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Entrevista a Jean Klein

(Extracto del libro de Jose Maria Mendiola En busca de la experiencia de Dios de Ediciones Obelisco)

- Para empezar nuestra entrevista, quisiera que me dijera dónde ha nacido usted.
- Contestar esa pregunta significaría ir en contradicción con todo lo que yo explico. Yo no he nacido.

- Nadie ha nacido, ¿no es así?
- Así es.

- Pero estamos aquí, de alguna forma.
- Mientras consideramos que somos un cuerpo, también habremos de morir.

- ¿Dónde ha nacido su cuerpo?
- En Europa central.

- ¿Sintió desde muy pequeño una gran necesidad de conocerse a sí mismo.
- Sí, desde muy pequeño.

- ¿Qué hizo cuando sintió esa aspiración?
- Primero busqué la solución en el mundo, en los objetos y en las situaciones.

- ¿Vio enseguida que en el mundo no estaba la solución?
- No, no lo vi tan rápidamente. Tuve que buscar durante mucho tiempo en los objetos y en las situaciones de este mundo.

- Los objetos y las situaciones parecían muy reales, ¿verdad?
- Sí

- Está todo muy bien montado, para que parezca que (todo) es real.
- Yo me di finalmente cuenta de que, cuando yo estaba disfrutando del objeto, no eran reales ni el objeto ni yo mismo. Solamente era real la alegría.

- ¿Quién es el que está disfrutando?
- No hay nadie que disfruta. Solamente está la alegría.

- ¿No hay nadie, en ninguna parte?
- En el momento de la alegría y de la libertad, no existe otra cosa que la alegría y la libertad. No hay dualidad.

La idea de ser una persona

- ¿Quién es Dios?
- Dios es un concepto.

- Pero si nos olvidamos del concepto... ¿Qué existe? ¿Quién existe?
- Dios no existe. Dios es.

- ¿Se le puede conocer?
- Tenemos que liberarnos de la idea de ser una persona. En el momento en que nos liberamos de creer que somos una identidad personal, hacemos sitio para que Dios aparezca.

- El deseo de liberarnos de nosotros mismos, ¿no implica pasar de un concepto a otro concepto?
- La ausencia de la idea de ser alguien deja a uno en un estado totalmente libre.

- ¿Usted ama a Dios?
- Si yo le dijera que sí le estaría diciendo que existe una dualidad entre Dios y yo.

- ¿Se siente dichoso de ser quien es?
- Me siento feliz.

- ¿Es feliz siempre, o solamente algunas veces?
- Soy siempre feliz. Yo soy, y eso no es ningún estado. De un estado se entra y se sale. Y en esta alegría no hay sitio para el concepto de ser una persona feliz.

- Yo veo, por la calle, que muchísima gente no es feliz.
- ¿Y cuál es la causa de ello? No es otra cosa sino sentirse separados. Hay que ser uno mismo en la unidad.

- ¿Qué se puede hacer por ellos, por estas personas? ¿Qué se puede hacer para evitar esa separación?
- Primero tienes que ser tú uno mismo. No hay que tratar de ayudar a los demás mientras uno mismo esté necesitando ayuda.

- ¿Usted necesita ayuda, todavía?
- No.

- ¿Tiene miedo a la muerte?
- No. Además, ya le he dicho que la muerte no existe.

- Bien, pero... Esa cosa que nosotros conocemos como muerte, esa cosa que le sucede al cuerpo cuando la vida se va... ¿qué significa, para usted?
- Un cambio. Todo está cambiando, constantemente. Cuando se va un pensamiento, viene otro. El cambio es siempre constante.

Rechazamos la felicidad

- ¿Tenemos motivos para estar contentos? ¿Tenemos motivos para tener fe en el futuro?
- El futuro no existe.

- Cambiaré la pregunta: ¿tenemos motivos para ser felices ahora?
- Si. Pero lo que ocurre es que no aceptamos, estamos siempre rechazando esa felicidad.

- ¿Tenemos miedo?
- Sí.

- ¿De qué tenemos miedo?
- Tenemos miedo de perder la idea de creernos una identidad personal.

- ¿Tanto nos gusta esa idea de nosotros mismos?
- Se trata de una especie de mala costumbre, esa idea, una mala costumbre acumulada y alimentada por la sociedad.

- Es un sueño esta vida, ¿verdad?
- Si, es un sueño.

- Pero es un sueño tan verdadero que parece real, ¿no es así.?
- Si. Así, si tú estás soñando que eres un mendigo, tú en ese momento eres un mendigo. Si sueñas que eres un rey, en ese momento estás siendo el rey. Solamente dejarás de ser rey o mendigo cuando te despiertes y compruebes que todo ha sido un sueño.

- ¿Eso es nuestra vida, entonces?
- Mira, el hecho de que tú creas que estás aquí en esta habitación haciéndome preguntas y oyendo mis respuestas eso es un sueño. Y es un sueño no más real que el que hayas podido tener anoche en tu cama, mientras descansabas.

- ¿Qué se puede hacer, entonces?
- No se puede hacer nada. Pero en el momento que te das cuenta que no puedes hacer nada, hay una parada, sucede algo, se produce un despertar a la realidad.

No se puede codificar la moral

- Si usted viera a un hombre, en la punta de un acantilado, dispuesto a tirarse abajo, ¿qué le diría?
- No se lo puedo decir.

- ¿No me lo puede decir?
- No.

- ¿Por qué no me lo puede decir, vamos a ver?
- Porque esa situación no está sucediendo ahora. No se pueden examinar las acciones que no han sucedido. Las acciones surgen en cada instante. No se puede codificar la moral.

- ¿Ha tenido maestro?
- Sí, tuve un maestro que vivía en la India.

- ¿Vive todavía?
- No

- ¿Tiene ahora maestro?
- No

- ¿Es usted un maestro?
- Hay circunstancias en las que yo puedo cumplir la función de un maestro. Pero yo no quiero restringirme o limitarme a ser un maestro.

- ¿Existe el amor, en este mundo?
- Si, no hay más que amor.

- ¿No es toda esta vida algo así como una acción teatral, una especie de representación escénica?
- Si. Y nuestro papel es permanecer en la sala, cómodamente instalados, y observar lo que sucede. Y no caer en la tentación de subir al escenario y ponernos a actuar o interpretar.

- El amor del que hemos hablado, ese amor al que nos referíamos hace un momento, ¿es muy grande?
- No es grande ni pequeño. Es amor.

- A mi me da la sensación que tiene que ser muy grande
- En ese caso, es que en ti hay una referencia a algo pequeño. Y estás, entonces, objetivando el amor. El amor objetivado no es amor. Es como cuando vemos la luna reflejada en la superficie de un lago. Lo que estamos viendo no es la luna, sino su reflejo.

- ¿Y no es así como sucede en la vida? ¿No es todo lo que nos rodea como un reflejo de algo mucho más real?
- Sí, las formas cubren la realidad.

¿Es necesario el sufrimiento?

- ¿Le gusta esta conversación que estamos manteniendo los dos?
- Si, a mí me gusta esta conversación que mantenemos. Y, además, yo puedo sentir amor hacia usted.

- ¿Sabe si yo también estoy sintiendo ese amor hacia usted?
- Inevitablemente. No podría hacer otra cosa.

- Hay mucho sufrimiento en el mundo. Dígame ahora algo acerca del sufrimiento.
- El sufrimiento, si se mira bien, no es malo en sí. Si sufres e interpretas bien ese sufrimiento, eso supondría una liberación.

- ¿Es necesario el sufrimiento?
- No, yo no digo que sea necesario. Pero, desde el momento en que está ahí, es indicativo de algo.

- Sufrir es triste y desagradable.
- Es triste y desagradable para la persona, si.

- Yo a veces soy muy feliz y, sin embargo, a veces también tengo miedo. ¿Qué es eso?
- Habría que ver qué es lo que precede al sentimiento del miedo.

- No sé cómo se hace eso.
- Si te duele el hígado debes mirar a qué obedece eso. A lo mejor es que has comido demasiado. A eso me estoy refiriendo. Hay que saber vivir con todo lo que, nos rodea, con nuestros pensamientos. Hay que ser cada vez más consciente en la vida. Sobre todo, no hay que tratar de cambiar la vida. Nosotros no podemos cambiar la vida. La vida cambia a medida que aumenta nuestra comprensión de la vida.

- No entiendo esa frase.
- La comprensión de la vida es cambio. Si alguien quiere cambiar, entonces permanece anclado en el circulo vicioso de la memoria y del pasado.

- Esa persona que no se gusta a sí misma y pretende establecer cambios en su existencia ¿está cometiendo un error?
- Sí, un error. No hay que proyectar nada.

- ¿No hay nada que hacer, entonces?
- No hay nada que hacer

Despertar en un instante

- ¿Estamos muy lejos de despertar?
- Estamos despiertos solamente en los objetos. Nosotros estamos dormidos.

- Repito la pregunta: ¿estamos muy lejos de despertar?
- No estamos ni lejos ni cerca.

- ¿Cuándo se acabará este sueño? Soy consciente de que repito la pregunta por tercera vez.
- El problema de despertar no tiene nada que ver con el tiempo. Nos podemos despertar en un solo instante.

- ¿Es eso cierto?
- Sí, es verdad. El despertar es una cosa instantánea.

- ¿Usted ha despertado ya?
- Si, en un solo instante.

- ¿Puede ayudarme a que yo despierte?
- Si

- Hágalo, por favor.
- Escuche: dos científicos están trabajando en un laboratorio. Uno de ellos hace el descubrimiento. Entonces, transmite ese descubrimiento a su compañero. Le explica todas las combinaciones que ha ido haciendo para alcanzar un determinado resultado. Su compañero debe aceptar lo que le dicen, debe tener confianza en lo que está recibiendo. Pero él está recibiendo una información de segunda mano. Para que esta persona tenga una información de primera mano, deberá atravesar y pasar por las mismas etapas que pasó y atravesó el primer científico.

- No me quiere usted ayudar. No me quiere dar la fórmula encontrada en el laboratorio.
- Si, si que se la quiero dar. Vamos a ver: ¿a quien se le representa esta situación que nosotros dos estamos viviendo?

- A mí
- ¿Quién es usted?

- Una conciencia que está advirtiendo algo, una consciencia.
- Cuando esta situación que está usted advirtiendo ahora se termine, ¿dónde estará su conciencia?

- Habré abandonado esta habitación y estaré fuera, paseando bajo los árboles.
- Lo que demuestra que su consciencia está fuera de la situación. Su consciencia es como una pantalla, y las situaciones son las imágenes que se proyectan sobre ella.
Las situaciones cambian, pero la pantalla no cambia. La pantalla nunca es afectada por las imágenes. La pantalla es la realidad. La pantalla es alegría es amor, es libertad.

- ¿Me puedo marchar contento? ¿Todo está bien, entonces?
- Puede irse contento. Y sea valiente, y no tome conclusiones. Tomar conclusiones es una función mental. Lo que aquí hemos hablado irá encontrando en usted distintos ecos. Y, un dia, se despertará en la comprensión. Y, entonces, usted mismo será comprensión.

- ¿Era absolutamente indispensable que usted y yo nos hubiéramos encontrado?
- No hay azar en la vida. No puede plantearse el problema de lo indispensable. Nuestro cerebro está condicionado para advertir pasado, presente y futuro. Pero ello es solamente una función de nuestro cerebro. No existe pasado, presente y futuro. Solamente existe el estado del presente. Lo que se manifiesta en esta triple vertiente es solamente el presente.

- Muchas gracias.

Fuente: José María Mendiola, En busca de la experiencia de Dios - Ediciones Obelisco