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Artículos - J. Krishnamurti (1959)

El mundo es el individuo

Por J. Krishnamurti

"Usted y el mundo no son dos entidades diferentes. Usted es el mundo, no como un ideal sino de hecho... Como el mundo es usted mismo, al transformarse usted produce una transformación en la sociedad... Un hombre no puede cambiar el mundo, pero ustedes y yo podemos cambiar el mundo juntos..." – Krishnamurti

J. Krishnamurti

Esta tarde me gustaría sugerir que hablemos del cambio y de la revolución; pero, antes de entrar en ello, creo que es muy importante entender la relación del individuo con la sociedad. En primer lugar, debemos comprender que los problemas del individuo, sus aflicciones y luchas, son también los problemas del mundo. El mundo es el individuo, el individuo no es diferente de la sociedad en la que vive. Por esa razón, sin una transformación radical del individuo, la sociedad se convierte en una carga, en una irresponsable continuidad en la que el individuo no es más que una pieza del engranaje.

Existe una fuerte tendencia a pensar que el individuo tiene muy poca trascendencia en la sociedad moderna actual y que la sociedad debe hacer todo lo posible para controlar al individuo moldeando su pensamiento a través de restricciones, de propaganda y de los diversos medios de comunicación de masas. El individuo mismo se pregunta qué puede hacer en esa sociedad tan opresiva que se le viene encima como el peso de una montaña y hace que se sienta prácticamente impotente. Al tener que afrontar esa cantidad de dificultades, deterioro, guerra, hambre y desdicha, el individuo, como es natural, se pregunta: «¿Qué puedo hacer?». Creo que la respuesta es que no puede hacer nada, lo cual es un hecho obvio, porque no puede impedir las guerras, no puede hacer mucho contra el hambre, no puede detener el fanatismo religioso o el proceso histórico del nacionalismo y todos sus conflictos.

Por eso, formular semejante pregunta es básicamente una equivocación. La responsabilidad del individuo no es ante la sociedad, sino consigo mismo, y si realmente es responsable consigo mismo, entonces actuará respecto a la sociedad, pero no a la inversa. Es evidente que el individuo no puede hacer mucho por la confusión social; sin embargo, en el momento que empieza a aclarar su propia confusión, su propia contradicción interna, su violencia y sus miedos, entonces ese individuo adquiere una importancia extraordinaria en la sociedad. Creo que muy pocos nos damos cuenta de esto. Cuando vemos que no podemos hacer nada a escala mundial, curiosamente dejamos de actuar, lo cual en realidad es un escape para no actuar en uno mismo y producir ese cambio radical.

Por tanto, les estoy hablando como un individuo que habla con otro, no estamos comunicándonos como indios, americanos, rusos o chinos, ni como miembros de ningún grupo particular, estamos hablando de las cosas como dos seres humanos, no como un profano y un experto en la materia. Si esto está claro, podemos continuar.

Es obvio que el individuo tiene una enorme importancia en la sociedad, porque sólo el individuo, no la masa, es capaz de una actividad creativa; seguidamente explicaré lo que quiero decir con la palabra creativa. Si realmente se dan cuenta de este hecho, entonces también se darán cuenta de que todo lo que son internamente tiene mucha importancia. Su capacidad de pensar, de actuar como un todo y con una integridad en la que no cabe ninguna contradicción interna tiene una tremenda trascendencia.

Si vemos la necesidad de un verdadero cambio en el mundo, y debe darse ese cambio verdadero, entonces usted y yo como individuos debemos transformarnos a nosotros mismos, porque a menos que se dé un cambio radical en cada uno de nosotros, la vida se convierte en una interminable imitación que finalmente conduce a la monotonía, a la frustración y a la desesperanza.

Ahora bien, ¿qué entendemos por cambio? Es evidente que un cambio forzado no es cambio en absoluto, si uno cambia porque la sociedad le obliga a cambiar eso es una simple adaptación por conveniencia, eso implica aceptar algo que surge de la presión y del miedo.

La mayoría sólo cambiamos por obligación, por temor, por alguna clase de recompensa o castigo. En el terreno psicológico, ese es un hecho real, y cuando nos vemos forzados a cambiar, sólo modificamos lo externo, pero interiormente seguimos igual. Puede que cambie debido a la presión familiar y la de la sociedad en que vivimos, o porque el gobierno nos obliga a actuar de cierta manera, pero eso sólo es una simple adaptación, no es un cambio, porque sigo siendo codicioso, envidioso, ambicioso, frustrado, sufro, tengo miedo, y aunque en lo externo me he amoldado a un determinado patrón, en lo interno no se ha dado un cambio radical. Entonces, ¿es posible que yo, como ser humano, viva en un estado de cambio constante, de revolución, que no sea el resultado de ninguna imposición, promesa o recompensa?

Es indudable que cualquier cosa que uno hace por imposición, miedo, imitación o recompensa, sigue dentro del campo del tiempo y eso crea hábito. Hacemos lo mismo una y otra vez hasta crear un hábito, y este hábito pertenece al campo del tiempo; por tanto, dentro de este campo del tiempo no puede haber ningún cambio real, ninguna revolución, lo único que se da es adaptación, conformismo, imitación y hábito. Cambiar significa percibir o darse plena cuenta de todo lo que implica la imitación, el conformismo, y entonces esta percepción total libera a la mente para que cambie radicalmente. Sólo estoy haciendo una pequeña introducción para que podamos reflexionar juntos sobre este tema.

Como decía, ningún tipo de cambio forzado es cambio, lo cual creo que es bastante obvio. Si obliga a su hijo a que haga algo, seguramente lo hará por temor y no por comprensión, no comprenderá lo que eso significa. Cuando la acción nace del miedo, en lo externo puede parecer cambio, pero de hecho no es así.

Ahora bien, vamos a investigar si es posible comprender y liberar a la mente del miedo de manera que se dé un cambio sin esfuerzo. Todo esfuerzo por cambiar implica cierto aliciente , ¿no es así? Si me esfuerzo por cambiar es para conseguir algo, para evitar o para ser algo, por tanto, eso no es un cambio radical. Creo que cada uno de nosotros debe comprender este hecho muy claramente para que ese cambio fundamental pueda darse.

Cuando tenemos una posición acomodada y un buen trabajo, cuando gozamos de cierta prosperidad, la mayoría nos sentimos satisfechos y no queremos que nada cambie, queremos que todo siga igual. Hemos caído en ese hábito, en esa cómoda rutina, y queremos seguir en ese estado limitado eternamente. Pero el movimiento de la vida no funciona así, la vida no cesa de golpear y destruye todas las murallas de seguridad que levantamos a nuestro alrededor. Nuestro deseo de estar a salvo en todo momento, tanto psicológica como físicamente, es desafiado constantemente por el movimiento de la vida, que como un mar agitado golpea incansable la playa. Nada puede detener ese golpear por mucho que uno se aferre a su seguridad interna, la vida no permite que sea así. De manera que hay una contradicción entre el movimiento de la vida y nuestro deseo de seguridad, y de ahí precisamente nacen todos los miedos.

Si somos capaces de comprender el miedo, tal vez en ese mismo proceso de comprensión el miedo termine y, por tanto, pueda darse un cambio fundamental sin esfuerzo alguno...

Nueva Delhi, cuarta charla (extracto), 18 de febrero de 1959
Obras completas, tomo XI