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Encuentro con Rupert Spira (VI)

Barcelona - Septiembre 2012
Rupert Spira

Rupert Spira: Ve claramente que nunca dejas de ser otra cosa que no sea la ilimitada presencia de la consciencia. Incluso cuando los pensamientos, las emociones y sentimientos nos están diciendo lo contrario, nos están diciendo otra cosa. Incluso cuando los pensamientos y las emociones nos dicen que soy un yo separado y limitado, incluso entonces, jamás nos convertimos en una tal entidad separada. A pesar de lo que puedan decir los pensamientos y las emociones somos siempre, únicamente, la ilimitada presencia de la consciencia en la que todas las experiencias aparecen y a través de la que son conocidas y de la cual están hechas, constituidas.

La pantalla parece devenir, convertirse en un paisaje cuando empieza la película pero, en realidad, jamás se convierte en otra cosa que sí misma. La pantalla parece compartir las limitaciones del paisaje que aparece y parece compartir el destino de las personas que aparecen en el paisaje, pero la pantalla no comparte ni el destino ni las limitaciones ni del paisaje ni de las personas que aparecen.

Cuando los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones y las percepciones aparecen en la presencia consciente, como una imagen que aparece en la pantalla, la presencia consciente parece compartir los límites de esos pensamientos, sentimientos, sensaciones y percepciones, pero no es así. La pantalla no deviene verde cuando un coche verde aparece en la película, la cualidad de verde es una coloración temporal de su transparencia; de la misma manera que todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y percepciones son coloraciones temporales de la presencia consciente, en realidad, jamás colorean, manchan o afectan a la presencia consciente en forma alguna. Son los pensamientos y sentimientos quienes imaginan que la presencia consciente comparte de alguna forma los límites de aquello que aparece en ella.

Si preguntamos al pensamiento acerca de la naturaleza de la presencia consciente, es decir, acerca de la naturaleza de nuestro ser, de nuestro yo, el pensamiento nos contestará: “eres un hombre o una mujer, tienes tal edad, tal género, tal nacionalidad... estás localizado en un lugar y en un tiempo particular y determinado, etc., etc.” Pero preguntarle al pensamiento acerca de la presencia consciente es como preguntarle a un personaje en la película acerca de la pantalla, no sabe nada acerca de ella.

Pero, ¿qué ocurriría si preguntásemos a la consciencia qué es lo que conoce de sí misma? Después de todo, la presencia consciente es la única que es consciente de todo, así que la presencia consciente es la única que está en una posición para conocer acerca de sí misma. ¿Y qué es lo que dice la consciencia cuando le preguntamos acerca de su propia naturaleza?

Si nos preguntamos a nosotros mismos, la presencia consciente, si encuentra algún límite en ella misma, ¿qué es lo que dice?

Es como preguntarle al espacio vacío si encuentra algún límite en sí mismo. Si le preguntamos a la presencia consciente: “¿tienes alguna experiencia de ti misma proviniendo de algún lugar o yendo hacia algún sitio?” ¿Qué es lo que contestaría?

Si nos mantenemos muy próximos y de manera simple con nuestra experiencia jamás encontramos ni límite ni destino en nosotros mismos. Los pensamientos, las emociones y sentimientos pueden viajar al pasado o al futuro pero, yo, aquél en el que los pensamientos aparecen, aquél por quien son conocidos esos pensamientos, y aquél del cual están hechos esos pensamientos, ése no viaja al pasado o al futuro con los pensamientos. En otras palabras, el pensamiento puede conocer el tiempo pero yo no conozco tal cosa. Yo, presencia consciente, tan sólo conozco el eterno ahora; no un ahora que dura para siempre sino éste, el único y siempre presente ahora.

A veces en las enseñanzas espirituales escuchamos que la consciencia se identifica con el cuerpo y la mente, eso no es cierto; la consciencia no se identifica a sí misma con nada. La palabra identificación proviene de dos palabras latinas: las dos raíces “ideo” y “titeo”; “lo mismo” y “hacer”. Así que la palabra identificación significa: “hacer lo mismo”, “considerarse a sí mismo lo mismo que...” Y la consciencia, la presencia consciente, no se considera jamás a sí misma idéntica a otra cosa que no sea sí misma, y jamás se confunde a sí misma con algo que no sea sí misma. De hecho, no hay otra cosa en la consciencia con la que se pudiera identificar que no sea sí misma, de la misma manera que no hay otra cosa en la pantalla que no sea la pantalla con la que la pantalla pudiera confundirse o identificarse.

En otra palabras, la identificación jamás es una identificación para la consciencia sino una identificación para el pensamiento. No es la consciencia la que afirma: “yo soy el cuerpo-mente”; es el pensamiento el que afirma: “la consciencia comparte los límites y el destino del cuerpo-mente”. Y con este único pensamiento la consciencia parece adquirir las limitaciones y el destino del cuerpo y la mente, y así es como nace el aparente yo separado, ha nacido del pensamiento y después se sustancia en el cuerpo en tanto que sentimientos; pero no hay ningún momento en el que la consciencia se convierta en una entidad, en un ser limitado y separado. El yo separado es una ilusión hecha de pensamiento y sentimiento.

En otras palabras, el yo separado es sólo un yo separado desde el punto de vista imaginario del yo separado. Un personaje en la película sólo es un personaje real desde el punto de vista del personaje en la película. Y de la misma manera como la pantalla no sabe nada de un personaje separado u objeto separado, la consciencia no sabe nada de un yo separado interno o de un mundo separado externo. Es por eso por lo que Ramana Maharshi dijo: “el pensamiento yo es la madre del mundo”. La creencia de que la presencia consciente comparte los límites y el destino del cuerpo-mente crea la ilusión de un yo separado interior, y el mundo externo y separado viene a la existencia como inevitable colorario de esa creencia.

En otras palabras, el yo interno y el mundo externo separados son tales para el pensamiento y no para la consciencia; en otras palabras, no para tu ser, tu yo.

Irónicamente cuando ese yo interno vaga por el mundo externo todo lo que verdaderamente está buscando es la comprensión de la que estamos hablando aquí. En otras palabras, todo lo que está buscando es la disolución de esa distinción entre sujeto y objeto; y eso es la búsqueda del amor. El anhelo de la disolución del yo interior y el mundo exterior.

¿Cómo sabe el yo interior qué es lo que tiene que buscar? Es porque esencialmente está hecho de aquella sustancia, de aquello que busca.

El ser separado es el verdadero y único ser de la presencia consciente más un imaginario límite. En otras palabras, el conocer con el que el ser separado conoce su experiencia pertenece a la consciencia eterna e infinita, de la misma manera como la luna brilla con la luz del sol. El conocer con el que el yo separado conoce su experiencia no pertenece ni al cuerpo ni a la mente, pertenece a la presencia consciente, de la misma manera como la luz con la que la luna ilumina los objetos pertenece al sol y no a la luna misma.

Ramana Maharshi dijo: “Cuando el Yo es despojado del yo sólo el Yo permanece”. Cuando el único y verdadero Yo de la eterna e ilimitada presencia consciente, es despojado del pensamiento “yo separado” y el sentimiento “yo separado” permanece como siempre es: consciencia eterna e infinita. De la misma manera como cuando la pantalla es despojada de la película permanece como lo que es: la pantalla. No hay un yo separado real. El yo separado sólo es real desde el punto de vista ilusorio del yo separado. Cuando el Yo, el Ser, es despojado de todos los pensamientos y sentimientos de separación permanece como siempre es: el Ser eterno e infinito de la presencia consciente, y ése es tu ser, tu yo, justo ahora, justo aquí.