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Artículos - Tony Parsons (2002)

"La unidad es el estado natural"

por Tony Parsons
Tony Parsons

Muchas personas vienen aquí pensando que si escuchan las palabras, si consiguen comprender la naturaleza de lo que son, podrán impregnarse de ello. Pero no es así como funciona porque la naturaleza de lo que somos está totalmente fuera del alcance de la comprensión. De hecho, para que pueda tener lugar la visión lúcida, la comprensión debe desaparecer. La visión lúcida y la comprensión son excluyentes entre sí.

Lo único que puede suceder aquí, en términos de comprensión, es que desaparezcan todas esas ideas que albergas sobre la iluminación y sobre lo que crees que eres. Esas ideas pueden desaparecer y cabe la posibilidad de que te quedes sin ninguna idea, sin nada. Y cuando uno se queda sin nada, lo que aparece es esto, lo que se manifiesta es la invitación. Todos los mensajes sensoriales que recibes ―a través del tacto, del olfato, de la vista― son el amado invitándote a ver que solo hay la unidad.

Es lo más sencillo del mundo y es totalmente inmediato. Estás sentado sobre lo que eres. De hecho, eres lo-que-es.

Y no tiene nada que ver con quién crees que eres. En realidad no eres más que un personaje en una obra. La obra no va a cambiar ―nada va a mejorar ni a empeorar― pero lo que se manifiesta es el uno que observa. La visión lúcida es simplemente observación, sin que haya nadie que observe.

Lo vemos todo desde el punto de vista del ser separado, como a través de un velo, no vemos lo que realmente hay. De algún modo continuamos tratando de conseguir algo, miramos y escuchamos a fin de obtener algo a cambio. Pero en la visión lúcida no hay nadie que quiera nada y lo que se ve es la realidad. Y la realidad es que solo hay unidad.

No puedes desprenderte de "ti". Ahí no hay nadie, nunca hubo nadie que pudiera decidir nada ni dejar nada de lado, así que no puedes hacer nada. Sin embargo hay algo, justo detrás de ti, que te contempla mientras me miras. Y lo que ve es el personaje que nunca ha necesitado convertirse en algo diferente porque su papel en la obra es total y absolutamente satisfactorio. El personaje no necesita cambiar para abrirse a la lucidez; en realidad no podría cambiar aunque quisiera. Ni siquiera es necesario que te plantees si tienes que cambiar para que pueda suceder la liberación, la liberación no tiene nada que ver contigo.

Las personas a las que no les ha sucedido el despertar se sienten alienadas. Tanto si están inmersas en una guerra, como si viven en un precioso ático en Nueva York... siempre tienen presente una sutil sensación de separación, de que les falta algo. Tras el despertar, la aparente historia de la vida continúa pero la identificación con ella desaparece por completo.

 

― ¿Cómo sabes que estás iluminado?

No lo sé, nadie puede saberlo.

― Pero tú dices que estás en la unidad...

No, no estoy en la unidad, hay unidad.

― ¿Entonces no sabes cómo es la iluminación?

Es difícil expresarlo con palabras. No es necesario saber lo que es la unidad porque la unidad es el estado natural. La unidad es todo lo que hay. Es algo así como decir "Entonces ¿sabes cómo es la luz del sol?".

― ¿Qué razón hay para que Tony Parsons quiera comunicar esto?

No se trata de que Tony Parsons quiera comunicarlo. Se trata de que, de un modo u otro, el uno, que juega el juego de ser dos, está representando la obra del redescubrimiento. La obra consiste en que solo existe la unidad, pero esa unidad se manifiesta como dualidad; piensa que se ha perdido y quiere encontrarse otra vez, así que va a ver a Tony Parsons. Entonces se establece una comunicación que hace que la invitación pueda ser vista y, una vez más, la unidad vuelve a estar presente.

― Luego quieres que la veamos...

No, "yo" no quiero.

― ¿Entonces por qué lo divulgas?

"Yo" no lo divulgo, la divulgación sucede.

De una charla en Amsterdam, junio 2002
Fuente: Tony Parsons, Todo lo que es. (Trompa de Elefante, 2014)