento plantear una visión de la realidad que integre lo interior y lo exterior

El hecho es que junto a la sensación habitual que tenemos de ser entidades finitas y separadas, también existe la vivencia última de una diáfana lucidez más allá de cualquier forma

SSC: José, quienes te conocemos sabemos que las olas del mar se preguntan quién es ese paseante del muro de Gijón tan constante como ellas mismas. Quienes no te conocen pueden, no obstante, preguntarse por tus libros. En tu nuevo libro, Siendo nada, soy todo, podemos ahora ver quién hay detrás de ese místico paseante. ¿Te distancias tanto de la exclusiva razón científica como de la mística fugitiva del mundo?

JDF: Sí. A lo largo de mi vida me he movido simultáneamente en ambos mundos, el científico, que trata de describir la realidad exclusivamente desde fuera, como un puro objeto exterior, y el místico, que intenta comprender la realidad tan sólo desde dentro, desde la pura subjetividad absoluta. Ambos lenguajes, tomados aisladamente, siempre me han parecido profundamente limitados y frustrantes, pues se cargan de entrada, de un plumazo, la mitad del mundo. Por eso, en este libro intento plantear una visión más comprehensiva de la realidad, que integre de forma coherente lo interior y lo exterior, el sujeto y el objeto, la atemporalidad y el tiempo.

SSC: El misticismo no dual en el que estás, ¿qué tiene de religión y qué de filosofía?

JDF: Si por religión entiendes las estructuras eclesiales, los ritos, los códigos y demás, la mística no dual trasciende bastante todo eso. Y si al hablar de filosofía te refieres tan sólo a un mero juego mental que trata de comprender la totalidad del espectro de la realidad desde lo meramente racional, la mística también va más allá de ese planteamiento. Lo no dual apunta básicamente a una pura vivencia (la autoevidencia siempre presente) en la que suceden todas las cosas. La religión, en teoría, camina hacia ella. La filosofía, puede intentar describirla. La mística, la vive directamente.

SSC: Siendo nada, soy todo nace de tu anterior libro, Entre la evolución y la eternidad, ¿qué es lo que los une?

JDF: Ambos libros, como sus títulos indican, apuntan a esa visión integral de la realidad que abraza, simultáneamente, la vacuidad y las formas. En el primero se pone más énfasis en el aspecto temporal y científico. En el segundo, donde he intentado ser más legible y pedagógico, se insiste más en el aspecto atemporal y místico. Básicamente, los dos se mueven en la misma dirección.

SSC: Tus tesis sintonizan con una línea de místicos modernos y con la psicología de la transpersonalidad. ¿Cuál es tu aportación?

JDF: Tienes razón. Actualmente hay un movimiento emergente en el pensamiento occidental que se mueve en esta línea integral. Yo, personalmente, me siento muy en sintonía, por ejemplo, con la obra de Ken Wilber. Mi aportación tendría sus raíces en la hipótesis sobre el ritmo de la evolución que desarrollé en el primer libro. Sobre aquella tesis que discurría a través de un modelo matemático, intento ahora profundizar más en sus consecuencias vitales y trascendentes.

SSC: Tus ideas van desde el planteamiento de una ontología y cosmología, pasando por una explicación matemática del devenir (la matemática de la música), hasta una mística superadora de la dualidad sujeto-objeto... ¿qué dirías a un diagnóstico del sentido común general que señalara algunos engranajes e ideas como delirantes?

JDF: La mente, por definición, se mueve en un lenguaje dual y, por eso, cualquier referencia a lo no dual a la mente le suena como un puro delirio. Pero lo no dual no es una mera idea, sino una vivencia irrefutable, la autoevidencia siempre presente, que es previa a cualquier separación mental de objetos y sujetos. En el libro invito a la gente a darse cuenta, aquí y ahora, de esa autoevidencia, y apunto unas posibles pautas a seguir para llevar a cabo esa simple investigación.

SSC: El ser humano queda máximamente negado (su existencia es aparente) y a la vez máximamente afirmado (su Sí mismo es toda la realidad eternamente). Pero realmente no hay ser humano. Cuando defines algo como el ser humano con términos opuestos ¿te contradices o no?

JDF: El hecho es que junto a la sensación habitual que tenemos de ser entidades finitas y separadas, también existe la vivencia última de una diáfana lucidez más allá de cualquier forma. Es lo que los budistas llaman nirvana, los hinduistas nirvikalpa, los cristianos divinidad... Cualquier descripción integral de la realidad debe incluir forzosamente ambas vivencias. En el budismo tenemos los tres cuerpos de Buda, en el hinduismo la trimurti, y en el cristianismo la trinidad... Si nuestra lógica habitual no es capaz de integrar todos esos datos y experiencias, entonces no queda otro remedio que utilizar una lógica paradójica.

SSC: He tenido la impresión, al leer tu libro, de que todo lo fenoménico, todo lo que evoluciona, todo lo que deviene pautadamente en la gradación que va de la materia-energía a la conciencia no es más que una pseudoexistencia, es decir, que es verdaderamente un simulacro de la realidad primigenia, como su sombra ¿es así?

JDF: Más que su sombra, yo diría su automanifestación. Para que podamos percibir algo es necesario el contraste: sujeto/objeto, dentro/fuera, sonido/silencio, movimiento/quietud... El vacío no dual para contemplarse a sí mismo necesita desdoblarse en un juego aparente de opuestos. Así, el 0 puede manifestarse como +1 y –1, +2 y –2, etcétera, y de esta forma dar origen a este creativo despliegue universal que empezamos a vislumbrar.

SSC: Me gustaría que explicaras a los lectores por qué, una vez que el devenir y la pluralidad de las cosas es comprendida fenoménicamente, planteas como su ser originario el Todo o la Plenitud o el Vacío (que son formas de lo Uno y del Espíritu) en lugar de la materia (en sus diversos géneros) y su ser plural. ¿No sería todo más coherente?

JDF: Como te he dicho, junto a la vivencia cotidiana del devenir y la pluralidad, existe también la vivencia universal de la quietud y la vacuidad, tal como la exponen todas las tradiciones que han buceado en el ámbito de la conciencia hasta su fondo. Por eso, igual que Galileo invitaba a los cardenales a mirar por el telescopio, yo invito a los materialistas filosóficos, y a cualquiera, a mirar sin miedo en lo profundo de sí mismos... ¡y a ver qué pasa!

Gijón, 23 de febrero de 2008 (1)
Fuente: Eikasia. Revista de Filosofía. III, 17 (marzo 2008)
Notas:
  1. El presente artículo se ha elaborado sobre la base de otro anterior aparecido en la prensa española: La Nueva España, Cultura, no 794, jueves 21 de febrero de 2008.