Ruta de Sección: Inicio > Charlas > El Atman

Artículos - Swami Vivekananda

El Atman

por Swami Vivekananda
Swami Vivekananda

Los vedantistas opinan que existe una materia primordial, indiferenciada, raíz de todas las substancias materiales, a que llaman akasha, así como una energía primordial, llamada prana, de la que son modalidades todas las energías operantes en el universo. El prana pone en vibración el akasha y así se origina el universo que al disolverse retorna todas sus variedades de materia a la indiferenciada akasha.

Todas las fuerzas de la Naturaleza, la gravitación, la afinidad, la cohesión, la electricidad, la luz, el magnetismo, el pensamiento y la fuerza nerviosa se resuelven al final de un universo en la energía primordial, en la prana, que entonces cesa de vibrar y en este estado de inacción permanece hasta que comienza el nuevo ciclo.

La escuela dualista cree en un Dios personal, creador y gobernador del universo e independiente del universo y del hombre. La personalidad de Dios no significa que tenga cuerpo humano, sino que es una Entidad espiritual con los atributos de misericordia, justicia, sabiduría, omnipotencia, digno de alabanza, adoración y amor y amador de quienes le aman.

Es Dios según los dualistas la suma Bondad, la infalible Verdad y la eterna Belleza. La materia es coeterna con Dios a quien le sirve para construir el universo. Hay dualistas llamados atomistas, para quienes la materia es una reunión de infinidad de átomos sobre los cuales ejerce Dios su voluntad para crear.

Pero los vedantistas rechazan de plano por ilógica la teoría atómica, diciendo que los indivisibles átomos son como puntos geométricos sin partes ni tamaño que aunque se multiplicaran infinito número de veces quedarían siempre los mismos, pues lo que carece de partes no puede constituir algo que las tenga ni un infinito número de ceros llegarían a formar una unidad.

Por lo tanto, si los átomos carecen de partes y de dimensiones no es posible que con ellos construya Dios el universo. Así es que los dualistas vedantinos afirman que Dios crea el universo valiéndose de la materia homogénea e indiferenciada. La inmensa mayoría de los hinduistas son dualistas, porque su ordinaria mentalidad es incapaz de concebir algo superior al dualismo.

También vemos que el cristianismo, el judaísmo y el islamismo son dualistas, y han de serlo en consideración a que el noventa por ciento de la humanidad no concibe las abstracciones y necesita plasmar concretamente las ideas y colocarlas en el nivel mental en que ellos se hallan. Así creen en un Dios completamente separado de ellos, como si fuese un poderoso monarca con su corte y trono en el cielo, al que atribuyen en infinito grado todas las buenas cualidades sin sombra de vicio ni mal.

La primera objeción levantada contra la teoría dualista es que cómo se armoniza con la justicia y la misericordia y la infinita bondad de Dios la existencia de tantos males en el mundo. Las religiones dualistas han tenido que inventar al demonio para explicar la existencia del mal; pero los hinduistas dicen unánimemente que el hombre tiene la culpa de que exista el mal en el mundo, porque creen en las leyes de la reencarnación y el karma, y saben que cada cual es el resultado de sus obras pasadas y será mañana el resultado de sus obras presentes. Vemos que en esta vida cada día modelamos lo que ha de ser para nosotros el día siguiente; y si nuestras acciones son la fragua en que se forja nuestro futuro destino, lógico es inferir que también cabe aplicar el mismo razonamiento al pasado. Si en una cadena sin fin se repite una misma serie de eslabones, bastará analizar una sola serie para conocer toda la cadena.

De la propia suerte, si en la infinita longitud del tiempo, podemos desglosar una porción y comprenderla, como quiera que las leyes de la Naturaleza rigen igualmente en todos los planos, podrá aplicarse la misma comprensión a toda la cadena del tiempo. Si durante una corta vida terrena estamos labrando nuestro destino y si todo según ahora lo vemos ha de tener una causa, resulta que lo que actualmente somos ha de ser efecto de nuestro pasado; y por lo tanto, cada cual labra sin cooperación ajena y por virtud de la voluntad su propio destino.

El hombre y sólo el hombre es el autor de los males del mundo, y así como vemos que de las malas acciones deriva el mal, cabe inferir que el mal existente es producto de las malas acciones pasadas. Según esta teoría, sólo el hombre y no Dios es el responsable del mal. Nosotros cosechamos lo que sembramos.

Otra doctrina propia de los dualistas es que cada alma ha de lograr eventualmente la salvación. Nadie quedará eternamente condenado. Por muchas vicisitudes que experimente y por acerbos que sean sus sufrimientos, todo ser humano alcanzará la perfección equivalente a la salvación de la rueda de muertes y nacimientos, es decir, que no habrán de volver ya necesariamente a este mundo.

Según los dualistas, más allá del mundo terreno hay otro mundo de paz, felicidad, lleno de todos los bienes sin mezcla de mal alguno, en donde el alma ya no está obligada a reencarnar en la tierra porque aprendió cuantas lecciones podía darle la escuela experimental de las vidas terrenas. En ese mundo ultraterreno ya no hay aflicción ni enfermedades ni muerte sino eterna felicidad en presencia de Dios, de cuya visión gozarán sempiternamente.

Creen los dualistas que todos los seres vivientes han de alcanzar la suprema bienaventuranza al término de su evolución, pasando del reino mineral al vegetal, del vegetal al animal y del animal al humano para llegar al suprahumano. […] Los dualistas tienen mucha confianza en Dios y dicen que los hijos, los bienes terrenos y cuanto poseen pertenece a Dios.

Por otra parte, los hinduistas dualistas son vegetarianos, enemigos acérrimos de la vivisección y del sacrificio de animales, pues tienen por una de sus normas el respeto a todo ser viviente, aunque su punto de mira sobre el particular no es el mismo que el de los budistas. Si se le pregunta a un budista por qué se opone a la matanza e inmolación de animales, nos responderá que nadie tiene el derecho de quitar una vida que no ha dado; pero si le hacemos la misma pregunta a un dualista, responderá que porque toda vida pertenece a Dios.

Cuando el hombre llega al punto en que ha desechado las ideas de "tuyo y mío", en que todo lo entrega a Dios, y ama a todos los seres hasta el extremo de sacrificar su vida en beneficio de un animal, y hace cuanto hace sin deseo ni esperanza de recompensa, vibrará en su purificado corazón el amor de Dios.

Para los dualistas es Dios el centro de atracción de las almas, y dicen: "El imán no atraerá una aguja recubierta de arcilla, pero la atraerá en cuanto se la despoje de la arcilla."

Dios es el imán, el alma humana la aguja, y las malas acciones son la arcilla. Tan pronto como se purifica el alma, o mejor dicho, en cuanto manifiesta su pureza, pues de por sí es pura, queda atraída por Dios y unida a Dios tan íntimamente como la aguja se une con el imán, pero distinta de Él, como distinta es la aguja del imán a pesar de su íntima unión. Cuando el ser humano alcanza la perfección puede asumir cualquier forma y domina todas las fuerzas de la Naturaleza excepto la de creación y gobernación del universo que pertenece exclusivamente a Dios.

El dualismo hinduista no admite la idea de impetrar de Dios beneficios materiales, sino que estas cosas se han de pedir en todo caso a los seres intermediarios entre Dios y el hombre, como son los devas, ángeles y santos. Según los dualistas; a Dios se le ha de amar con desinteresada devoción, y les parece blasfemia pedirle tal o cual cosa de las pertenecientes a la vida terrena, pues tarde o temprano recibirá cuanto necesite si lo pide devotamente a los dioses subalternos; pero a Dios sólo le ha de pedir la salvación. Tal es la religión de las masas populares de la India.

Siguen a los dualistas los no-dualistas calificados, quienes afirman que el efecto no es esencialmente diferente de la causa; que el efecto es una modalidad de la causa. Por lo tanto, si el universo es el efecto y Dios la causa, debe ser el universo la manifestación de Dios, ha de ser el mismo Dios en otro aspecto.

Así afirman los no-dualistas calificados que Dios es a la par la causa eficiente y material del universo; que es el Creador y el material cuya proyección formó el universo. El concepto que en los idiomas europeos expresa la palabra "creación" no tiene equivalente en sánscrito, porque ninguna secta religiosa ni escuela filosófica de la India admite la creación en el sentido de producir algo de nada.

Los hinduistas entienden por creación la proyección o emanación de algo ya existente. Dicen los Vedas: "Así como la araña teje la tela de su propia substancia, así el universo surgió del seno de aquel Ser."

Sin embargo, se nos ofrece una objeción. Si el efecto es la causa reproducida ¿cómo puede ser inteligente, ciega e insensible la materia constituyente del universo si esta materia emanó de Dios que no es material sino la suprema y eterna inteligencia? ¿Cómo si la causa es pura y perfecta puede ser el efecto de todo punto diferente?

Los no-dualistas calificados responden diciendo que Dios, el universo y el alma son tres existencias de una misma esencia. Dios es el Alma, y el universo y las almas individuales son como si dijéramos el cuerpo de Dios. Así como el hombre es un alma encarnada en un cuerpo, así Dios, el Alma suprema tiene por cuerpo el universo y las almas individuales.

Dios es la causa material del universo. El cuerpo puede cambiar, ser joven o viejo, robusto o débil, pero estos cambios no afectan en modo alguno al alma, que es la eterna existencia manifestada por medio del cuerpo.

Los cuerpos nacen, crecen, decaen, mueren y se renuevan, pero el alma es inmutable. Así el universo es el cuerpo de Dios y en este sentido es Dios; pero los cambios del universo no afectan a Dios. De la substancia emanada o proyectada de Sí mismo, construye el universo por gradual condensación de lo sutil en lo denso, y al término de un ciclo, se invierte el proceso, lo denso retorna a su prístino grado de sutilidad y al comienzo de otro ciclo surge un nuevo universo. Tanto los dualistas como los no-dualistas calificados admiten que el alma es esencialmente pura, pero que las malas acciones la mancillan.

Sin embargo, los no-dualistas calificados expresan mejor el concepto de la esencial pureza del alma, diciendo que su pureza y perfección están contraídas, como la fuerza elástica en un muelle oprimido, y que al infundirse en un cuerpo, se esfuerza el alma en volver a manifestarse tal cual es.

Según los no-dualistas calificados, el alma posee infinidad de cualidades, pero no la omnipotencia ni la omnisciencia. Toda mala acción contrae la naturaleza del alma y toda buena acción la dilata, y las almas son porciones de Dios.

Dicen los textos: "Como de una hoguera brotan millones de chispas de la misma naturaleza, así emanan las almas del seno del infinito Dios."

También es individual el Dios de los no-dualistas calificados, el repositorio de infinito número de buenas cualidades. Está en todas partes y en todas las cosas por esencia, presencia y potencia; y cuando las Escrituras dicen que Dios lo es todo, significan que lo interpenetra todo; no que Dios sea una piedra, una pared, sino que está en la piedra y en la pared. No hay en el universo ni un átomo que no esté interpenetrado por la energía de Dios.

Las almas están limitadas; no son omnipresentes. Cuando llegan a la manifestación de todos sus poderes, ya no han de reencarnar, ya no hay para ellas nacimiento ni muerte, y viven eternamente con Dios.

Por último, aparece el no-dualismo puro, el advaitismo (1), la más hermosa flor de la filosofía y la religión que ha conocido el mundo, en el que el pensamiento humano llega a su máxima expresión, y aun trasciende el misterio que parecía impenetrable.

El no-dualismo puro es demasiado abstruso para servir de religión a la mayoría de la humanidad, y ni aun en India, donde durante tres mil años prevaleció entre los pensadores, no ha podido difundirse entre las masas, pues verdaderamente es un sistema de difícil comprensión hasta para personas de talento, porque nos hemos acostumbrado a buscar extraño apoyo y deseamos una religión que se acomode a nuestro rutinario temperamento.

Los advaitistas afirman que Dios es a la par la causa eficiente y material del universo. Es el Creador y lo creado. Es el universo. ¿Cómo es posible que Dios, puro espíritu, se haya convertido en el universo? Se ha de tener en cuenta que lo que las gentes ignorantes llaman el universo, y cuanto vemos en nuestro rededor y también nuestros cuerpos no tienen existencia real, pues no hay más que una sola y absoluta existencia, la del infinito Ser; y en ella soñamos todos nuestros sueños.

Es el Atman, el Infinito, que trasciende lo conocido y lo cognoscible y en quién y por quien vemos el universo. Es la única Realidad que en mayor o menor grado se manifiesta en todas las formas y nombres y no tiene sexo porque el sexo pertenece al mundo de la relatividad. Quienes viven esclavos de la ilusión distinguen entre hombres y mujeres, entre razas y nacionalidades, pero quien ha vencido la ilusión sólo ve en el ser humano la manifestación de Dios.

En todos los seres y en todas las cosas reside el Atman, el puro y siempre bienaventurado Ser, sin sexo ni forma ni nombre, porque la forma, el nombre y el cuerpo son materiales y determinan la diferenciación. Si prescindimos de los nombres y de las formas, queda tan sólo la esencia y se unifica el universo.

¿Cómo conocer al conocedor? No se le puede conocer. ¿Cómo ver a nuestro verdadero Ser? Sólo por introversión, por reflejo sobre Sí mismo. Así el universo es el reflejo del único y eterno Ser, de Atman, y según caiga el reflejo en buenos o malos reflectores, así será bueno o malo el reflejo que produzca. En el asesino es malo el reflector, pero no el Ser. En el santo es puro el reflector. El Ser, el Atman, es puro por su propia naturaleza. Es la única Realidad que se refleja en todos los seres.

El conjunto del universo es la Unidad física, mental, moral y espiritual. Vemos esta Unidad en diferentes formas, y al ser que está limitado en la condición de hombre, le parece dicha Unidad el mundo del hombre, y al que está en superior nivel, le parece un cielo. El universo sólo tiene un Alma que no nace ni muere ni reencarna, y así el alma humana esencialmente una con Dios, el alma del universo es eterna.

El advaitismo destrona a todos los dioses que forjaron la imaginación, el temor o la fantasía de las gentes ignorantes y ha colocado en su trono al Ser del hombre, al Atman más alto que los soles. No hay libro ni escritura capaz de describir el esplendor del Ser que se manifiesta como hombre, el Dios más glorioso que ha existido, existe y existirá. Así dice el advaitista que adora a su propio Yo, y que sólo de su propio Yo, de su verdadero ser impenetra auxilio, porque nadie sino su Yo le podrá ayudar, pues su Yo es uno con todos los demás Yos y con la única Realidad.

De la propia suerte, después de buscar el hombre en vano ayuda y amparo y auxilio en dioses externos, vuelve al punto de partida, a su verdadero ser, en donde encuentra al Dios que andaba buscando por montes y valles, en pagodas y mezquitas, en capillas e iglesias, al Dios que imaginaba sentado en un trono de gloria en los cielos.

Pero, ¿cómo es posible que si el verdadero ser del hombre es él mismo, Dios se haya alucinado hasta el punto de no conocerse a sí mismo? Pero no hay tal ilusión ni desconocimiento sino eclipse temporáneo de la luz. Así como el sol en realidad nunca se eclipsa ni debilita su luz aunque lo parezca cuando se interponen las nubes, y en cuanto las nubes se disipan o se apartan vuelve a refulgir el sol, pues no está la nube en el sol sino delante del sol, así tampoco se eclipsa la luz de Atman ni está en él la ilusión, sino que en cuanto se desvanece la ilusión se reconoce a sí mismo Atman.

Quien conoce la verdad alcanza en aquel mismo momento la liberación. Las tinieblas se disipan. Cuando el hombre ha reconocido su esencial identidad con el infinito Ser del universo, cuando ha cesado toda separación, cuando todos los seres se han identificado con la absoluta Unidad se desvanece todo temor y pierde toda su virulencia la aflicción. Ya no hay celos ni envidias ni odios ni enemistades, porque ¿cómo puedo envidiar ni odiar ni enemistarme ni dañar ni temer ni afligir a otro sin afligir, temer, dañar, enemistarme, odiar y envidiar a mí mismo, puesto que todos somos uno y el mismo?

"De perenne paz goza quien en este mundo de multiplicidad ve al único Ser; que en esta masa insensible ve al único Ser senciente; que en este mundo de sombras vislumbra la única Realidad."

El dualismo, el no-dualismo calificado y el no-dualismo puro son las tres etapas del pensamiento religioso de la India en su camino hacia el conocimiento de Dios.

La primera etapa es en la que el hombre cree en un Dios individual y extracósmico. La segunda es en la que ya ve a Dios inmanente en el universo. La tercera y última etapa es en la que ve a Dios en lo íntimo de su verdadero ser y lo identifica en una sola y única Realidad. Esta es la última palabra de los Vedas que principian con el dualismo, siguen con el no-dualismo calificado y terminan con el no-dualismo puro o advaitismo.

Sabemos cuán pocos hay en el mundo capaces de comprender y aceptar el no-dualismo y muchos menos los que una vez comprendido intelectualmente se resuelven a practicarlo. Sin embargo, estoy convencido de que el no-dualismo entraña toda la ética, toda la moral, toda la justicia y toda la bondad y espiritualidad del mundo de los hombres.

¿Qué significa amar al prójimo como a sí mismo si el prójimo no es esencialmente idéntico a uno mismo? ¿Por qué todos los grandes instructores han predicado la fraternidad humana y los mayores de entre ellos exhortaron a la práctica de la solidaridad de todos los seres vivientes? Porque consciente o inconscientemente, tras todas las absurdas y personales supersticiones, atisbaba la eterna luz del verdadero Ser y afirmaba la unidad esencial del universo, que es materia para los sentidos, almas para la inteligencia y Dios para el espíritu.

Al hombre que arroja sobre sí los velos de la ilusión del mal le parecerá este mundo un horrible lugar; al que ama y goza de los placeres de los sentidos le parecerá un cielo; mas el hombre perfecto lo identificará con su propio ser.

Tal como la humanidad existe actualmente, en la etapa de evolución por la que está pasando, las tres etapas que dejamos explicadas son necesarias, y no se contradicen aunque a primera vista lo parezca, pues cada una es el complemento o ampliación de la que le precede.

El no-dualista calificado y el no-dualista puro no dicen que el dualismo sea perjudicial, sino que es un punto de vista, un concepto inferior, perfectamente acomodado a la mentalidad de quienes lo aceptan y profesan. Es un paso adelante en el camino hacia la verdad; y por tanto, no se ha de perturbar a quienes tengan tal concepto de Dios, del universo y del hombre.

Lo único que nos cabe hacer si estamos convencidos del no-dualismo, es considerar a los demás en el punto en que cada cual se halle y si a ello se presta por su anhelo de más amplio conocimiento, tenderle una mano auxiliadora para elevarlo a superior nivel, pues tarde o temprano, todos hemos de alcanzar la Verdad.

"Cuando están vencidos todos los deseos del corazón, lo mortal se vuelve inmortalidad." – entonces el hombre se vuelve Dios.

( De una conferencia dada en los Estados Unidos de América )
Notas:
  1. Del sánscrito Advaita [a-dvaita = no-dualidad], el Uno sin segundo.
Fuente: Swami Vivekananda - Jnana Yoga (Cap. XIV)