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La simplicidad del asombro

por Alice Gardner
Alice Gardner

Una de las cosas que hace nuestra mente constantemente es darse cuenta de lo que es suficientemente importante, o no, para nosotros. Si nuestra percepción no discriminara, estaríamos agobiados por el exceso de información, así que nuestras mentes están habituadas a ayudarnos a separar el grano de la paja, de modo que nos demos cuenta de lo que es importante y obviemos el resto.

El problema con todo este sistema es que la mente (si está dirigiendo el espectáculo) cree que sólo las cosas que suponen una amenaza importan y no así las cosas que permanecen sin cambio. Todo lo que cambia, se mueve y contiene drama capta nuestra atención, mientras que la simple e inmóvil naturaleza verdadera de las personas y las cosas a nuestro alrededor no se consideran dignas de atención. La mente está tratando de ayudar, pero sin la influencia de nuestro verdadero Ser, no es de extrañar que tengamos dificultades para mantener la calma.

Si nos damos cuenta de cómo funciona este proceso, vamos por buen camino para abrir nuestra percepción de su estrechez habitual. Ahora podemos poner parte de nuestra atención de manera intencionada sobre eso que no cambia, incluso en el caso de que la mente esté irritada por algo. Entonces estamos abiertos a la increíble paz que es irradiada desde ese mundo que realmente está ahí detrás del pensamiento.

Asombrarse es la mejor palabra que se me ocurre para describir la forma de percibir el mundo que hay detrás del pensamiento ― el mundo tal y como es antes de que sea pensado. Conocer el mundo con asombro es volverse como un niño pequeño. Esa es la forma en que un niño percibe las cosas por primera vez. Con los ojos del asombro vemos sin ideas preconcebidas que harían que dejáramos de notar lo que hay ahí (y solo nos relacionaríamos con las cosas de acuerdo a la etiqueta que les hemos dado). Sin pretender que lo sabemos todo sobre lo que vemos. Simplemente vemos. Simplemente sentimos. Solo conocemos y somos conocidos simple y directamente.

Esta es una experiencia de absoluta simplicidad. Es una experiencia de solo estar Aquí y lo que sea que estemos percibiendo Aquí también. Cuando miramos a nuestro alrededor, percibimos el mundo tal y como es, sin etiquetarlo, compararlo, o decidir si nos gusta o no tal como es. Conocemos la simple copa de la que bebemos, el ordenador frente a nosotros, o el árbol ahí afuera junto a la ventana con el asombro de estar abiertos a lo que son, a lo que está ahí simplemente estando ahí con ellos. Nos conocemos a nosotros mismos de la misma manera. Dejamos que todo esté aquí con nosotros, tal como es, y permitimos que el mundo basado en nuestros pensamientos, envuelto con nuestros puntos de vista, se vuelva algo apenas digno de ser notado.