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Artículos - Alice Gardner (2007)

El despertar espiritual en un mundo complejo

por Alice Gardner
Alice Gardner

Despertar es una palabra frecuentemente utilizada, y tiene muchos significados incluyendo lo que hacemos cada mañana después de que hemos dormido. Cuando despertamos por la mañana lo hacemos sin esfuerzo, simplemente ocurre. Nos despertamos debido al ruido, o sencillamente porque hemos dormido lo suficiente. Esta es una maravillosa metáfora para el despertar espiritual.

El despertar espiritual viene a nosotros no como un efecto lineal de nuestros esfuerzos por seguir nuestra religión, por tratar de ser el tipo correcto de persona o por tratar de estar espiritualmente despiertos. Todo esto es, en cierto modo, una extensión de nuestros sueños. El despertar espiritual puede llegar tan fácilmente a nosotros gracias al ruido de un mundo perturbador o simplemente por haber estado dormidos lo suficiente en nuestros sueños de separación y sufrimiento. Al despertar descubrimos que antes y después de lo que ha sido el contenido de nuestro sueño, lo que siempre hemos sido es algo que esta mucho más allá de nuestra previa imaginación.

Vamos a examinar lo que podría significar ese ruido perturbador que nos conduciría hacia el despertar espiritual. ¿Podría ser el tipo de ruido que viene de dentro de nuestros propios seres ― de nuestros corazones sintiéndose insatisfechos con nuestras vidas actuales? ¿Podría venir de nuestra renuencia a conformarnos con las satisfacciones poco profundas del mundo material ― del inquietante discernimiento de que estamos aquí para un propósito más elevado? ¿Podría venir de un anhelo de satisfacer eso? Este es el tipo de ruido que aumenta cuando escuchamos las noticias de cada día sobre los acontecimientos actuales en el mundo. Frecuentemente nos sentimos tan profundamente perturbados por las particularidades de la condición humana y los problemas críticos de la vida moderna. ¿Cómo podemos aceptar este mundo tal y como es? ¿Cómo podemos resolver sus problemas con ecuanimidad y compasión?

Hay una declaración de los Ancianos Hopi que ha circulado durante mucho tiempo que termina con la revelación "Nosotros somos aquellos a los que hemos estado esperando". Nos dicen en términos inequívocos que nuestra generación actual es la que marcará la diferencia en el mundo y que ya no podemos buscar en el futuro la resolución de nuestros anhelos espirituales. Al mirar al mundo y ver cómo es actualmente, nos preguntamos, ¡¿cómo podría ser eso cierto?! ¡Tiene sentido si consideramos el ruido de la situación mundial como una fuerza despertadora! ¡Este ruido es tan eficaz como si nuestro vecino hubiera puesto su música favorita a todo volumen a las 5 de la mañana!

Por lo general, cuando reflexionamos sobre los incomprensibles problemas del siglo XXI, por costumbre queremos tratar de arreglar las cosas externamente. Queremos alimentar a los hambrientos, curar a los enfermos y corregir los errores en el mundo exterior y a una escala masiva, si es posible. ¡Pero entonces nos damos cuenta de lo que se ha logrado haciendo eso a través de pasados esfuerzos! La gente se las arregla para hacer algo bueno, pero jamás llega hasta la raíz de los problemas que parece estar en algún lugar en el núcleo de la naturaleza humana. También muchas veces podemos ver que nuestra solución a un problema simplemente conduce directamente al siguiente problema que necesita ser resuelto. Tomemos como ejemplo la invención de armas defensivas cada vez mejores para protegernos a nosotros mismos o la maravillosa capacidad de calentar nuestros hogares con combustibles fósiles.

Arreglar las cosas externamente es un hábito muy bien establecido a la hora de lidiar con nuestros problemas que proviene de una postura en la vida centrada en la mente (ego-céntrica). Nuestro sentido de quiénes somos basado en el pensamiento hace que solo consideremos soluciones a nivel superficial para problemas mundiales que en realidad son mucho más profundos. Los problemas que nos presenta nuestro mundo se pueden satisfacer más eficazmente en el nivel de su origen, por debajo de la superficie. Podemos mirar hacia lo que llama nuestra atención acerca de nosotros mismos. Cada perturbación de nuestra paz mental es un indicador hacia la resolución interna de algo que perturba nuestros propios corazones. De esta manera, los disturbios de la vida pueden ser vistos como una parte de la fuerza del despertar diseñados por la vida para eso. Abordar los asuntos del mundo (o los asuntos personales) internamente, de ninguna manera obstaculiza nuestra capacidad de ofrecer un servicio concreto cuando sea necesario (como dar de comer a los hambrientos). No es una cuestión de "lo uno o lo otro". Buscar internamente la resolución es simplemente añadir otra dimensión a la conciencia de nuestra situación, y esto abre las posibilidades de lo que pueda suceder.

Ccuando nos sentimos perturbados por algún dilema o problema o cuando nos enojamos por la forma como es el mundo, podemos ahora preguntar ― ¿en qué forma interna de ser me está pidiendo este problema que ponga mi atención? Seguimos el rastro de nuestra atención hacia dentro, accediendo a nuestras profundidades donde encontramos la totalidad de la naturaleza humana, no solo las partes que creemos que deberían estar allí. El rastro de nuestra atención nos lleva inevitablemente a las raíces de cualquier tendencia humana. Descubrimos que en nuestros corazones sabemos cómo llegó hasta aquí la situación que nos provocó ― porque es parte de lo que somos en ese lugar interior de unidad. Es una parte que nos hubiera gustado rechazar. Aquí podemos encontrar todo aquello que pensábamos que nos gustaría sentirnos enojados en la escena mundial. Los problemas mismos nos sirven para llevarnos a ser conscientes de esas partes en nosotros, y si estamos dispuestos, a la oportunidad de sentir lo que hay en nuestros propios corazones, detrás de la manifestación exterior en el mundo que fue lo que nos provocó. ¡Debemos sentir estas cosas para sanar sus formas externas! Si rechazamos las cosas externas con nuestra ira y juicio, y nos decimos que nosotros tenemos razón y que otros están equivocados, estamos reforzando solamente lo que rechazaríamos. Es solo sintiendo e incluyendo todas las cosas que previamente habríamos juzgado ―que es sentir e incluir todo de nosotros mismos― que nos liberamos de ellas.

A menudo, nuestras religiones y tradiciones espirituales nos han dicho que debemos perdonar. ¿Podría ser esto lo mismo? Tengo la sensación de que se trata de lo mismo en un sentido muy profundo. Llegamos a ser capaces de perdonar cuando encontramos la cosa o persona que necesita perdón en nuestros propios corazones, y nos encontramos allí con ella con compasión. ¡En última instancia, es cuestión de perdonarnos a nosotros mismos! En ese punto de conexión, descubrimos que perdonar a otros y perdonarnos a nosotros mismos es lo mismo. Todo aquello que encontramos difícil de perdonar en nuestra experiencia externa, está conectado directamente con una parte en la que nosotros mismos necesitamos atención y compasión. Intentar arreglar o cambiar el comportamiento externo de otras personas sin conectarnos internamente primero, nunca esperemos alcanzar la conexión profunda a través del corazón que nos ofrecen las oportunidades de las experiencias externas.

Nuestros juicios acerca de la visión limitada de nuestro mundo y de la mente están siendo superados. La realidad más amplia de lo que realmente somos es lo que el despertar espiritual trae a la vida. Cuando hemos dormido lo suficiente, naturalmente estamos listos para entrar en una nueva conciencia de nosotros mismos y de nuestro mundo. A menos que estemos dispuestos a observar complacientemente la contaminación, la violencia, la pobreza, el hambre, la injusticia y todo lo demás, nos sentimos motivados por la vida que está en nosotros para abordar esas cosas. No debemos pensar, sin embargo, que la actividad exterior es todo lo que podemos manejar, porque nuestra capacidad de cambiar el mundo exterior de la forma es muy limitada. Seguir el camino de la capacidad de respuesta interna puede ser mucho más poderoso que nuestras acciones externas de arreglar las cosas. A través del portal de la conectividad con nuestro mundo mediante nuestros propios corazones humanos, podemos relacionarnos íntimamente con cualquier problema que enfrentemos en nuestra experiencia de vida. Podemos encontrar las raíces de la perturbación que causan, en lo profundo de la fuente de nuestra propia humanidad, y encontrarnos con ellas allí en paz. Podemos llegar a un acuerdo con ellas dentro de nosotros mismos.

A medida que nos liberamos internamente, entonces actuamos externamente o no, como nuestra situación lo permita, y nuestras acciones entonces llevan una energía diferente. Nos hemos encontrado con el supuesto "enemigo" interiormente y ya no hay necesidad de que cargemos con la ira o la culpa como si fueran un palo para defendernos de nuestro enemigo externo. Ahora estamos en esto juntos, y ahora hay una manera diferente en la que nuestras acciones son aceptadas por aquellos que de otra manera se hubieran opuesto a nosotros.

Sin los procesos internos que fabrican el enemigo, no nos veremos confrontando enemigos externos ni con la necesidad de que cambien para que nosotros nos sintamos en paz. En vez de eso, nos daremos cuenta de que las personas que tienen diferentes ideas que las nuestras amplían nuestro sentido de ser, enseñándonos la magnitud del Uno que es lo que realmente somos. Todo está incluido en ese Uno. Nada está excluido. Aún seguiremos haciendo lo que podamos cuando una vía se abra para nosotros, pero lo hacemos con una energía nueva y unificadora, infundiendo vitalidad en nuestras acciones, y haciendo que todo a nuestro alrededor se mueva hacia el despertar a su propia manera y en su propio tiempo.